Medidas... y voluntad para cumplirlas

El pasado 5 de julio, Enrique Núñez Díaz, vecino de 23 Nro.9908, entre Paseo y 2, Vedado, La Habana, denunciaba aquí el abuso indiscriminado del claxon hasta niveles insoportables por parte de los choferes de ómnibus urbanos que circulan por esa importante arteria de la capital.

«Saludos de claxon cuando se cruzan, pitazos intencionalmente prolongados, que semejan bramidos(…) se producen a cualquier hora, incluso en la madrugada(…) Los conductores de dichos ómnibus, o desconocen el Código de Vialidad acerca del uso del claxon, o se están burlando de él», manifestaba Enrique.

Y este redactor agregaba: «Lo incomprensible es que ni las autoridades del transporte urbano en la capital ni las de Tránsito hayan podido neutralizar esa pandemia sonora sobre ruedas que sobresalta la paz de los habaneros».

Al respecto, respondió el pasado 14 de septiembre Juan Julián Caballero Martínez, director general de la Empresa Provincial de Transporte de La Habana (EPTH), que visitaron a Enrique, quien reafirmó su denuncia y sugirió, entre otras consideraciones, que los representantes de Ingeniería del Tránsito pudieran situar señalizaciones donde se prohíba el toque de claxon cuando este constituya una agresión acústica, y quien lo viole sea objeto de multas.

Y Juan Julián señaló lo que le explicó a Enrique: la Subdirección Técnica de dicha Empresa le envió una carta a todos los directores las UEB cuyos ómnibus transitan por 23, en la cual se les explica que queda terminantemente prohibido el uso de válvulas de aire Westinghouse, cuyos decibeles excedan las normas de medio ambiente al respecto.

Y señaló que la Empresa Provincial deTransporte de La Habana continuará «exigiendo y trabajando en la conciencia de nuestros choferes con el objetivo de evitar que hechos como esos se repitan».

Agradezco la respuesta, aunque solo con directivas y exhortaciones no se podrá neutralizar lo que ya es pandemia sonora,  no solo en 23, si no prima la voluntad férrea de las autoridades del transporte y de Tránsito de hacerlas cumplir.

¿Arrendados?

Aronis Ricalo Torres (Goicuría No.620, entre Amado y Aranguren, apto. A, Mónaco. 10 de Octubre, La Habana) cuenta que días atrás, en la revista televisiva Buenos Días, se denunciaba a «esos personajes que se ven a diario en los ómnibus urbanos, sobre todo en los famosos P, al lado de la alcancía, cobrando el dinero que deben abonar los pasajeros».

En dicho programa, dice, se planteó por directivos de la Empresa de Ómnibus Urbanos que ese proceder es ilegal, y nadie les autorizó a ello.

«Días después, continúa, se volvió a abordar el tema en la televisión. Y un alto funcionario de dicha empresa dijo que solo dos paraderos de la ciudad estaban autorizados para tener a dichas personas ejerciendo esa labor. No recuerdo ahora cuáles, pero no era ninguno de los  paraderos que tienen los P.

«Posteriormente, al abordar un P, estaba recogiendo el dinero uno de esos personajes, no le di el dinero y lo deposité en la alcancía. Me preguntó que porqué no le di el dinero. Le respondí que porque no tenía que dárselo, sino echarlo en la alcancía. Y entonces el chofer dijo que sí tenía que dárselo, porque esos ómnibus eran arrendados. ¿Un P arrendado? ¿Desde cuándo es eso?¿Sabe ese sujeto el significado de la palabra arrendado?

«Mi objetivo es que, por favor, aclare la Empresa de Ómnibus Urbanos si esas personas están autorizadas a tomar mi dinero al subir a la guagua, para evitarme otro debate con el cobrador y el chofer.

«Por otro lado, esos sujetos toman el dinero, pesetas y pesos. Pero cuando alguien da un peso, no le dan los 60 centavos de vuelto. Eso es una falta de respeto, porque, si usted está ahí para cobrar el dinero, debe dar vuelto en pesetas a los que le pagan con un peso.

«¿Para qué están entonces esas personas ahí? (...) Ya el atrevimiento es tan grande que hasta taponean con papel o retazos de tela la ranura por donde se debe introducir el dinero en las alcancías en los ómnibus. ¿Hasta dónde es el irrespeto a las personas?», concluye Aronis.

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