Sancionan en farmacias por desatención

Obstaculizarle a un paciente el acceso a un medicamento cuando lo necesita es algo reprobable en nuestro sistema de salud. Bien lo sabe Teresa Ramos, quien el pasado 30 de julio denunciaba aquí las dificultades constantes para adquirir la levomepromazina que la psiquiatra le había recetado a su madre.

Contaba Teresa que luego de ir varias veces a la farmacia más cercana, se lo localizaron en la de 20 de Mayo y Amenidad, en el municipio capitalino del Cerro. Cuando Teresa llegó le dijeron que se había agotado. Y ella rogó que se lo localizaran, pues solo se distribuye en farmacias especiales. Y la dependiente le dijo que no tenían teléfono, a pesar de que la cliente observaba que había uno y hablaban por él.

En la farmacia de Clavel e Infanta, la dependiente le dijo que ese medicamento no se recibía allí, y se lo localizó en San Lázaro y Soledad, en Centro Habana. Hasta allí llegó Teresa, y luego de larga cola, la dependiente, la empleada, le dijo que en la receta faltaban las entrecalles de la dirección de la paciente. Y como era un medicamento controlado, aun cuando tenía todos los demás datos en regla, no se lo podía vender. Teresa rogó y enseñó el carné de identidad de su mamá. Mas prevaleció la negativa.

La cliente habló con la licenciada de la farmacia, quien, además de no darle su nombre, le argumentó que una circular prohíbe despachar los medicamentos cuando faltan datos en la receta.

Al siguiente día, la mamá de Teresa fue de nuevo al policlínico, y la psiquiatra le hizo de nuevo la receta, con todos los detalles. Le localizó la medicina en la farmacia de 100 y 35, en Marianao. Allí le dijeron que la levomepromazina había entrado el domingo y se había agotado el mismo día. La paciente se alteró, y entonces apareció el medicamento.

Al respecto responde el doctor Reinol García Moreiro, director de Salud en La Habana, que la comisión investigadora de los sucesos se entrevistó con directivos y trabajadores de las citadas unidades y con las promoventes de la queja, al tiempo que visitó la farmacia U-970, principal municipal del Cerro, la U-736, comunitaria normal, la U-710, principal municipal de Centro Habana, y la U-644, de Atención Hospitalaria de Marianao, para verificarlo todo.

Y se comprobó que en la U-970 del Cerro se disponía del medicamento, pero se lo negaron a la cliente, lo que constituye una violación del Manual de Normas y Procedimientos, y del Código de Ética del Farmacéutico. A una de las dependientes se le aplicó la separación definitiva de la entidad, y a otra se le canceló el contrato de trabajo.

Y en la U-710 de Centro Habana se evidenció que había existencia de la levomepromacina, pero no se le despachó, por no tener la receta todos los datos, según establece la Instrucción 6/11 del Minsap. Pero faltó la comunicación adecuada con la cliente. Por ello se le aplicó una amonestación pública ante el colectivo a la licenciada, especialista de drogas. Y a la auxiliar económica se le trasladó temporalmente a otra plaza de  menor remuneración o calificación por tres meses.

Y a la doctora, especialista en Psiquiatría del policlínico Carlos Manuel Portuondo se le hizo un señalamiento crítico ante su colectivo.

También se demostró que en la farmacia U-644, de Marianao, no había en existencia el medicamento en el área de dispensación al momento de que la paciente se presentó en la unidad, pero sí la tenían en almacén, por lo cual se incumplió la reposición establecida en el Manual de Normas y Procedimientos. Por ello se le cerró el contrato de trabajo a la abastecedora, y a la directora técnica y a la administradora se les aplicó amonestación pública ante el colectivo y ante el Consejo de Dirección, respectivamente.

El mismo día en que apareció la queja de Teresa, también reflejé la insatisfacción del capitalino Lázaro de Jesús Sada, acerca de la negativa en la farmacia de Calzada y Paseo, en Plaza, para venderle el paracetamol, pues en la receta emitida por el médico faltaba en el margen izquierdo la fecha de emisión.

Al respecto precisa el doctor Reinol que, aunque se cumplió lo indicado en el Programa Nacional de Medicamentos, faltó la comunicación adecuada por parte de la farmacéutica, a quien se le aplicó una amonestación pública ante el colectivo laboral.

En ambas empresas de medicamentos, subraya Reinol, se debatieron estos episodios en sus consejos de dirección, con el objetivo de que no se repitan. Y ello expresa que si se cometieron tales violaciones, es porque los directivos no siguen de cerca la atención a los clientes en algo tan sensible y definitorio como lo es un medicamento para la salud humana.

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