Movilmanía

El término lo acuña Luis Enrique Oramas Carvajal, de Aramburu 365, bajos, entre San Rafael y San José, municipio capitalino de Centro Habana, para calificar «la nueva epidemia, que toma proporciones alarmantes».

Cuenta que el 29 y 30 de abril él y su esposa fueron de compras, y sufrieron la desatención de empleados de diversos servicios, que priorizaban su conversación, celular mediante, ante el cliente.

En el establecimiento de artesanos París-Viena, tuvieron que esperar porque la dependienta terminara de pasar su mensaje para que les mostrara un par de zapatos. En la peletería de Monte y Águila, tras aguardar en el mostrador, debieron requerir a la responsable, inmersa en su conversación telefónica.

Con el calor, decidieron tomar un refresco en la cafetería del Barrio Chino sita frente a la parada de la 222, la 27 y otras rutas. «Cuál no sería nuestra sorpresa e indignación, afirma, cuando la empleada nos conminó a que esperáramos un momento, porque estaba muy ocupada jugando con una compañera a retratarse o hacerse videos. Por supuesto, nos marchamos con la sed a cuestas». Subieron a una ruta 27 y el chofer entablaba por su móvil animada charla, mientras conducía el ómnibus lleno de pasajeros.

«No ha sido la primera ni la única afectación que nos ha producido la nueva epidemia, dice, pero tantas coincidencias en un día parecen un complot contra el maltratado cliente».

Luis Enrique utilizó la cuenta nauta de su móvil para comunicarme lo que viene observando: la paradoja de que comunicándonos más gracias a las tecnologías, estemos incomunicándonos con quien tenemos al lado. «A ver si juntos encontramos un suero o vacuna contra males mayores».

¿Y si se cae?

Ya no sueña sola, como en el poema de Guillén, la palma que está en el patio de José Alejandro Prevall Campbell, allá en Calle E 8014, entre Dolores y 2da., en el reparto Dolores del municipio capitalino de San Miguel del Padrón.

Hace más de tres años que la altiva planta, símbolo de cubanía, está enferma de tronco y raíz. Y corre el peligro, con un huracán o ventisca, de caer sobre la morada del tocayo y de otros vecinos, o en el patio donde juegan los niños de la escuela primaria Juan Roberto Milián Milán. Además, ¡la palma está pegada al tendido eléctrico!

Como no se puede podar o tumbar sin un permiso previo de las entidades facultativas del Estado, José Alejandro se personó junto a la delegada de su circunscripción, en Áreas Verdes municipal. Allí, el representante, nombrado Lino, le explicó que debía conseguir la guía forestal, un permiso para accionar. Sin ella no se podía realizar ninguna tarea de corte o poda de la palma; y la expedía Forestales.

Fue a Forestales y le tramitaron la guía forestal. Con el documento fue, junto a su delegada, a Áreas Verdes, donde le explicaron que no tenían motosierras en ese momento, que volviera otro día. En otra ocasión, le dijeron que fuera para su casa y esperara, que se haría la supervisión del problema para saber qué equipamiento debían llevar además de las motosierras para hacer el trabajo.

Pasaron varios meses y nadie apareció. Volvió con su delegada, y no estaba Lino. Al fin, entre varios intentos, pudieron verlo. Y él les explicó que tenían que hacer una coordinación con la Empresa Eléctrica, porque la palma estaba cerca del tendido, y necesitaban interrumpir el fluido energético para que no hubiera problema.

«Dicha coordinación no sé si se hizo, plantea. Me imagino que no, porque pasaba el tiempo y no sucedía nada. Después de dos años y medio de batallar por vía telefónica y yendo con mi delegada y sin ella a Áreas Verdes, se presentó en mi casa Yuri, el jefe de Áreas Verdes, para inspeccionar al fin las condiciones en que se encontraba la palma y corroborar la magnitud del daño que pudiera ocasionar su caída, así como la prioridad del trabajo».

Yuri recogió la Guía Forestal y dejó dicho que al día siguiente irían a hacer el trabajo, pues estaban hechas las coordinaciones para realizarlo. Eso, recalca José Alejandro, fue hace más menos tres o cuatro meses.

Persistieron llamando y visitando los lugares pertinentes. Y al final, la sorpresa fue que habían cambiado al director de la OBE Eléctrica y los documentos de José Alejandro habían desaparecido. Las autoridades eléctricas no contaban con ninguna coordinación hecha por Áreas Verdes para realizar el corte de la palma.

«De eso hace ahora más menos cuatro o cinco meses, afirma, y yo me pregunto: ¿en dónde queda la confianza y la integridad en nuestros servicios?», concluye José Alejandro.

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