24 °C Tengo una disyuntiva: un lector me recuerda que olvidé el pasado 23 de julio seguir el tema anunciado el día 16 sobre «el control popular» y otro, con menos delicadeza, me pregunta por qué creo yo que perdiendo la independencia política se pierde también la posibilidad de la justicia social. ¿De qué escribo? Pues de lo que a mi parecer resulta ahora más necesario esclarecer, que es la interrogante sobre la relación entre dos categorías básicas conquistadas en Cuba por la Revolución.
En ese sentido las dudas no deben de estar generalizadas. Es sabido: la Revolución de 1959 rescató la independencia de la república sometida primeramente al protectorado norteamericano colgado en la percha de la Enmienda Platt. Y más tarde qué se movía en Cuba y qué obtenía que no fuese un dictado, a veces grosero, a veces sutil, de la Embajada de los Estados Unidos. A quiénes pertenecían las fundamentales riquezas, sino a empresas norteamericanas. Incluso, cuando en la década de los años 50 las inversiones comenzaron a desplazarse hacia el sector de los servicios, los intereses estadounidenses, entre ellos los de la mafia, empezaron a apoderarse de hoteles y casinos. En esos años, una de las maestras de barrio a las que tanto debe mi generación nos dijo en el aula: Desde 1902, Cuba está hipotecada; es de los «americanos».
Obvio decir, en fin, que las empresas norteamericanas se nacionalizaron, y que la Casa Blanca no aceptó la indemnización propuesta por el Gobierno Revolucionario —como sí aceptaron otros países, como España—, y los «americanos» abandonaron a Cuba jurando en silencio que volverían. ¿Y si volvieran qué les sucedería a Cuba y a la mayoría de los cubanos? No me acusen de repetir «historias viejas». Lo son solo en apariencias, porque están hibernando con un ojo abierto, atentos a cualquier fisura para retornar a la plenitud.
Imagino, pues, que Cuba pasaría a la condición de archipiélago chatarrero, sucursal o sustituto de Las Vegas, la capital del juego. ¿Alguien piensa que podrá ser distinto? Es muy engorroso, en las 80 líneas de una columna, ser original en este tema. Pero desapareciendo el espíritu y el orden de la Revolución Cubana, los empeños de justicia social se extinguirían abruptamente. ¿Le interesará al capitalismo que vendría en los papeles de los nuevos gobernantes y los nuevos inversionistas, aplicar la igualdad como relación entre las distintas clases y capas, igualdad que garantice las mismas oportunidades a todos en un país pobre?
Lo dudo. Y por ello cuando algún lector —de buena fe o en trance de provocador— me hace recordar que en Cuba también hay problemas, desigualdades, incluso alguna injusticia, y por qué, a pesar de ello, defiendo el socialismo, le respondo que, en efecto, en Cuba hay problemas, carencias, burocratismo, negligencias; no es un paraíso por mucho que la solidaridad de nuestros amigos en el mundo lo crea y lo divulgue. Pero, añado, la Cuba socialista ofrece la garantía que no me dan los que se le oponen: la esperanza de resolver alguna vez los problemas y reparar las injusticias, por nimias que resulten ser.
En cambio, no he leído jamás un artículo, ni oído una declaración de quienes se oponen a la Revolución dentro o fuera de Cuba que aseguren mantener a la nación independiente de los Estados Unidos —¿podrían si reciben el dinero para la subversión del tesoro federal?—, y que se propongan respetar los derechos al trabajo, al estudio, a la salud de la mayoría, sin exclusiones raciales o sexuales. Más bien, su programa se basa en el orden del libérrimo mercado… para el cual tal vez la justicia social sea una referencia ingrata en la experiencia cubana y latinoamericana.
Las esperanzas del socialismo, por supuesto, no han de ser solo ideales, promesas o elementos de doctrina, sino deben convertirse en hechos completamente palpables, generadores de bienestar. El socialismo tendrá que aposentarse en la conciencia, particularmente de las nuevas generaciones, con los efectos convincentes de las ideas realizadas. Lo demás equivaldría a mantener la desventaja entre lo que deseamos y logramos. Ese es hoy nuestro compromiso con la Historia, que nos pedirá cuentas.
Está claro que sin independencia, nadie puede garantizar la justicia social, por que los lobos nunca se han preocupado por el bienestar de las ovejas y eso es lo que son los pueblos que dependen de un gobierno ajeno, presas a merced del predador, en cualquier tiempo ó lugar y llámese colonialismo, neo-colonialismo, protectorado, fideicomiso, estado libre asociado o como se le quiera llamar, que lo que importa no es el nombre, sino la esencia. Es por eso que a TODOS los que vivimos aquí, sin importar raza, credo ni opinión política, nos debería preocupar, ante todo, conservar la independencia por un problema elemental de supervivencia. Todo lo demás puede y debe ser discutible y analizable en función del bienestar de los ciudadanos, la independencia y la justicia social no, por la misma causa.
Hay quien le molesta que le recuerden constantemente la historía pasada y generalmente ello coincide con gente que no saben que cosa es el capitalismo o anhelan tanto vivir en el, que son capaces de sacrificar los principios y valores sobre los que este pueblo ha sustentado esta revolución. Porque ella, no es de nadie en particular, pertenece al pueblo y si este no la hubiera defendido hasta hoy no existiría, ese es el más sencillo analisis que puedo trasmitirle no solo a mis hijos sino a esa generación que toma conciencia, como usted señala "de los efectos convincentes de las ideas realizadas". Estoy convencido que borraremos la distancia entre lo que deseamos y logramos porque ello no es una consigna sino un verdadero compromiso. Nuestra sociedad con su imperfecciones es mucho mas justa que muchas de aquellas que algunos pretenden establecer. Tengo mucha fe y confianza en que nuestros problemas, desigualdades, e incluso alguna que otra injusticia estan llamadas a desaparecer, porque como dijera nuestro Comandante en Jefe yo tambien tengo fe en el mejoramiento humano.
Es sierto, sin independecia no hay justicia social y cohincido con usted en que los esperanzas del socialismo no pueden estar basadas en sueños, ni promesas, sino en hechos contundentes y como joven revolucionario que soy le doy plena seguridad que la juventud no escatimara esfuersos ante ningun problema y menos nos aminalaremos por suspuestas amenzas del imperio.
Quisiera preguntar al moderador porque algunos comentarios aún cuando cumplen todas las normas no son publicados.Soy asiduo lector de Luis Sexto por sus articulos llenos de claridad y últimamente algunos de mis comentarios no se han publicado y viendo que en este articulo hay solo tres comentarios cuando lo normal es que haya muchos más, me atrevería a decir que se han dejado de publicar muchos más de otras personas. Ojalá que este pedacito de debate no corra tan mala suerte.