Siempre hay una mano…

El pasado 14 de octubre reflejaba aquí su inconformidad David Daniel La O Naranjo, un joven de Niquero, en Granma, que perdió la visión a los dos años a consecuencia de una enfermedad, y que ha sabido crecerse ante ese impedimento.

Contaba que al llegar a la edad escolar, sus padres lo internaron en una escuela especial, distante a más de cien kilómetros del hogar, solo para que se valiera por sí mismo en la vida, se preparara como hombre de bien y, desde una profesión, devolviera a la sociedad todo lo que esta hace por los invidentes.

Concluida la primaria, David Daniel se incorporó a la enseñanza normal. Cursó la Secundaria y el Preuniversitario. Y en la Universidad de Granma se graduó con Título de Oro en la carrera de Ingeniería Informática.

Como estudiante, obtuvo una medalla de oro en el Concurso Nacional de Matemática en 2005. También integró la preselección nacional de Matemática para la Olimpiada Centroamericana de esa asignatura, que se celebró en El Salvador. Y participó en el Primer Concurso Internacional de Programación ACM-ICPC, celebrado en Cuba.

En septiembre de 2012, Daniel inició su Servicio Social en el Poder Popular de Niquero, donde ha obtenido en estos últimos tres años evaluaciones satisfactorias. Pero en todo ese tiempo, contaba, allí nadie se le acercó para ofertarle una plaza cuando concluyera su servicio social. «Nadie me dijo: tenemos vacante esta plaza, este es su contenido de trabajo; ¿crees que lo puedes realizar?, ¿qué ajustes podemos hacer para que te desempeñes aquí?», revelaba el joven.

Cumplido el servicio social, lo llamaron por teléfono y le dijeron: Se venció el adiestramiento; pasa mañana por aquí, recoge tu expediente y anótate en la bolsa de empleo en la Dirección de Trabajo, porque no tenemos nada que ofrecerte.

Cuando el muchacho preguntó si en tres años no habían tenido alguna plaza, le respondieron que ellos ofrecieron todas las que habían aparecido, y él no había solicitado ninguna.

«No sé si estoy equivocado, decía, pero antes de ofertar una plaza a personal fuera de la entidad, primero deben ofrecérsela a los adiestrados que cumplan los requerimientos. Por tanto, hace un mes que estoy desempleado. La Presidenta del Gobierno municipal tiene total conocimiento de estos hechos, así como el funcionario de la Dirección de Trabajo que atiende el área de discapacitados, y el Presidente provincial de la Asociación Nacional del Ciego, entre otros. Todo el mundo quiere ayudar, pero nadie ha podido solucionar el problema».

«¿Será justo que después de tanto esfuerzo, dedicación y entrega yo esté sentado en mi casa? ¿Hubiera sucedido lo mismo siendo vidente? ¿Podrá desenvolverse de la misma forma un discapacitado sin empleo que una persona sin discapacidad?», cuestionaba David Daniel, quien es padre de una niña pequeña.

Aunque no ha respondido desde entonces ninguna de las instituciones aludidas, David Daniel sí ha vuelto a escribirme para agradecer la publicación de su historia, a todos los que se solidarizaron con él, y especialmente al Fiscal General de la República de Cuba, Darío Delgado Cura, quien ha solucionado su caso.

Dos días después de publicada su queja en Acuse de Recibo, añade, recibió una comunicación del Fiscal General de la República, en la voz del Fiscal Jefe del Departamento de Informática y Comunicaciones. Resultó que el primero había leído la historia y quería saber la disposición del joven para asumir un posible trabajo en la Fiscalía Municipal de Niquero.

«Por supuesto que acepté, afirma, y el pasado lunes 4 comencé a trabajar. Justo es decir que en los días siguientes al artículo, de manera paralela, el funcionario que atiende a discapacitados en la Dirección Municipal de Trabajo se interesó por solucionar el problema, junto a su directora. Ellos encontraron una plaza como estadístico dentro de esa Dirección, pero ya yo tenía esta otra opción. De cualquier forma les agradezco su preocupación y buen trato.

«Aunque yo resolví mi problema, exhorto a aquellos discapacitados inconformes con la forma de algunos mecanismos, a que lo hagan público, pues en ocasiones se cree que todo está bien porque simplemente los encargados de decir que hay cosas mal hechas no lo hacemos», concluye David Daniel.

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