25 °C Un estudiante de Periodismo me pidió con fines docentes mi opinión acerca del impacto de las nuevas tecnologías en la prensa; nuevas tecnologías que en términos menos eufemísticos se relacionan con las técnicas y los medios digitales. No me siento apto —dije— para emitir una respuesta confiable. A duras penas me he adaptado a utilizarlas medianamente.
Por supuesto, el alcance de mi profesión se ha ampliado. Utilizo un weblog como prolongación del trabajo periodístico. Y poco a poco he aprendido a emplear parte de las herramientas para aderezar un texto en el lenguaje digital. Tengo, sin embargo, el criterio de que las nuevas tecnologías, si facilitan, agilizan y multiplican los lenguajes y su influencia, no consiguen que seamos esencialmente mejores. Posiblemente, les esté diciendo una obviedad. Mas, me pregunto: ¿somos más profundos en nuestros análisis, más amenos e interesantes en la forma, más certeros en las estructuras con las nuevas tecnologías?
No se suponga, sin embargo, que soy enemigo de los avances, más bien acelerones del desarrollo. Ya reconocí que los utilizo. Pero si el mensaje se compone más rápidamente y llega también más velozmente, no significa que sea superior en su cualidad esencial. Y por ello, junto con las nuevas tecnologías, tendremos que emplear como soporte de aquellas a «las viejas tecnologías» del oficio del periodismo y la comunicación, y del inexcusable oficio del convivir.
Ha de alarmar lo que hace poco me comentaba una alumna del último curso de una licenciatura relativa a las letras. Asistió a pruebas de ingreso para aspirar a cierto sector laboral luego de graduada. Y muchos de los aspirantes no pudieron responder a demandas de cultura literaria como: mencione una obra de Alejo Carpentier o diga el nombre del director de Lucía. Y hablamos de alumnos del quinto año de diversas carreras universitarias.
Por tanto, me inquieta que nos afanemos en dominar las nuevas tecnologías, necesarias y convenientes, y echemos a un lado tecnologías tradicionales como el libro, el cine, el teatro, el contacto con los periódicos, y la historia. A mi modo de ver poco especializado, las limitaciones que le son inherentes al conocimiento de los especialistas, por la reducción y precisión de su universo, han de trascenderse mediante referencias culturales integradoras. Aún no olvido a aquella médica que, al comentar determinado síndrome, terminó haciendo alusión a La Celestina. En esa obra, un personaje mostraba esos síntomas tan raros…
Vengamos a enumerar cuántos podríamos asociar fenómenos disímiles y hallar en una pieza clásica vínculos con problemas de la actualidad. No quiero equivocarme por más, ni tampoco por menos. Pero si la escolaridad nos distingue, la cultura y sus valores no nos favorecen de modo general. Porque estamos sustituyendo —no combinando— el cine con el video, y parejamente las telenovelas aplazan la literatura, y la estridencia silencia casi la música, y la grosería se impone como expresión de libertad artística y de otras libertades, y las notas de clase o una ojeada a un buscador de la Internet dejan sin empleo al libro.
¿Acaso esas manifestaciones no nos causan la sensación de que en vez de ascender al gusto del pueblo, intentamos rebajarlo con inventos y petulancias a los que les ponemos el marbete de «gusto popular», de modo que viene a recibir esta tan respetable como irrespetada categoría, todo el descrédito de lo populachero y lo primitivo? Así, impunemente. Como si fueran comparables y compatibles nociones como el vuelo del águila y la altura del papalote, o el decoro del pueblo y las cañerías sanitarias.
Tampoco dudo que la ética se moje con el agua albañal tirada a las calles. Quizá no sea tan exacto que yo piense que el arte, la literatura y la cultura en su alcance mayor y más general, puedan gestarse, consolidarse y reproducirse al margen de los preceptos, las leyes y las costumbres. Bien visto, sin embargo, el contenido ético beneficia a la cultura, como a la vez esta beneficia a la ética.
Resulta, pues, que la cultura, así, tan multilateral y decorosamente abierta, ayuda a las personas a humanizarse. Y la otra, la que vende el descoco como arte de buena maña, solo coadyuva a «hominizar» a nuestra especie. Dicho en otros términos: o articulamos a un ser humano progresivamente más culto, más ético, o en cambio solo tendremos expertos en apretar teclas con la mano opuesta al corazón.
Amigo Luis, coincido con usted, lo mejor sería una adecuada articulación entre ciencia, cultura, razón, alma y corazón. Quisiera tener el último modelo de celular, navegar en Internet, tener en mi cuarto la señal satelital, y hasta etcétera. Pero de qué me vale, si mi diálogo está repleto de chabacanería y vulgaridad, si lleno las páginas de errores ortográficos, si no puedo narrar sucesos de mi rica historia patria, si con mi "desarrollo" le corto las alas a Giselle, para que no baile El lago de de los cisnes.
Sencillamente excelente estas reflexiones de hoy estimado Luís. No encuentro nada que agregar, salvo que estoy 100% de acuerdo. Saludos para Usted y JR.
Amigo Luis, usted me ha hecho recordar a un profesor que decia, "la Maquina embrutece al hombre", el nunca permitio en un examen que se llevaran calculadoras, los calculos habia que hacerlos a punta de lapiz y manifestaba que eso era necesario en el proceso de aprendizaje porque si en algun momento no contabamos con maquinas para resolver un problema siempre tendriamos a mano los conocimientos que llevabamos en la cabeza, y ahora le refiero una anecdota que en mi vida personal le dio la razon a este profesor, estando en una actividad familiar alguien propuso juagar domino, yo realmente pongo fichas pero no soy un jugador, al cerrarse la data, ponen frente a mi las fichas para que cuente, que momento mas desagradable, cuando me puse a valvusear mentalmente 2+3,5 mas 4, 9, y salto un anciano que obeservaba y dijo: hay 123 tantos no se para que estudiaron tanto si no saben contar. Luego me he puesto a observar y es cierto todo lo estamos dejando en manos de las maquinas, ya en la oficina nadie saca cuentas, usted pregunta cuanto es dos por dos y la mayoria va a coger la calculadora, ya no pensamos, actuamos como automatas, es mas facil ver el Quijote en dibujos animados que leer el libro, pero por ahi entraron y estan entrando la vision que se nos quiere dar del mundo y el punto de vista del que realizola pelicula, que a veces obedece a distorciones y maquinaciones intencionadas, como dijo alguien "las cosas que ocurren en el mundo no son solo las que publica CNN y hay quien piensa que si no lo dice la CNN no es cierto.
La cultura,amigo Luis,no podemos mirarla con mentalidad arqueologica.Aunque no se crea,hoy dia se venden muchos mas libros,de todos los temas habidos y por haber,que unas cuantas decadas atras.Los jovenes actuales si leen y los que estudian de verdad se preparan mucho mejor y con mas informacion,gracias a las nuevas tecnologias,que la que tuvimos nosotros a nuestro alcance.Si los que ya peinamos canas y a veces ni eso,no nos adaptamos al presente,perecemos antes de llegar al futuro.No dejo de reconocer que su coloquiar de hoy dice muchas verdades pero,no se puede afirmar nostalgicamente que,todo tiempo pasado fue mejor.Un abrazo: Modesto Reyes Canto.
Estimado senor Luis,para mi esta muy claro que las preocupaciones expuestas en su trabajo son absolutamente legitimas.Sin enbargo,la mediocridad y la falta de rigor en la labor peridistica no tienen mucho que ver con la introduccion y uso de las nuevas tecnologias. A fin de cuentas,esas nuevas herramientas sirven para facilitar y acelerar la labor de la prensa y,desde luego,no sustituyen el talento y la dedicacion de los periodistas.
Estoy totalmente de acuerdo con los criterios de Modesto y José Omar. Por supuesto que no son las nuevas tecnologías las que "consiguen" hacernos esencialmente mejores, sino la capacidad que logremos desarrollar de aprovechar todo lo que nos ofrecen. Soy del criterio de que indiscutiblemente contribuyen a que nuestros análisis sean más profundos y a un sinfín de cuestiones más, gracias al gigantesco volumen de información al que se puede tener alcance.
Hay que hacer recordar, sobre todo a Modesto, que no he leído en el texto que el autor haya querido decir que todo tiempo pasado ha sido mejor o que mire con nostalgia el pasado. Me parece, como la mayor parte de los comentarios, que el autor nos advierte que si bien las nuevas tecnologías nos hacen más rápidos, no podemos olvidar la cultura y los medios de adquirirla. Nadie puede decir, sin un sondeo, que los jóvenes leen más en la actualidad. Sin emabargo, Sexto demeustra que un examen de ingreso de jóvenes universitarios muchos no pudieron responder preguntas que tenían que ver, necesariamente, con la lectura. A veces no hay palabra mal dicha sino mal interpretada.
Estimado Pedro Jose y tambien un ramalazo para el yo soy amigo de Luis:Si la cultura de un pais depende de conocer a Alejo o al director de Lucia,estamos muy fastidiados,por no escribir la palabra que escribiria cualquier cubano que se sintiera algo “cuqueado”.Marti,ese que supo reunir a los de aqui y los de alla,depende en la orilla que se este a la hora de medir distancias fisicas de la patria de todos los que en ella nacieron,que el sabia ser arte entre las artes y monte entre los montes.Se imagina usted,o Luis,que para medir el conocimiento cultural de un estudiante se le preguntara por alguien,en cualquier rama de nuestra cultura,que se hubiese marchado,por sus razones y legitimas todas,dejando atras un gran legado cultural,quien era ese ser cuyo nombre fue borrado de todo texto donde por derecho propio como cubano debia aparecer?.Creo,estimado Pedro,que usted no entendio,o mal lo interpreto,lo que escribio Luis o mi humilde opinion.Eso si,su ultima frase la utilizaban los guapos de mi barrio cuando ya a nadie le metian miedo.De todas maneras lo felicito por su intento.Saludos: Modesto Reyes Canto.