Responde Empresa Miguel Matamoros

El pasado 13 de agosto, Cándido Garzón Cobas, violinista de la Orquesta Unión Sanluisera y con 47 años dedicados a la música, denunció aquí que desde que el 5 de enero de 2015 solicitara su jubilación, Miladis Cobos Burgos, funcionaria de la Empresa Provincial Comercializadora de la Música y los Espectáculos Miguel Matamoros, de Santiago de Cuba, no le había atendido debidamente, al punto de que aún esperaba por el merecido descanso retribuido.

Ahora responde Sergio Recasens Linares, director de la Miguel Matamoros, que una comisión de la entidad revisó el expediente de jubilación de Cándido y las normas jurídicas que regulan lo concerniente a la Seguridad Social, el Código del Trabajo y el Decreto- Ley 312, Régimen Especial de la Seguridad Social para el Sector Artístico. E hizo las entrevistas correspondientes.

«Miladis Cobos, precisa Recasens Linares, no le dio al compañero Cándido Garzón Cobas la debida información sobre la tramitación y documentos a presentar para el expediente de jubilación». Hubo demora innecesaria, añade, entre enero y mayo de 2015, en la confección del expediente, y algunos documentos de este carecían de datos como fechas y el segundo apellido del solicitante.

«Todo lo anterior, apunta, responsabilidad de Miladis Cobos Burgos, además de la demora en el trámite, derivó en el maltrato a la persona de Cándido Garzón Cobas».

Concluye que «la queja se declara con lugar, y por consiguiente, en reunión extraordinaria del Consejo de Dirección con fecha 26 de agosto, se acordó aplicarle a Miladis Cobos Burgos la medida disciplinaria de traslado temporal a otra plaza de menor remuneración por seis meses, al amparo de lo establecido en el Artículo 149, inciso D, Ley 116, además de otras medidas organizativas y de control por la Subdirección de Recursos Humanos y la Dirección de la entidad, para evitar hechos de similar naturaleza».

Agradezco la pronta atención al caso. Y aunque no aparece en la respuesta, supongo que se solucionó la postergada jubilación de Cándido, como que la Empresa seguirá de cerca las tramitaciones por jubilación, para que ningún otro trabajador y artista sufra lo que él.

Pagar lo que no provocó y esperar el presupuesto

Marlenis Martínez (Independencia 325, Bloque F 2, entre 14 y 14A, reparto Cepero Bonilla, Cerro, La Habana) cuenta que el 28 de junio pasado llegaron a su casa Julia Ester Díaz, vicepresidenta del Gobierno Municipal para la Construcción, y otra funcionaria de allí llamada Maribel. Le pidieron que permitieran romper el piso de la vivienda para encontrar un registro de aguas albañales que supuestamente estaba debajo de las losas.

Marlenis accedió. Y al romper el piso la brigada correspondiente, solo encontró un vertedero tapado que nada tenía que ver con lo que buscaban. Dejaron siete losas  rotas, que no repusieron. Y destapado el vertedero.

Eso mismo hicieron en casa del vecino del fondo. Abrieron un hueco en el patio para pasar una manguera de alta presión por una tubería albañal que encontraron. Y partieron la tubería principal, dejaron el hueco abierto y se retiraron. Así, sencillamente.

Al mes, comenzó a brotar agua con fetidez. Y los vecinos se percataron de que en la pared que divide las dos casas había un gran hoyo. Todo ello vertía aguas albañales. Ante el temor de que se derrumbara el piso, Marlenis se mudó para el domicilio de su padre. Y días después se desprendió toda la tierra que sostenía una parte del piso, creando una gran piscina de aguas albañales.

Marlenis fue a Aguas Negras a solicitar sus servicios. Allí le dijeron que debía presentarse en las oficinas comerciales y hacer un contrato pagado por ella, para que le hicieran el trabajo.

«¿Qué contrato debo pagar yo por algo que no ocasioné?, pregunta Marlenis. El desastre lo hizo la brigada que mandó el Poder Popular del Cerro».

Marlenis fue al Poder Popular municipal, y Maribel le informó que no tenía que ver con eso, que fuera a la Empresa Constructora de Administración Local (ECAL). Allí le dijeron que la gestión la debía hacer con la Presidenta de su Consejo Popular y el Gobierno municipal.

Marlenis volvió al Poder Popular, donde le comunicaron que el caso está discutido a todos los niveles, pero ella debe esperar a que el Gobierno apruebe el presupuesto para un cambio de línea. «El caso es que en mi casa no se puede estar por el mal olor, y porque se puede venir abajo la pared», alerta angustiada.

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