¿Y su teléfono que fue aprobado?

De vez en vez, mostraré casos excepcionales de personas vulnerables y con enfermedades, que requieren de las autoridades la atención a sus necesidades y ciertas condiciones mínimas imprescindibles, como el que nos relata Yuraima Quiñones Ramírez, vecina de Rita 48, entre Bianchi y Piedra, Juanelo, municipio capitalino de San Miguel del Padrón.

Cuenta Yuraima que su hijo de 12 años presenta una parálisis cerebral infantil, hipoxia al punto de requerir oxígeno, cuadriparesia espástica, hipotonía, es sordomudo y no tiene control de los esfínteres.

Desde que el niño tenía un año, la madre se dirigió al Gobierno municipal para que le ayudaran con la asignación de un teléfono, imprescindible para urgencias en un paciente tan delicado. Y en 2014, luego de innumerables gestiones, vino a saber que se lo habían asignado oficialmente.

Con esa información, fue a la oficina comercial de Etecsa. La buscaron en la base de datos y resultó que se lo habían asignado desde diciembre de 2011 y no se lo habían instalado. La gerente le explicó que a esas alturas no se lo podían poner, porque no había pares. Los existentes eran para traslados.

En octubre de 2015 fue al Gobierno municipal y habló con la presidenta, quien le orientó que le llevara la prueba de la respuesta de Etecsa. Y se le entregó el documento a la secretaria de la presidenta, pero nada se ha resuelto desde aquel día. Entonces, cuestiona, ¿cómo fue posible que le hubieran aprobado la instalación del teléfono?

También en junio de 2014, Yuraima planteó en el Gobierno municipal la necesidad de un sillón de ruedas para el niño, el cual había sido prescrito por la defectóloga que lo atiende, con la sugerencia de que fuera guardando dinero para comprarlo. Y esta es la fecha en que tampoco lo ha recibido.

Yuraima reconoce la excelente atención que brinda el sistema de salud cubano a niños vulnerables por sus enfermedades y discapacitados; pero considera que, al propio tiempo, las autoridades e instituciones deben ser mucho más sensibles en completar esa atención con la creación de condiciones para esas personas, con la ayuda de la asistencia social.

S.O.S., Saneamiento…

Cuando me escribió el 14 de abril pasado, Julia Esther García Ramírez llevaba más de 25 días viendo correr aguas albañales por toda la acera y delante de su puerta, en Piñera 355, entre Vista Hermosa y Mariano, en el Cerro capitalino, pese a todas sus gestiones con la Empresa de Saneamiento Básico y el Puesto de Mando del Gobierno Municipal.

Relata que el 26 de marzo fue el carro de la destupición, y después de haber introducido un tramo de manguera por un registro muy pequeño que hay en la acera frente a su casa, los operarios concluyeron que no encontraban dónde este moría. Le informaron que debía ir una brigada para romper y determinar dónde estaba el problema.

Julia Esther llama casi todos los días a Saneamiento. La han atendido Vivian, Olga Lidia y Lázaro. El inspector se ha personado varias veces en el sitio de la tragedia. Y por el Puesto de Mando del Gobierno la atendieron Eusebio, Eugenio José y otros.

En Saneamiento le informaron que la Brigada entraría a romper en la semana del 4 al 9 de abril. Pero nada. El problema continúa.

«Me preocupa lo siguiente: las aguas albañales corriendo por frente a la puerta de mi casa. Tengo un niño de cinco años, y temo que la cisterna de agua se contamine, al igual que la de los vecinos».

Otro motivo de inseguridad es el peligro de que brote cualquier epidemia en el barrio, en un momento en que el país ha dedicado todos sus esfuerzos a combatir varias enfermedades oportunistas y a erradicar los focos de contaminación.

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