Ruidos con el salario

Mirella Pérez Rodríguez (calle 11 s/n, Bartle, Las Tunas) y 36 de sus compañeros de trabajo firman la carta donde comparten sus disgustos por cuestiones de salario en la Fábrica de Galletas Ramón González, de Bartle.

Cuentan los remitentes que en el mes de mayo de 2016 recibieron un salario elevado, y seguido de este vino una reunión con el Director del centro, en la que les explicó que había existido un error en dicho pago y que «poco a poco y sin afectar a los trabajadores, había que recuperarlo, y todos estuvimos de acuerdo».

«En el mes de junio —evocan— se descontó parte de ese salario y ahora (no precisa el mes) descontaron de un golpe lo que faltaba. Trabajadores que van a cobrar al final de un mes de trabajo: 3.00 pesos, 2.00 pesos, y otros, cero. Algo que es inaudito».

Encima de eso, apuntan los empleados, en el mes de julio del pasado año, la fábrica, pese a su tecnología obsoleta y debiendo afrontar múltiples roturas, sobrecumplió su plan. Y les explicaron que no se podía revertir esto en un aumento salarial, «porque la empresa tuvo que pagar una mora por recargo a la ONAT. «Nos preguntamos: ¿Qué culpa tenemos los trabajadores de eso?».

La misiva, que llegó a JR el 13 de marzo, no precisa otros detalles del asunto, que hubiesen sido esclarecedores; pero con lo narrado es suficiente para que las instancias de dirección del centro y las superiores argumenten públicamente sobre lo sucedido. Esperemos.

En la isla, sin piezas de daewood

La imagen de la previsión al parecer aún no se ve en muchos de los espacios y procesos de nuestro país, ni en señal analógica ni en digital. Que lo diga Mercedes Cruz Rodríguez (calle 10 entre 5 y 5A esq. 504 Apto. 12, La Demajagua, Isla de la Juventud), quien se ha visto en una odisea con su TV de 21 pulgadas y pantalla plana marca Daewood. El aparato, que adquirió a un precio de 298.00 CUC en la tienda El Dinero, se le ha roto dos veces en cinco años.

En la primera ocasión, «al no encontrar la pieza en el taller de dicha tienda, me veo en la necesidad de llevarlo a un particular —narra la pinera—. Le adaptó una pieza y pagué 20 CUC, y en estos momentos hace un año que está roto y no aparecen piezas para esa marca».

Señala la remitente que en su localidad hay otras familias en similares circunstancias, una de ellas incluso lleva dos años aguardando por si aparecen los dispositivos para arreglar su equipo.

«Cada vez que le digo a un técnico la marca del TV, me dicen que esos (…) son los más malos que se han vendido aquí. Los afectados nos preguntamos: ¿para qué los vendieron si no iban a entrar piezas de repuesto para repararlos? (…) Gastamos 298 CUC y tenemos los TV de adorno», se duele la cubana.

El asunto es una gota más de las muchas similares que rebosan la copa de la sección. ¿Cuándo las instituciones del país y quienes estas designen para realizar compras mayoristas, al proyectar planes de venta y posibles estrategias de reposición, asumirán un pensamiento estratégico, previsor? ¿Cuándo les pediremos cuenta de ciertos disparates en la comercialización de algunos productos a quienes debían planificar mejor y no lo hicieron?

Al final, problemas como este redundan en pérdidas para la economía del país y malestar de sus familias. Y eso, seguro que no lo queremos.

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