No les pagan

Reinaldo Cruz Hernández, Rodel Cruz Hernández y Yoel Falcón Cárdenas son trabajadores por cuenta propia en albañilería del municipio villaclareño de Placetas, quienes se sienten burlados por un trabajo que contrataron, por el monto de 40 000 pesos, en septiembre de 2014, con la Empresa Provincial de Farmacias de Villa Clara.

Refieren los remitentes que el contrato lo hicieron con el inversionista de esa empresa, para la remodelación de la farmacia del poblado de Báez, objetivo en el cual laboraron durante tres meses. Y al final, entregaron la obra al Presidente del Consejo Popular, pues no se presentó ningún funcionario de la entidad.

Precisan los remitentes que cuando se reclamó el pago de la obra a la Dirección Provincial de Farmacias, no hubo respuesta de ningún funcionario, «pues no aparece el contrato que estaba firmado por ambas partes, y no lo entregaron en el momento, ya que faltaban firmas, y alegaron que nuestra copia nos la harían llegar». La copia nunca llegó y plantearon que el contrato se había extraviado.

Refieren que ha transcurrido un año, sin que haya una respuesta. «Cada vez que vamos a la empresa y nos presentamos, nunca podemos hablar con ningún funcionario. Siempre hay alguna justificación», señalan.

Y este redactor concluye que, precisamente en medio de los cambios que entraña la actualización del modelo económico cubano, hay que hacer valer con rigor el respeto de las entidades e instituciones con las formas de gestión no estatal, so pena de crear desconfianza e incertidumbre en los nuevos agentes económicos.

Lo que fue Río Cristal

Zunilda Reyes Díaz (calle 405, No. 18216, entre 182 y 184, Santiago de las Vegas, La Habana) escribe plena de nostalgias y tristezas por lo que fue en su infancia el centro recreativo Río Cristal, ubicado al pie de la Avenida Rancho Boyeros, y lo que es hoy, un sitio abandonado.

La remitente recuerda aquel precioso castillo, donde los niños jugaban y celebraban sus cumpleaños, y que ahora está en ruinas, lleno de mugre y utilizado, lamentablemente, para necesidades fisiológicas de cualquier viandante al paso.

Manifiesta que aquella fuente con una escultura de mujer ahora no tiene agua, o se llena de agua cuando llueve, con el riesgo de contaminación de vectores. «La estatua llora por su abandono, y el hermoso jardín ya no existe», señala.

Refiere Zunilda que el río y sus riberas, otrora refugio de enamorados y sitio de distracción con bicicletas acuáticas, ahora está sucio y abandonado.

El restaurante campestre, agrega, adonde acudían muchísimas familias, ahora no sabe ella si ofrece algún servicio, pero de él nadie habla como en épocas anteriores.

El área bailable, donde se celebraban fiestas de quince y actividades musicales, ya no se usa. Y la piscina es la única instalación a la que se le da uso, y al parecer no con mucha calidad, pues de ella no se oye hablar, apunta.

«Las potencialidades de ese centro tan extenso, manifiesta, son envidiables, y podrían garantizar un espacio de recreación fabuloso, como en otros tiempos, que ayudarían a la recreación del municipio de Boyeros fundamentalmente, que actualmente no cuenta con ninguna instalación de ese tipo.

«Además, por la ubicación que tiene el lugar, por esa avenida transitan turistas y delegaciones que arriban  al aeropuerto de La Habana, que  también podrían visitar tan hermoso lugar», concluye Zunilda.

No es el único sitio, en lugares privilegiados y de tránsito expedito de turistas potencialmente, y de visitantes nacionales, que se encuentra olvidado y preterido, mientras se erigen nuevas aéreas de atracciones. ¿Cuándo volverá a ser Río Cristal, con todos sus encantos?

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