Desde abajo

Luis SextoLuis Sextosexto@enet.cu
26 de Enero del 2012 23:41:02 CDT

A la distancia de 159 años, Martí y su obra tal vez pudieran encarar un peligro: fondear en las ensenadas de la clarificadora investigación académica, o la sugestiva interpretación ensayística, sin adentrarse en las aguas de la conducta y los enfoques prácticos.

¿Escandalosa, injusta, subjetivista esta frase? Para quien crea que la palabra escrita causa daños similares a los de un terremoto, quizá le parezca una herejía lo dicho.

Y por qué, pues, me someto a ser mal juzgado. Porque, aunque escriba en el espacio temporal de lo posible, por momentos uno percibe que la invocación martiana se localiza en los más fervorosos divulgadores o estudiosos, sin que en los pisos de la conciencia común, o en las demandas ideológicas o teóricas para esclarecer problemas prácticos, el fondo y la forma se apoyen en el pensamiento y la ética del Fundador de la república. Esto es, Martí a veces no es invocado como un modelo apto para hoy.

Para hoy, en efecto. Recientemente, el escritor Eduardo Galeano nos adelantó en uno de sus Espejos, una anécdota referida a Martí en la que el personaje que define al cubano insurrecto —el abuelo, y no el padre de don Fernando Ortiz— lo calificó de cubano «mulato por dentro». La expresión era ofensiva, tono predominante en el integrismo español, sobre todo en aquellos últimos años del siglo XIX. Sin embargo, el odio, que en ciertas ocasiones atraviesa zonas de lucidez al intuir el calibre del odiado, no impidió que el juicio fuera exacto. En la conciencia martiana ya se prefiguraba el mestizaje, la mulatez, como el definitivo color cubano, ese que está por encima y dentro de los variados accidentes cromáticos de la piel; ese color que supera el siempre menguado concepto de raza y que nos empareja a todos en la identidad de ser cubanos. Martí captó y vivió las esencias y las diferenció de las apariencias. Y sintetizó una frase que debemos recordar con más frecuencia: cubano es más que negro, más que blanco…

Hoy, vísperas del natalicio del Apóstol, es pertinente desear que Martí alumbre con más extensión e intensidad el discurrir y el actuar de Cuba. Evidentemente, cuanto hacemos hoy puede incluirse en la filosofía de la praxis. Ello significa, por tanto, modificar nuestra sociedad para convertirla en una entidad racional, apta para discernir hoy lo posible de entre las aspiraciones de mañana, permaneciendo como proyecto de liberación y de mejoramiento.

Durante más de dos décadas, nos hemos dedicado a sobrevivir. Pero, según mi enfoque, si la supervivencia no implicara crecer, entonces hemos de hablar de congelación, o de pataleo en pantanos movedizos. Y ha habido quienes, en lo personal, han recalado en la indignidad para existir más cómodamente. Se han justificado con las carencias. Pero la subjetividad no es una niña muerta en brazos de las circunstancias; tiene su fuerza. Y por ello, en las concepciones prácticas del presente, ha de alumbrar la ética martiana. La praxis de Martí se fundamentó en valores que componen la base de la eticidad nacional. Hace poco, en mi blog —página en Internet de índole particular y profesional— un lector de Miami se reía del comentario en que otro lector decía que los pobres eran un valor de la historia de Cuba. Y el cubano del Norte —y la alusión no es geográfica, sino política— se burlaba, porque quizá había olvidado que José Martí quiso echar su suerte con los pobres de la tierra.

Por mi parte, creo que la pobreza material es un desvalor, aunque en las últimas dos décadas haya sido una expresión de resistencia del pueblo a perecer como unidad, como nación. Pero aquel comentarista aparentemente ridiculizado en mi blog —un patriota— se refería a la pobreza de espíritu como valor de nuestra cultura, esa «pobreza» de índole moral que se opone a la avaricia, el egoísmo, el deshonor, y la indiferencia por la suerte del prójimo o compatriota o conciudadano del mundo.

Juntando, pues, la praxis marxista, cuya base teórica ha de saber qué conviene hacer hoy, desembarazada de la máscara de hierro del dogma; juntándola, digo, con la ética martiana podremos, sin sacralizar el pasado, seguir atemperando nuestras decisiones al concepto preanunciado por Félix Varela y sintetizado por Martí, de que la patria es ara, piedra ante la que hemos de inclinarnos en actitud de servicio, y no pedestal, promontorio donde poner y empinar nuestros pies para mirar hacia abajo, a pesar de que los índices más perdurables de la historia de Cuba recomiendan mirar desde abajo hacia el frente y atrás, en fin, hacia los lados.

envíe su comentario

  • Normas
  • Los comentarios deben basarse en el respeto a los criterios.
  • No se admitirán ofensas, frases vulgares ni palabras obscenas.
  • Nos reservamos el derecho de no publicar los que incumplan con las normas de este sitio
    1. 1

      Alfredo Viamonte Marin - 27 de Enero del 2012 5:44:25 CDT

      Hermoso comentario el del hoy mi caro Luis. Martí escribió y escribió mucho, dejándonos un legado maravilloso. El problema es la interpretación de lo que el escribió: Muchos lo interpretan con la mejor de las intenciones, otros ni tanto. Lo cierto es que el pensamiento martiano, fruto de una época, como el legado de todos los grandes pensadores, fue mucho mas allá que el momento histórico que le toco vivir y es ahí que reza su actualidad. Si realmente aplicáramos el pensamiento martiano a nuestro día a día, la vida seria mucho más bonita. Pero la triste realidad nos muestra que muchas veces se aplica a conveniencia y no a conciencia. Existen muchas contradicciones entre los clásicos marxistas y la obra de Martí, pero las contradicciones son el motor impulsor de la sociedad, y de la misma forma existen también muchas coincidencias. En lo personal creo que el hecho de haber tenido a Martí nos deja en una posición de ventaja, cabe a nosotros todos, hacer la mejor lectura, interpretación y aplicación práctica del pensamiento de nuestro Apóstol, sin segundas o terceras intenciones. De la pobreza material uno se puede recuperar, pero de la pobreza moral, nunca. Crecer materialmente, pero sin espíritu, es lo mismo que nada. Coincido en que debemos mirar desde abajo hacia todos los lados, pero también hacia arriba y al igual que Martí prefiero echar mi suerte con los pobres de la tierra. Un buen final de semana

    2. 2

      toyo55 - 27 de Enero del 2012 6:08:35 CDT

      No creo que la pobreza material tenga ningun merito en si misma,como tampoco lo tiene la riqueza:Son condiciones economica.Hay personas decentes ricas y pobres ,como las hay delicuntes.Pero de lo que estoy seguro es que el que vive en la pobreza quisiera salir de ella,si no es por el,por sus hijos, y es trabajo de los gobiernos crear las condiciones para que los pueblos mejoren su nivel economico.Naci y me crie en una pobreza casi absoluta pero en una familia con altos valores,hoy no tengo problemas materiales y mis valores no han cambiado por eso,pero no siento ninguna culpa por vivir mejor, gracias a mi trabajo y esfuerzo personal

    3. 3

      Modesto Reyes Canto - 27 de Enero del 2012 7:04:34 CDT

      Como escribe el Amigo Viamonte Marin "el problema es la interpretacion de lo que el escribio",por conveniencia muchas veces,agrego.Pues lo que ha sucedido y aun sucede, es que Marti ha sido utilizado como pedestal y su ideario tergiversado para lograr objetivos personales mesquinos en nombre de la patria que soñó él.Muy refexivo su coloquiar de hoy,Amigo Luis.Un abrazo:Modesto Reyes Canto.

    4. 4

      Jose Diaz - 27 de Enero del 2012 7:37:52 CDT

      Saludos Luis me gusto mucho su escrito pero como cambian los tiempos ahora hablamos muchos de valores y pensamientos martianos cuando hace unos anos atras solo se hablaba de marxismo-leninismo, nos olvidamos un poco de nuestro apostol y su legado a la nacion cubana . Me alegra volvimos a los valores y pensamientos martianos, yo que vivo en Tampa, Florida visito mucho el club Marti- Maceo en esta ciudad y soy un fiel seguidor de su pensamiento y valores.Estoy de acuerdo con lo que escribe el forista Alfredo Viamonte y lo felicito por su escrito. Un saludo Jose

    5. 5

      Demetrio Peralta - 27 de Enero del 2012 12:34:15 CDT

      No se realmente como pueda existir alguien para quien las palabras de Martí signifiquen un peligro. Hombres deben ser ellos carentes de amor a la patria, sin decoro, ni honestidad, faltos de ética, e insensibles ante la virtud y la ofrenda de la vida de nuestros héroes y mártires, insensibles ante la injusticia y ante la ternura y belleza de un niño o el color y perfume de las flores, o la belleza y amor de una mujer, todo eso y mucho mas encuentro yo en obras martianas, y en cada frase o pensamiento la sabiduría útil para todos los tiempos. Su tolerancia y aceptación condicionada del socialismo, con la información que en su época tuvo de esta corriente ideológica y su personalidad de poeta y hombre de gran espiritualidad, lo encontré yo en estos pensamientos o fragmentos suyos: ". Por lo noble se ha de juzgar una aspiración: y no por esta o aquella verruga que le ponga la pasión humana. Dos peligros tiene la idea socialista, como tantas otras: —el de las lecturas extranjerizas, confusas e incompletas— y el de la soberbia y rabia disimulada de los ambiciosos, que para ir levantándose en el mundo empiezan por fingirse, para tener hombros en que alzarse, frenéticos defensores de los desamparados. «Debemos morir por la libertad verdadera, no por la libertad que sirve de pretexto para mantener a unos hombres en el goce excesivo y a otros en el dolor innecesario» «Hombres como usted y como yo hemos de querer para nuestra tierra una redención radical y solemne impuesta, si es necesario, y si es posible, hoy mañana y siempre, por la fuerza, pero inspirada por propósitos grandiosos»

      del autor

      en esta sección