23 °C Un lector, médico, me escribió contándome sus pesares en un agromercado de la capital. Es allí un cliente, un comprador, pero como ya hemos apuntado en esta columna, en el mercado donde predomina la voluntad del vendedor los derechos de los consumidores se reducen casi al mínimo. Y, por tanto, al doctor cuyo nombre no necesito mencionar, cada vez que protesta porque en la tabilla de los precios se lee una cifra y el tarimero canta una superior al momento de pagar, le declaran la guerra y le fichan la cara para no venderle nunca más.
Parece increíble. En las tarimas de oferta y demanda también rigen las actitudes y los procedimientos burocráticos, como rigen en cualquier otro mercado, porque en todos, aun en los estatales, manda todavía la voluntad del vendedor. El resobado lema de que el cliente siempre tiene la razón es una referencia histórica, no una realidad comprobable.
No puedo sino, ante mensajes como este, repetir que sobre los ciudadanos recae un aluvión de pesares y torpezas que agravian y agravan las circunstancias concretas de nuestra sociedad. Y el periodista está como en la primera línea de fuego, porque, aparte de que uno experimenta también las mismas dificultades y problemas, recibe las demandas de lectores y oyentes pidiendo explicaciones, incluso antídotos contra la incertidumbre. Suponen que los trabajadores de la prensa lo sabemos todo, y podemos aclararlo todo. Y qué uno podrá decir, si a veces sabe menos de lo que le exigen las obligaciones de esta profesión tan vinculada a la conciencia ciudadana y a los conflictos humanos.
Debo confesar que ya no bastará repicar las campanas de las consignas, o emplear los altavoces de las frases resobadas. Los receptores no se conforman con las palabras huecas, los socorridos términos de la compasión o las palmaditas de ánimo en la espalda. Cualquier palabra de aliento ha de tener un sentido palpable; una semilla de certeza para que pueda ejercer su papel dinamizador.
Me parece que nuestra sociedad, aun dentro de las limitaciones que la asedian —crisis mundial, bloqueo, incompetencia—, ha de intentar iluminar con los focos de la buena política sus zonas oscuras. ¿Podremos impedir que entre nosotros se extiendan los procedimientos rígidos, el uso de la sanción como palabra recurrente y casi mágica con que algunos pretenden solucionar el desorden o el desánimo? ¿No resultarán más convenientes lenguaje y acciones que tiendan a generar y afianzar una atmósfera de estimulación, de consonancia entre problemas, situación, proyectos, soluciones, posibilidades, esperanzas, y los hombres y mujeres, jóvenes y adultos, que cada día entran en sus centros de trabajo o acuden a las escuelas?
Es imposible, a mi modo de ver, que exista total imbricación en los proyectos colectivos de nuestro país, si a veces —según mensajes recibidos— se niega lo menos costoso, como el saludo, y unos insisten en remarcar las diferencias estimando que la autoridad y el rango se protegen desde la distancia entre representantes y representados. Cuánto recuerda uno al Che. Porque en verdad, la Revolución trajo un concepto del uso del poder que si lo perdiéramos, nos perderíamos: el poder, por pequeño que sea, solo se justifica si se dedica a servir a la gente.
Pues bien, y qué hacer con la queja del médico que me ha escrito muy apesadumbrado por el tratamiento que recibe en el agromercado. Por supuesto, yo no podría decir, por sus efectos políticos y económicos contradictorios, que castiguemos, quitemos licencias, suprimamos espacios. Habrá, pues, que modificar conceptos: en el mercado de cualquier tipo y propiedad han de predominar los intereses de los compradores, de los clientes. Nada se nos da de favor; todo lo que se consume, salvo la asistencia médica y la educación, se paga. Por lo tanto, si pago, tengo el derecho a elegir, a exigir y ser correspondido. De qué otra forma puede funcionar la sociedad en este estadio de desarrollo social y material. Dígolo sin querer zaherir la sensibilidad de mis lectores: la carreta ha de ir, por largo tiempo, detrás de los bueyes. De la otra manera, por mucho que apretemos los tornillos, se irán de rosca.
Luis, muchas gracias por contribuir desde su profesión y su pluma al mejoramiento de la sociedad. Muchos como usted hacen falta, que no empleen discursos huecos ni triunfalistas y sí insuflen confianza. Hace un par de días le envié a su dirección de correo un mensaje nada optimista. Sin embargo, su respuesta de apenas tres renglones colmados de fe en el futuro de nuestra sociedad fueron un bálsamo. Por otro lado, le sugiero que vea como positivo que los lectores y oyentes le demanden como periodista soluciones y hasta antídotos. Véalo como una muestra de que la gente confía aun, si no en todos, en aquellos comunicadores que se lo han ganado como usted. Cordialmente, Guillermo PD: Lástima que esos "tarimeros" no se den cuenta de que ese médico, en algún momento, después de haber estado 24 horas de guardia le salve la vida a él o a un hijo. Vale
Como bien Ud dice «En el mercado ha de predominar los intereses de los compradores» Pero la larga experiencia demuestra que eso solo ocurre cuando el que vende obtiene un beneficio de acuerdo con la venta y lo que se oferta lo determina la demanda del mercado.
Saludos y buenos días señor Luis. La base de todos esos problemas que se han engendrado en nuestra sociedad es solo una cosa, el problema es que nada es de nadie y como tal, nadie cuida nada, ni le interesa nada, es hora de que las pequeñas y medianas empresas pasen ya sea a cooperativas o a personas y verás como cada cual gana según lo que haga. El Estado pondrá su impuesto y el cliente será atendido cortésmente y su producto con buena calidad y una sonrisa porque si no esa persona que maltrata al cliente no podrá trabajar ahí, porque la competencia hará que todos quieran brindar un mejor servicio y mejor precio, si no mire la diferencia entre un paladar y un restaurante del Estado, la diferencia es abismal. Con toda humildad y respeto nuestro Estado es sabio y es hora de enmendar todo este paternalismo y derroche y negligencia que desangra al país y hace peligrar las conquistas alcanzadas
A el lector orlando se le olvida decir que si las personas fueran propietarias de su negocio, a veces, en vez de competir, pueden ponerse de acuerdo para cobrar más por las cosas. Además, con tal de ser agradables al cliente, desarrollan una hipocresía que se les mete en las venas y que influye en toda su vida y en sus relaciones; que así, prácticamente se forma una clase social hipócrita. Y que, como si todo aquello no fuera poco, los propietarios deben, si no se ponen de acuerdo, vivir preocupados de competir, estresándose y estresando todo a su alrededor; creando, a la larga, una clase social que, además de hipócrita, pretendería hacer creer que la competencia es más racional y mejor que la cooperación.
Considero que el Mercado no debe operar con plena libertad (100%), eso es Neoliberalismo. Es cierto que coyunturalmente los propietarios pueden ponerse de acuerdo para fijar precios, por lo que estudié en la Economía, principalmente este rol lo determina el que más poder tenga en el mercado. Por otra parte en la medida que la competencia vaya siendo mayor, los productores o vendedores están obligados a bajar precios pues la oferta es mayor. En nuestro caso, ¿existe una demanda medianamente satisfecha?. Las empresas de comercio y gastronomía solo por citar un ejemplo, tienen varias décadas de creadas, Analicemos los resultados de sus servicios, productos, otros, y solo llegamos a una conclusión, la calidad de la oferta es cíclica, con picos de resultados aceptable muy distantes unos del otro. Utilizando un lenguaje más directo, poco dejan que desear. Estimados amigos, me parece que se requiere contar con diferentes tipos de propiedad y sistemas de gestión, nunca que anden al garete cómo decimos los cubanos, pero tampoco con un cepo tan grande cómo el de una yunta de bueyes.
Hola Luis, en consonancia con lo dicho por orlando pienso que cuando nada es de nadie y todo es de todos, no existe alguien en especifico a quien se le pueda exigir, te pongo un ejemplo y sin desear que suceda ni que se traspole a cuba. aqui en miami hay varios supermercados, de diferentes companias, y cada uno tiene sus precios de acuerdo a la calidad de lo que ofrece, y tienen precios que varian en dependencia de la oferta y la demanda, pero es tal el abarrote y tan grande el nivel de produccion que es imposible que se pongan de acuerdo en precios sobre nada.A mi manera de ver es hora de que los servicios en cuba se cooperativicen para que el estado deje de estar correteandole atras a un carpintero o a un limpiabotas, o al bodeguero, o al restaurant. Yo recuerdo que cuando se dictaron las medidas en el ano 93 para permitir los paladares dije que era un erros, porque como era posible que la calzada de diez de octubre permaneciera con todos sus estableciemientos cerrados y se permitiera que la gente abriera una especie de restaurant en los patios de las casas, para mi era insensato, una demostracion de que el estado no debia de correr con esos estableciemientos, sino que se les diera a los municipios para que estos los pusiesen en alquiler y se les cobrara un impuesto municipal y de ahi algo pasara al estado. lo mismo ocurrio con las tierras , en aquel momento se penso que la solucion serian las UBPC, y vimos que no.Si se hubiesen repartido esas tierras como se esta haciendo ahora creame que no habria a la distancia de 20 anos donde meter toda esa comida hoy, y ya se estuviesen especializando nuestros campesinos en producciones especificas, como sucede en miami que ahora se busca lo que no tiene fertilizante, lo natural, el queso que viene de tal finca especifica, o la leche tal. ahi llegaremos en un futuro con las medidas que se estan tomando con las tierras en cuba, pero perdimos 20 anos por no permitir el debate de las ideas en aquel momento y pensar que todo lo que diga "mercado" era tabu. Lenin y el Che lo supieron ver, hay cosas que son naturales al hombre y es imposible que las quitemos de su naturaleza intrinseca, por eso a pesar de plejanov ser un eserista lenin supo estudiar y apreciar sus ideas sobre la tierra en rusia, y el che hizo lo mismo cuando estudio los metodos de direcion de la general motor, sabia que era lo mas adelantado y no tuvo temor en tratar de adecuar esos metodos de direcion economica en cuba. seamos valientes y progresemos ,es la unica manera de salir de todo el desbarajuste actual.
Me parece que el tema de fondo es la “naturaleza intrínseca”; yo no diría que es imposible de cambiar esa naturaleza humana o que es imposible mejorarla, por que es muy difícil tener certeza sobre eso… sólo podemos meditar sobre en qué circunstancias se desenvuelven mejor las capacidades humanas, limitando, en la medida de lo posible, las tendencias autodestructivas. Un gobierno que se dice progresista no puede decir sin más “así es la naturaleza” y pasar de largo; su deber es encontrar la forma de ir liberando progresivamente al hombre de los problemas que, en todas partes, y en algunas más que en otras, lo tienen prisionero. Lo que no puede permitirse es que aquella parte horrible y animal del hombre dirija la economía.
Muy atinado su comentario, estimado Luis. Me alegro de leerlo. El Estado tiene una función reguladora fundamental desde que apareció. El estado nacional apareció por la fuerza que se impuso contra los señores feudales en Europa. Hemos visto recientemente las fuertes medidas que adoptó el Ejecutivo de Estados Unidos para poner en su sitio al sector bancario. Si hay un precio en la tablilla y el tarimero canta uno superior, pues hay que decir que la responsabilidad es de nuestro Estado. Eso no solamente no puede ocurrir sino que se pueden tomar medidas para que cada dia, antes de abrirse las puertas de un agromercado, se establece el precio de venta y no se puede cambiar a menos que haya acuerdo entre la entidad estatal correspondiente y el vendedor. No puede ser que los precios se cambien de acuerdo con la personalidad del comprador. Eso no es ni libre cambio ni libre empresa. Eso es descaro y el Estado, como entidad, dispone de cuantiosos mecanismos para dar solucion a ese tipo de problemas. Los tarimeros son trabajadores que merecen respeto como cualquier otro trabajador del pais. Estan sujetos a normas de conducta como cualquier otro trabajador del pais.
De una forma u otra, en un nivel u otro, casi todos los cubanos hemos estudiado marxismo, y en particular Economía Política, y nos enseñaron que las leyes económicas existen con independencia de la consciencia del hombre. ¿Cuántas veces se han violado las leyes económicas en nuestro país? Yo diría que infinidad de veces. He aquí el resultado. Y por otro lado también escuchamos el término "liberar las fuerzas productivas". Ello provocó el boom productivo; en nuestro país las fuerzas productivas no pueden estar más maniatadas.
Pues bien, según se lee aquí arriba, en los comentarios a esta noticia, hay varias personas que proponen importantes cambios en el sistema económico cubano. ¿Cuales serían las consecuencias de esos cambios en los otros ámbitos de la realidad, como por ejemplo en la política o en la mentalidad de los cubanos?.
Hasta tanto la dirigencia política cubana no interiorice la necesidad de liberar el mercado y crear espacios privados de oferta, seguirán los excesos y los abusos a los clientes
El "Che" se preocupaba mucho de cuáles serían las consecuencias de "liberar el mercado" en la conciencia de los trabajadores.