Se ríe, no le hace caso…

Un hombre como Fernando de Jesús Hernández Caymares no merece la burla. Lleva 48 años ejerciendo el magisterio en la ciudad de Nuevitas. Y ya con 70 años de edad no se jubila. Sigue aportando sus conocimientos en la formación de los jóvenes.

Fernando está suscrito a Granma, Juventud Rebelde y Trabajadores. El correo adonde llegan los mismos queda a una cuadra de su hogar, sito en Augusto Arango 81, entre Joaquín Agüero y Maceo, en Nuevitas. Y él, ávido de información, recibe los periódicos con tres días de atraso.

«Pago 16 pesos cada mes por un servicio que no recibo, pues no me lo traen como debe ser —precisa—. He hablado con el cartero en diferentes formas y se ríe. No me presta atención. Con la responsable de la prensa, Julia, también, y dan respuestas que no convencen. No tiene ninguna justificación. Y esto sucede hace mucho tiempo.

«Yo tengo que ir al correo, hacer la cola y pagar los periódicos, porque el cartero tampoco viene a cobrar. Y si pasa del día 24, automáticamente, sin explicación, te dan baja. Es un maltrato al cliente. Les dije que escribiría a la prensa nacional, y el cartero se ríe. No hace caso».

Gracias a Noraymis y Héctor

Luis Alberto León Lafita (Matadero 73, entre Monte y Flores, Cerro, La Habana) cuenta que el pasado 10 de mayo su mamá le envió desde Estados Unidos por bulto postal una medicina para su hija de 12 años, con el código LC766332722US. Y a la semana siguiente, comenzó a llamar a Correos de Cuba para saber si ya el envío estaba en Cuba, y qué hacer para recogerlo. Pero la Zona Postal que le corresponde por su municipio no cuenta con departamento para bultos postales. Los envíos van directo a Zona 6, que radica en el Ministerio de Comunicaciones.

Luego de llamadas infructuosas a la Zona 6, le comunicó una funcionaria que en la misma casi todos los teléfonos estaban rotos, y debía ir personalmente a ver si estaba el envío. Que era imposible rastrearlo por la red, porque no fue certificado. Le indicó que esperara 45 días, y si no recibía notificación, entonces fuera a ver qué sucedía. Al fin, el pasado 22 de junio el padre recogió allí el preciado medicamento para la hija.

«Fue posible —dice— por la amabilidad y sensibilidad extremas de la compañera Noraymis, funcionaria del Departamento de Atención Ciudadana de la Zona 6. Ella no solo se tomó el trabajo de ir personalmente al cuarto de bultos y de comunicarme que ya estaba el envío ahí, sino que gracias a su preocupación se evitó que lo devolvieran, pues llevaba en ese sitio desde el 26 de mayo.

«Si llego a esperar los 45 días, me habrían retornado el envío. Jamás recibí notificación de la Zona 3, encargada de hacerme saber que ya podía recogerlo. Igualmente Noraymis se ha mantenido en constante comunicación conmigo vía teléfono, para saber si ya tenía la medicina en mi poder.

«No tuve el privilegio de conocerla personalmente, pues estaba reunida cuando fui. Le hice llegar mi profundo agradecimiento y mi interés en retribuirle con un presente, lo cual rechazó con gentiles palabras, diciéndome que esa era su labor y que el saber que ya mi hija tenía su medicina era suficiente regalo para ella. Hermoso gesto de una cubana que da lecciones de humanidad y sensibilidad.

«Quiero destacar el interés del funcionario Héctor, del mismo Departamento, también muy preocupado por la situación. Al preguntarme él si quería elevar la queja por el mal trabajo de la Zona 3, le dije que ya no era necesario. Mi niña tenía su medicamento y el saber que existen personas como Noraymis y Héctor me llevaron a la determinación de no formularla», concluye.

Un ruego

Angelina Vasallo Alonso (20 de Mayo 531, interior, apto. A17, El Platanito, Cerro, La Habana) tiene diagnosticada por el Instituto de Hematología una trombosis plaquetaria, la cual le provoca hemorragias intensas por la nariz.

El medicamento que la controla es el ácido tranexámico de 500 miligramos. Y ahora no lo hay en Hematología del Hospital Salvador Allende, donde siempre la han tratado, y de maravillas.

Angelina solo ruega que si algún lector posee ese medicamento (en tableta o inyección) y pueda facilitarle alguna porción, le estaría muy agradecida, pues de ello depende su salud.

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