La espina y el campo

Luis SextoLuis Sextosexto@enet.cu
31 de Marzo del 2011 23:01:12 CDT

El correo postal trajo al comentarista esta espina: «Por qué usted y los demás periodistas, junto con tanto oficinista, no se van a trabajar al campo». Podría responderle groseramente. Pero comprendamos que el mencionado lector quizá piense que la insuficiencia agrícola del país se resolvería convirtiéndonos a todos en agricultores.

Mi airado corresponsal no se percata de que hace unos años dejamos por semanas y meses oficinas y redacciones, incluso fábricas, y el problema continuó pendiente de solución. En lo que atañe al periodismo, la sociedad necesita también de la prensa y de la cultura, también de las oficinas, para funcionar y desarrollarse armónicamente. Por supuesto, si abunda lo improductivo por sobre lo productivo, se establece un desbalance perjudicial. Y admitiéndolo, este comentarista reformularía la conminación recibida de esta manera: ¿Por qué ciertos habitantes del campo no trabajan en la agricultura? Una encuesta de principios de los 90, detectó que en municipios agrícolas solo el uno por ciento laboraba en faenas de la tierra.

A partir de esas preguntas y esos datos quizá podríamos comenzar a pensar con más tino sobre las causas de la baja explotación de nuestras tierras. A mi parecer, la fobia contra el campo ha sido una constante en la historia de Cuba. No le atribuyamos ese mal a la Revolución, a la que tantas culpas ajenas le hacen pagar ciertas visiones equívocas y sobre todo la propaganda de los enemigos del socialismo. A los revolucionarios, cierto, nos corresponde una parte de responsabilidad por haber enfatizado en la concentración y la centralización de la tierra. Pero desde hace siglos una campana de maleficios cubrió al campo. Los terratenientes —tanto en la colonia como en la neocolonia— jamás trabajaron los latifundios que alegaban poseer legítimamente: explotaron y abusaron de esclavos y de campesinos.

Por lo común, el campo no fue bien visto ni como paisaje. Por mucho tiempo, preferimos los días de playa a los días de campo para las vacaciones. Mirábamos más al horizonte del mar que a las azuladas neblinas del llano o la montaña. Súmele además que el trabajo era la demanda más apremiante de la población rural según la encuesta de la Agrupación Católica Universitaria, en 1957. Y la falta de oportunidades laborales, por tanto, obligó a migrar hacia las ciudades. Los móviles se mezclaban entonces. Muchos íbamos hacia la capital para evadir el destino de «hozar tierra», o procurar mejor vida. Entonces había también otras razones: qué médicos, qué escuelas en el pueblito remoto o en el caserío pobre… Y por todo ello, a mi modo de ver, el campo ha arrastrado un ¡solavaya! hereditario.

Tradicionalmente nos ha distinguido la pretensión de ser graduados universitarios. Uno de los escritores que con más certeza ha estudiado el carácter nacional, Jorge Mañach, escribió en 1930 que en los cubanos predominaba, al margen de circunstancias económicas familiares, el «prurito profesional»; los padres, incluso los más pobres, querían que sus hijos fueran «doctores». En lo personal, mamá nos entretenía de niños con ese sueño. En fin, el campo ofrecía muy poco.

Parte de la solución del conflicto radica, pues, en que acabemos de una vez de aceptar que Cuba es un país esencialmente agropecuario, y que el agricultor ha de ser tratado como el trabajador más importante del país, porque de ellos depende la base alimentaria de la población, y la eliminación de importaciones que desgastan el tesoro y aumentan nuestra vergüenza. Cará, mire que comprar frutas, o vegetales, y granos en el extranjero… Así podría decir uno de esos guajiros, no muchos, evidentemente, que hacen producir su tierra, amándola como raíz de creación.

Por tanto, habrá qué empezar a considerar al trabajador agrícola —sea campesino, o cooperativista, o asalariado, o usufructuario del Decreto Ley 259— como el trabajador básico de la economía cubana. Y para ello, hemos de vincular su vida a lo que cultiva, estimulando su bienestar y cediéndole autonomía, esto es, capacidad de decidir cómo hacer y qué hacer, aunque los intereses nacionales lo orienten. Y además se le respete pagando a tiempo, y con justicia, el producto del trabajo y distribuyéndolo con efectividad. Respeto genera respeto.

¿Ignoramos acaso que la agricultura no puede ser terreno de burocracia, sino atmósfera de confianza, a salvo de papeles cazamoscas donde se empantanen la necesidad y el deseo de trabajar? Si lo ignoráramos, el campo podría continuar padeciendo el síndrome de «pa’paisaje, L’abana».

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    1. 1

      nsf - 1 de Abril del 2011 3:15:54 CDT

      Cierto lo que ud dice y dejando de un lado los criterios politicos, antes del 1959 habia mas o menos hombres y mujeres trabajando la tierra que despues? Mi criterio personal es que el trabajo voluntario en el campo a la escala que se hizo no fue productivo ni muy educativo...el trabajo en el campo es duro, durisimo y en todos los sistemas ,todos , es mal pagado.gracias

    2. 2

      pepe - 1 de Abril del 2011 5:18:39 CDT

      Todavía recuerdo la época en que se importaba pepinos, tomates, col y habichuelas enlatadas desde Bulgaria. Nunca pude entender cómo era posible que un territorio como el nuestro tuviera que consumir productos agricolas procedentes de tan lejano lugar, con los costos en transporte que ello acarreaba, cuando se podían producir aquí, pagarles un buen precio a los productores y además, ahorrar. En mi opinión la política agraria ha sido errada desde hace muchos años. Primero, se erradicó el latifundio. Bien. Se electrificó los campos, se llevó la educación y los servicios médicos a los lugares más intrincados. Muy bien. A la vez, surgió una maraña de prohibiciones, que frenaban la comercialización de los productos del agro, y esto, a mi entender, ha sido una de las causas principales de la situación actual. Me crié en el campo, y recuerdo muy bien que mi padre sembraba viandas, criaba ganado, producía frutas. El único límite era su capacidad para producirlas. Nadie lo paraba en ninguna carretera para registrar qué llevaba al pueblo. Precisamente esa guerra contra las "ilegalidades" ha contribuido a que nuestros campos estén hoy cubiertos de marabú. El hecho de convertir lo que era normal y natural, que consiste en que quien produce pueda vender libremente lo producido, ha ocasionado, en mi opinión, la actual ruina del campo. Las movilizaciones hacia la agricultura, de las que personalmente participé muchas veces, han demostrado no ser ni paliativo ni solución del problema. Es absurda la idea de que enviando a los profesionales de otras ramas a trabajar en el campo se vaya a solucionar nada. Estoy seguro de que hay cientos de miles de personas dispuestas a trabajar la tierra, siempre que ello les permita obtener ingresos decorosos. Y creo que desde el punto de vista económico sería mucho más ventajoso el liberar la producción y comercialización de los productos del agro que invertir en costosas importaciones. No se necesita ser economista para entender esto. Ojalá que aquellos en cuyas manos está el resolver estas cuestiones interioricen estas ideas.

    3. 3

      Daniel Noa - 1 de Abril del 2011 8:55:38 CDT

      No al grosero. Es inaudito que aún haya gente con semejante osadía ante usted. Permítame parafrasear un fragmento de carta de Martí a su madre....cuando dijo...Si esclavo de mi fé y mis doctrinas tu mártir corazón llené de espinas, piense que nacen entre espinas rosas.....Y Usted, maestro Luis, es todo un rosal que por el puño echa flor....Infelices los que no le conocen nada ni de su obra escrita a pie de centrales y olor a caña o en las sabanas de Guanacahabibes...y de su labor aleccionadora a jóvenes y viejos desde esa columna coloquial que no se erige en altura sino en ras junto a todos los que queremos mejores cosas para nuestro país...sin destilar bilis. Eso no es disenso, es irrespeto.

    4. 4

      Robe77 - 1 de Abril del 2011 11:38:55 CDT

      Coincido con su comentario pepe y a esto se podría agregar mucho más, con el triunfo de la revolución hicimos la reforma agraria, muy bien, pero después con el tiempo cambiamos a los terratenientes por la concentración de la tierra en poder del estado, y a pesar de no ser un explotador como los terratenientes no fue eficiente y pagaba muy mal igual a sus trabajadores, y este fue otros de los motivos por los cuales hoy muchas de las familias descendientes de campesinos como la mía no cuente con descendientes ocupándose de las tierras.

    5. 5

      Evaristo Pascual - 1 de Abril del 2011 11:46:20 CDT

      Suscribo lo que dice Pepe. Ademas, como bien dice Don Luis,en epocas pasadas se emigraba a las ciudades porque faltaba el trabajo. Solo aclaro que aquello se producia no porque los campos estaban llenos de marabu, sino porque quienes trabajaban la tierra la hacian producir. Lamentablemente, el marabu y las tierras ociosas en un contexto de desabastecimiento cronico del mercado es un fenomeno de nuestros dias. El trabajo de la tierra, como cualquier otro trabajo, tiene que estar debidamente remunerado. Las prohibiciones de todo tipo, eliminadas. que se permita el cultivo y comercializacion del cafe, por ejemplo; o de la ganaderia, para poner dos cosas bien deficitarias y ya veran que tendremos carne . Hoy tenemos menos ganado vacuno que en los sesenta/

    6. 6

      toyo55 - 1 de Abril del 2011 12:47:55 CDT

      En mi humilde opinion son los mecanismo de mercado quien distribuye la fuerza laboral.El pais hace muy bien en priorizar el campo.Aquellos "Doctores" que que no rindan no les quedara de otra que ir donde lo hagan,pues los conocimientos,aunque muy utiles no sirven de nada sino se utilizan y primero hay que comer para despues pensar

    7. 7

      mel - 1 de Abril del 2011 12:59:01 CDT

      Pepe (2), tu comentario no tiene desperdicio. Yo pensaba opinar, pero tú lo has dicho todo. En resumen sólo digo: "Acopio y las restricciones han destruido la cultura agropecuaria cubana". Una lástima, en un país con tantos recursos de suelo y climáticos.

    8. 8

      Modesto Reyes Canto - 1 de Abril del 2011 13:13:07 CDT

      Entre las razones de Luis y Pepe,en casi todos los aspectos,falto ponerle nombres absurdos como aquello del Cordon de la Haba. Banao,donde estaba la uva,la pera y la manzana todos mas acidos que cualquier limon criollo.Y que decir del famoso Cafe Caturra que para sembrarlo ordenaron a la gente a tumbar todo lo que tenian sembrado?Y cuando se dio por cruzar el ganado y hacer una coleccion de los llamados F(parecia que tenian nombres de aviones de guerras norteamericanos)y que a la larga ni daban leche ni carne.El campo hay que dejarselo trabajar a los campesinos que saben realmente que hay que sembrar y cuando.Saludos:Modesto Reyes Canto.

    9. 9

      Andrés - 1 de Abril del 2011 19:05:23 CDT

      Luis, usted es un escritor franco y bienintencionado, además de un gran ilustrado cubano. Es cierto que nuestra agricultura debe ser rescatada de la improductividad. Nuestra historia de latifundios y centralizaciones bien amerita su excelente comentario. Respecto al periodo post-59, mi viejo me contaba mucho de aquello del cordón de la Habana y de los cruzamientos fallidos. Es cierto además que Acopio y otros mecanismos han sido más obstáculo que ayuda a la agricultura. Las nuevas leyes de cesión de tierras son, por ende, un acierto y una necesidad. Sin embargo, permítame usted; y parte de los foristas, discrepar modesta y respetuosamente en un punto: Se trata del punto de aceptar que Cuba es un país esencialmente agrario. Bueno, lo es, como también es cierto que las actividades productivas deben primar sobre las no productivas. Pero no creo que la agricultura deba ser considerada como la principal actividad productiva del país. La agricultura como actividad es poco productiva si no funciona junto a otras. No importa cuán productivos sean los agricultores, no llegarán muy lejos con gente que no pueda pagar los precios que ellos ponen(con ó sin control de Acopio). Si los precios bajan mucho, entonces se desestimula la producción agrícola. No es raro que la mayor parte de las hambrunas ocurran precisamente en países agrarios. Este círculo vicioso se rompe estimulando industrias de alto contenido tecnológico. Es este tipo de sectores el que eleva la productividad media de un país. Sin eso, nuestros agricultores no progresarán mucho. Desde luego, el campo cubano ha funcionado tan ineficientemente que un incremento en el uso de las tierras productivas sin cultivar va a incrementar a corto plazo la eficiencia del sector. Pero a mediano y largo plazo, necesitamos la conjunción de la industria. No es enviando a los doctores al campo como se resuelve el problema. Un doctor, un ingeniero ó un técnico dejan de tener sentido, no importa cuán bien educados estén, si no existen sectores productivos de alta tecnología dónde realmente puedan rendir. Cuba es un país con tierra fértil y buen clima. Esto ciertamente bien puede ser una suerte , pero puede convertirse rápidamente en una desgracia si lo aceptamos como nuestro destino natural. Si lo vemos así, nunca saldremos del subdesarrollo y además, paradójicamente, tendremos un sector agrícola ineficiente. Contradictoriamente, en mi opinión, la salvación de la agricultura está en industrializar el país.

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