La ley delante…

Luis SextoLuis Sextosexto@enet.cu
18 de Febrero del 2010 21:06:35 CDT

Tropezamos a menudo con la falta de respuestas o de explicaciones. Teléfonos que suenan, y ninguna voz levanta el auricular y dice: Oigo, en qué puedo servirlo. ¿No tendrán educación, habrán olvidado sus obligaciones? ¿Tendrán miedo de explicar, carecerán de argumentos? Bueno, a veces es lícito pensar que carecen de argumentos. O que no los saben utilizar. Sí. No se ofenda usted, recepcionista, o usted, funcionario o director por que los ciudadanos lleguen, y pregunten, y reclamen, o pidan, o duden. Usted, es decir, lo que usted representa, está ahí, en ese puesto, para resolver, explicar, esclarecer.

Hablo hoy de estas manifestaciones porque uno, que tiene ojos, está viendo que ciertas instituciones, o ciertas personas, van restándole significación a la finalidad de sus funciones. Es decir, progresa el esclerosamiento de su institucionalidad. Y parece de pronto que lo que nació con el fin público de servir, no sirve o sirve mal. Y, sobre todo, algunos reaccionan a determinadas demandas con una actitud defensiva que por momentos alcanza la temperatura de la soberbia. Más claro: algunos se disgustan cuando las exigencias de los destinatarios los obligan a rectificar una decisión errada.

Puedo citar ejemplos. En las últimas semanas un número de televidentes, apoyados por la prensa, lograron que un programa —inadecuado para niños según el criterio discrepante, aunque atractivo para adultos— saliera del horario infantil. La reacción del organismo aludido fue rápida, indudable: accedió a la solicitud de ciudadanos inquietos. Pero mudaron la serie para una hora tan tardía en la noche que casi suele estar en el horario de la madrugada. Pues bien, cómo asumir la elección de hora tan avanzada, apta solo para guardias nocturnos o pacientes de insomnio. Varios lectores me han comentado que la decisión les ha resonado como una frase refranesca: ¿No quieres caldo? Pues… no te doy caldo. Desde luego, pudo no haber sido esa la intención.

Recientemente, un lector consiguió con una carta —que este comentarista entregó en el lugar oportuno— la reparación de una injusticia. Al cabo de las semanas me dijo que estaba sufriendo mucha hostilidad y represalias de parte de aquellos que fueron obligados a rectificar. Y dijo más: casi todos los miembros del consejo de dirección de ese organismo municipal, me miran de reojo, me culpan por las sanciones que algunos sufrieron por mi denuncia.

¿Cómo se llama esa conducta? A mi juicio, es la soberbia que confunde el poder con el abuso. Y el término soberbia no lo empleo en el sentido común de cólera, sino de colérica reacción extrema de quien se autoestima por encima de cualquier error y cualquier corrección.

Podría citar casos en sentido contrario. Mas, me parece que los lectores saben distinguir entre lo positivo y lo negativo. Y si lo positivo nos estimula, nos ofrece confianza, lo negativo nos empuja hacia atrás. Y por tanto, me parece que la crítica ha de dirigirse a los actos que retrancan el avance de nuestra sociedad. Cierto: es recomendable divulgar las acciones constructivas; sin embargo, no creo que estas lleven en sí el poder de neutralizar el efecto de las dañinas. Y sí me parece que estas limitan el alcance de aquellas. Con frecuencia recuerdo una frase de un empresario sabio: Lo malo hace mucho ruido.

La pregunta deriva naturalmente: qué hacer ante el hecho de que un individuo, o dos, actúen de modo que se arroguen la capacidad institucional para aplicar leyes y reglas contra la razón y el orden. Me parece, pues, como me decía un lector, que hace falta una política clara y efectiva. Tan clara y efectiva que cualquiera no pueda continuar creyendo que está por encima de las instituciones. Una política constante y evidente para que ningún organismo, ni ninguna persona dentro de un organismo, pueda proceder contra el espíritu de las leyes y el propósito con que la institución apareció en el organigrama oficial. Y mucho menos actuar con la anuente indiferencia de cuantos han de formar parte de la colegialidad y la democracia socialista.

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    1. 1

      Leonardo Barreras Capote - 19 de Febrero del 2010 10:16:49 CDT

      Excelente comentario estimado Luís y muy actual. En otra ocasión le manifesté que , precisamente, hay un desarrollo de la indiferencia en tanto en cuanto la gente teme por las represalias de quienes son objeto de la crítica y/o consideran que nada va a cambiar. Posiciones muy negativas y peligrosas en una sociedad donde se estipula por ley que todo es del pueblo. Verdaderamente hay muchísimos personajillos que se consideran por encima de la ley o, algo peor, se creen que ellos son la ley, los dueños y los infalibles. El tema que has traido hoy se presta para múltiples enfoques, descripción de experiencias y exigencias de cambios. Cedo la palabra a los demás lectores, despidiéndome con un abrazo y mucho respeto para Usted y para Juventud Rebelde.

    2. 2

      Luis - 19 de Febrero del 2010 12:24:21 CDT

      Coincido con Ud periodista, y mas que aquellos que se creen por encima de lo establecido, es preocupante el caso de otros directivos de empresaas e instituciones, que dictan resoluciones internas, que muchas veces dicen se colegian en un consejo de direccion pero sin previa discusion en la base, a partir de ese momento como es una resolucion ya es de obligatorio cumplimiento sea razonable o no. y yo me pregunto si en nuestro pais se consulta con el pueblo los cambios de la constitucion, por que no ha de ser consultado con la base lo que formara parte de una resolucion.

    3. 3

      julio - 19 de Febrero del 2010 12:32:26 CDT

      Admirado periodista : Usted ha tocado directamente una infima parte de lo que el presidente Raúl ha dicho claramente en sus discursos, hay que velar porque la Institucionalidad del país sea efectiva y yo agrego mas, hay que lograr que las leyes se respeten por todos y para todos, que no hayan dirigentes que se crean por encima de las leyes. Tengo multiples ejemplos donde las leyes son ignoradas -sino violadas- por las administraciones (para no poner los organismos) . Hay un estado de indolencia tal donde se aplican sanciones extemporaneas, excesivas, incorrectas, contraderecho, y después se pisotea cuanta Ley o decreto ley haya fijado los terminos de la misma (los mas violados el Decreto ley 197 y el 196). Creo que usted bien pudiera empezar una etapa en la cual nosotros le aportemos los ejemplos necesarios y verá como empiezan las lamentaciones, pues las violaciones de la legalidad, todas, se hacen con la soberbia que usted narra y ninguna resiste un segundo de analisis publico y todas terninan en llantos de los violadores. Le agradezco por tratar un tema que tan cercano esta de la vida diaria de nosotros y le animo a seguir . Gracias

    4. 4

      Doris García Téllez - 19 de Febrero del 2010 15:45:37 CDT

      Maestro: Me identifico plenamente con su artículo y subrayo: Una política constante y evidente para que ningún organismo, ni ninguna persona dentro de un organismo, pueda proceder contra el espíritu de las leyes. Constantemente hemos visto Resoluciones emitidas por Jefes de Organismos que violan lo que otro Organismo, autorizado para ello, ya legisló y estableció. Sobre eso hay mucha tela por donde cortar, sólo quería apuntarle que, en el terreno económico, el más sensible de estos tiempos, el Principio de la Contraloría se basa en: el cumplimiento de las Leyes y normativas, el cumplimiento del Control Interno y el cumplimiento de los controles económicos y financieros. Y AL QUE LE SIRVA EL SAYO, QUE SE LO PONGA. Gracias una vez más.

    5. 5

      davo - 19 de Febrero del 2010 18:44:12 CDT

      Nuestro país cuenta con una Constitución, numerosas leyes, otros. Me parece que no es un secreto para alguien que no pocas veces la legalidad se viola una y otra vez. ¿No sería interesante que uno o un gran grupos de afectados debidamente asesorados lleven sus casos a los tribunales? Sin importar si la demanda es hacia una empresa, ministerio, muncipio, provincia o cualquier instancia de dirección del país.

    6. 6

      Carlos Alfonso - 19 de Febrero del 2010 23:54:38 CDT

      Sexto: las instituciones se crean fundamentalmente para ponerlas en función de la población, y así de forma ordenada,¨ con una política clara, efectiva, constante y evidente¨ satisfaga los intereses de todos los miembros que integran una sociedad. Desde el momento que los ciudadanos dejen de confiar en sus instituciones estaremos inmersos en el principio del caos… Rescatemos la honra de nuestras instituciones, en ello nos va la dignidad. A continuación les presento una décima al respecto: Siempre una asociación/ debe imprimir seriedad,/ cultivar seguridad/ y aliento a la población./ No perdamos la atención,/ el respeto, el argumento,/ la ley, el conocimiento/ de nuestras instituciones/ que deben dar soluciones/ en pos del mejoramiento./

    7. 7

      obinisa - 19 de Marzo del 2010 16:18:15 CDT

      un artículo de EXCELENCIA. coincido con Leonardo Barreras, este es un tema que da muchisima tela por donde cortar. en otras secciones del JR me he referido al funesto hecho de cómo las instituciones y funcionarios, creyendose estar por encima de la ley, la incumplen en sistemático detrimento del pueblo. considero que es de altisima prioridad el atender el tema de la reinstauracion de la institucionalidad en nuestro pais. actitudes mafiosas como la de esos que se vieron expuestos y sancionados por su artículo están fuera de lugar. si hicieron mal o causaron perjuicios tienen que pagar por ello. no se puede permitir que se continue perpetuando la idea de que si incumplimos 'al final, no pasa nada', o nos llevará a un abismo del que no saldremos JAMAS.

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