Los cuños, al otro día de publicarse

¡Por falta de un cuño!... seis jóvenes galenos egresados de la Facultad de Ciencias Médicas de Mayabeque no podían expedir recetas, ni prescribir una dieta ni certificado médico u otro documento legal, según denunció aquí el 19 de enero pasado uno de ellos, el doctor Jorge Pérez Machado.

Se graduaron el 21 de julio de 2016, y días después la Dirección Provincial de Salud les informó que los cuños con su registro profesional los habían mandado a hacer y aún no habían llegado, pero se les entregarían rápidamente. Pero los mismos no aparecían, a pesar de sus gestiones.

Responde Julio César García García, jefe del Consejo de la Administración Provincial (CAP) de Mayabeque, que «lo que se denuncia y demanda por los jóvenes recién graduados es objetivo y real, pues se comprobó que hasta el día de la publicación del escrito no se había completado la distribución del ciento por ciento de los cuños de los recién graduados, lo que afectó el desempeño de sus funciones.

«La investigación, añade, arrojó que a nivel del órgano provincial de Salud y la empresa aseguradora (Logimay) ya se conocía del retraso. Y fue con la publicación de la queja que el CAP de Mayabeque supo de esa injustificada situación».

Plantea que inmediatamente se adoptaron decisiones, y de conjunto con Logimay se completó la distribución de los cuños el 20 de enero. «La propia inmediatez en la solución del problema, agrega, demostró que era soluble; y la causa que lo originó fue por falta de exigencia entre las estructuras involucradas en garantizar que llegaran a tiempo los cuños a los galenos».

Al respecto, afirma García García que «las direcciones provincial y municipal de Salud y la Empresa de Logística, subordinadas al CAP, solo identificaron por cada parte argumentos y justificaciones del problema».

Y apunta que en la investigación se identificaron como responsables a directivos de la Dirección Provincial de Salud y de la Empresa de Logística, «con los cuales se realizaron los análisis éticos, morales y disciplinarios, que derivaron en medidas disciplinarias, en correspondencia con la responsabilidad individual y nivel de incidencia en el hecho».

Manifiesta que el incidente se socializó críticamente con las estructuras provinciales y municipales, como una muestra de debilidad y falta de exigencia.

Agradezco la respuesta, y solo me queda enfatizar que la misma revela una evidente debilidad de las riendas del control. Lo que llevaba meses, y tanto laceraba la atención a los pacientes, se resolvió al siguiente día de la publicación. Lo otro es que se reconocen las negligencias, pero no se especifican las medidas disciplinarias con los responsables, ni los nombres de estos.

Una vez más, los culeros desechables

Una vez más. Irrumpe el tema de la distribución de los culeros desechables, sobre todo a los ancianos enfermos y sin muchos ingresos, en un país que envejece por día.

Ida María Gayón Quintero (avenida 63 No. 12223, altos, entre 122 y 124, Marianao, La Habana) cuenta que su padre, de 97 años, está semipostrado, tiene cardiopatía isquémica severa, insuficiencia cardíaca, neoplasia de laringe ganglionar con vaciamiento y otros padecimientos. No posee control alguno de sus necesidades fisiológicas.

Hace más de un año le dieron certificado médico para los culeros. Ella fue al policlínico 27 de Noviembre, al cual pertenece, y asentaron el certificado con el número 82. En enero de 2017 ella fue a la Oficina de Asistencia Social y le dijeron que el escalafón no camina, «campean las dilaciones y hay indicios de muy poca solución».

«Toda persona no cuenta con los recursos económicos para la compra de culeros con CUC en las tiendas de divisa. Se deben analizar y cuestionar estos problemas para enfrentarlos; y encontrar respuestas para los casos críticos. El control de los longevos debe ser prioridad, así como facilitarles lo imprescindible para su larga vida, con gran humanismo», concluye.

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