Deudas y más deudas

«Por mucho que pienso no llega el pienso», inicia su misiva el granmense Rolando Delgado Pérez (calle No. 3, s/n, reparto 28 de Enero, Niquero). Y más allá del juego de palabras, que para Rolando tiene un trasfondo muy serio, su pesar llega a la columna en nombre propio y en el de otros productores de carne de cerdo a los que les deben el pienso pactado con entidades estatales luego de las correspondientes entregas cárnicas.

Hace alrededor de diez meses, el remitente y su hermano —también productor— aportaron, por concepto de cebas terminales, dos ejemplares con los requisitos establecidos. Por ello debían serles entregados «más de 400 kilogramos» del alimento, refiere.

«Mes a mes —señala— nos hemos acercado a los compañeros que tienen que ver con la tarea, y en este caso el representante de la CCS que efectuó la compra (no especifica el nombre) y a los de la Empresa Porcina del territorio, y hasta hace alrededor de dos o tres meses se nos estaba diciendo que de un momento a otro se nos pagaría la deuda, que había dificultades con la materia prima».

Pero a partir de un momento —acota— se tomó la decisión de comenzar a entregar el alimento a los que fueran aportando la carne, pasando por encima de la vieja deuda con los que llevaban tiempo en espera.

¿Hasta cuándo va a durar este irrespeto? ¿Cómo pueden las entidades implicadas seguir adquiriendo carne y acumulando débitos?, se pregunta el granmense. ¿Qué dicen los que deben honrar su compromiso?

Margarita, Olivia y la honradez

La misiva que cierra hoy la columna es de esas que prácticamente no precisan acotación alguna: se narran y elevan por sí solas, para dejarnos un dulce sabor a gratitud.

«El día 9 de septiembre mi esposo visitó un establecimiento comercial que se encuentra en calle Zapata, entre 26 y Colón, justo a media cuadra —evoca la capitalina Ivón Gracia Castro—. Después de comprar algunos productos, dejó la billetera sobre el mostrador. No se percató de su falta hasta el día siguiente. Dicha billetera contenía el 60 por ciento de su jubilación, todos sus documentos de identificación, tarjeta magnética y otros».

«Al llegar a preguntar por dicha billetera, las trabajadoras Margarita y Olivia nos dieron la buena noticia de que allí estaba, que la guardaron porque sabían que la persona regresaría por ella. Estas trabajadoras honestas son la muestra de que existen personas que no han perdido los valores de que tanto hablamos. Por gente como ellas es que no podemos generalizar ni permitir expresiones que denigren al género humano. (…) Como dijera Margarita: “El dinero hace falta, pero hay cosas mucho más profundas que el dinero no puede resolver”.

«No sabemos sus apellidos, pero Margarita y Olivia, y sus familias y amigos, cuando lean estas líneas de agradecimiento sabrán de quiénes estamos hablando», afirma Ivón. En calle 13, No. 28410, entre 284 y 7ma., Santa Fe, Playa, estas dos cubanas tendrán siempre una pareja de amigos.

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