Coloquiando

La geometría democrática

Vuelto del descanso, encuentro un mensaje que me apremia a retomar un tema con este juicio, más bien señuelo de delicada provocación: «No se puede hacer socialismo sin control popular». Yo también así lo creo. Y quizá, como confiesa el lector remitente, tampoco podré explicar profundamente en qué consiste «la horizontalidad de la democracia socialista», frase con la que, hace poco más de dos semanas concluí, prometiendo seguirla, mi nota titulada Arenas movedizas (16 de julio).

Y movedizo es, casualmente, el tema de la democracia, cuya raíz griega habla del pueblo y su participación en el gobierno y los asuntos públicos. En otros países —lo sabemos— el pueblo solo es factor en las elecciones, que han devenido sinónimo estricto de la democracia. Refirámonos, por ello, a nuestra democracia, de intenciones socialistas. Y esta condición va más allá de la definición clásica de «Gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo». Porque, en el socialismo, además de ejercerse con el pueblo como destinatario y ejecutante —sujeto y objeto—, la democracia implica que aquel controle, supervise la gestión de gobierno… Es a ese papel al cual me refiero cuando en términos geométricos aludo a la horizontalidad democrática como contrapeso de la verticalidad.

Según cierta práctica, los métodos verticalistas reducen la efectividad de la democracia del socialismo. Citemos las asambleas de rendición de cuentas. No pocas han derivado en apresurados intercambios de quejas y de respuestas, que en ocasiones no lo son. Y en este o aquel lugar, el delegado, que se somete al juicio de los electores, considera, en cambio, que él ha de pedir cuentas a cuantos expresan necesidades no solubles por el momento. Uno, por supuesto, esquiva los juicios inapelables, absolutos, pero no creo que ignoremos la pérdida de efectividad de parte de esas asambleas —muy propias del sistema político cubano—, cuyo papel protagónico han de ejercer los electores, no como en una especie de muro de lamentaciones, sino como la plaza pública donde se analicen y se expliquen las imperfecciones de la comunidad.

Extendiendo el análisis, podemos preguntar si en las asambleas municipales del Poder Popular los delegados son conscientes de su mandato y poder. ¿Acaso reparan en que esa forma colegiada y democrática de gobierno local surgió como garantía de que no se puedan dilapidar, distorsionar, violar recursos, medidas y leyes sin que los representantes de los electores señalen, adviertan, critiquen, a tiempo, y desaprueben errores y desviaciones?

Ante las deficiencias e inconsecuencias, lo atinado sería, a mi parecer, recuperar la plenitud de esos espacios democráticos. En las actuales circunstancias en que se ha declarado oficialmente la búsqueda de fórmulas que enrumben a la sociedad cubana hacia los valores de la eficiencia y la efectividad, no parece oportuno buscar otras opciones cuando, en realidad, las concebidas no se aprovechan cabalmente.

Y porque no estimo inevitable una pelea entre la horizontalidad y la verticalidad, creo más bien en la soldadura solidaria entre esos planos. Ambos han de sostenerse. Una línea vertical sin cortar la horizontal en el medio implica la pérdida del equilibrio, como la hoja de un cuchillo que cae al carecer de sostén. Y a la inversa, la horizontal sin la vertical, flota en el aire, como a la deriva.

Este es, en metáforas geométricas, el dilema, que no solo reclama respuesta en los medios de administración y gobierno, sino también en las relaciones productivas y laborales. Qué lograron, en verdad, las asambleas de producción o de servicios. Mi experiencia sugiere que no todas las efectuadas funcionaron como control popular, ni sindical, variante de aquel; quedaron por lo general a medias. Por lo habitual, una voz sobre todas dictaba lo que se podía decir y lo que se debía callar, en una concepción administrativista que exaltaba la verticalidad y la distancia burocráticas. Entre tanto, como paradoja, nuestra mentalidad promedio, condicionada por la rigidez de ciertas estructuras y conceptos, demuestra no estar totalmente apta para conjugar las diferentes pero complementarias líneas y formas geométricas del control popular. Habrá que ir, pues, a examen extraordinario…

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