Detrás de la ciencia

2016 gritó ¡Eureka!

Cuando en febrero se anunciara la confirmación de su existencia, las ondas gravitacionales no solo sacudieron los brazos del equipo detector LIGO, sino que  estremecieron el campo del conocimiento humano para convertirse en lo que ya se considera el mayor hallazgo científico en mucho tiempo.

Constatar en la práctica que a la velocidad de la luz ocurren oscilaciones que perturban el tejido espacio-tiempo que compone el Universo (a la manera de las ondas en un estanque, al tirar una piedra), ha revolucionado el campo de la astrofísica. Al confirmar las predicciones de Albert Einstein, hechas hace un siglo con su Teoría de la Relatividad General, esta certeza cambia el modo en que el hombre ha mirado siempre al espacio, explica la revista Science.

Serían los detectores de interferometría láser LIGO, situados en Hanford, Washington, y Livingston, Louisiana (EE. UU.) desde 1999, los que cambiaron la espera por certeza y rompieron el silencio en la voz del director ejecutivo del proyecto, David Reitze, quien anunció la primera detección directa de las ondas, en septiembre de 2015. La señal se originaba, precisamente, en dos gigantescos agujeros negros, cada uno con una masa unas 30 veces mayor a la del Sol, a punto de fusionarse a 1 300 millones de años luz de la Tierra. Apenas unos meses después llegaba una segunda señal, también procedente de la unión de otra distante pareja de agujeros negros.

Hasta ahora, casi todo lo que se sabía acerca del cosmos se había averiguado a través de la radiación electromagnética (luz visible, rayos gamma o ultravioleta), por lo que este avance ha revolucionado la física moderna más allá de la teoría.

En palabras de David Reitze, citado por el diario español ABC: «Hace 400 años Galileo apuntó un telescopio hacia el cielo e inauguró la Astronomía moderna. Hoy estamos ante un nuevo comienzo de la Astronomía. (...) Para mí estaría al mismo nivel que el hallazgo del bosón de Higgs, (...) es una nueva ventana al universo que se abre ante nosotros».

El secreto de la juventud

Un grupo de investigadores de la Clínica Mayo (EE. UU.) ha protagonizado otro de los grandes avances que deja 2016, cuando comprobaron una forma de posponer los estragos del tiempo, al menos en ratones. El equipo consiguió eliminar selectivamente algunas células en los especímenes del estudio, con lo que se prolongó su vida, en concreto, un 20 por ciento más, y se logró que permanecieran más sanos al envejecer.

Foto: www.upsocl.com

Las células sobre las que han actuado los científicos se llaman senescentes, ya no se dividen y se acumulan con la edad. Actuar sobre ellas retrasa la formación de tumores, preserva la función del tejido y órgano, y extiende la vida útil, sin efectos adversos observados.

Los investigadores han creado fármacos que aniquilan las células      senescentes sin intervención genética   y pretenden probar esta «fuente de juventud» el próximo año en pacientes con artritis, anunció la revista Science.

Próxima B, un vecino cercano

El exoplaneta Próxima B, que orbita alrededor de la estrella más cercana a nuestro sistema solar, Próxima Centauri, puede ser la gran oportunidad para conocer los detalles de un mundo fuera de nuestro Sistema Solar. Un equipo internacional de astrónomos, liderado por el español Guillem Anglada-Escudé, anunciaba en agosto el descubrimiento del exoplaneta, a poco más de cuatro años luz. Por si fuera poco, es factible que tenga agua en su superficie y, en consecuencia, pueda albergar vida.

Próxima B es el planeta habitable más cercano, por lo que conocer en detalle un mundo similar al nuestro ya es una esperanza más real. Foto: Revista Science

El advenimiento de nuevos telescopios, como el europeo extremadamente grande E-ELT o el espacial James Webb, en 2017, serán fundamentales para desentrañar el misterio y detectar otros planetas similares. Pues, como afirmó Anglada-Escudé en entrevista a ABC, «cerca de la Tierra puede haber muchos mundos habitables».

Homo sapiens: viajero y decidido

Gracias a un trabajo de secuenciación genética con más de 250 poblaciones de todo el mundo, dado a conocer por la revista Nature, se ha logrado subir otro gran escalón sobre el pasado del hombre.

Si una tendencia científica creía que los africanos dejaron el continente y se extendieron por el resto del mundo, mientras otros sostenían que hubo varias oleadas de migración, el nuevo estudio —sostenido por miles de datos genéticos— no deja duda: la mayoría de los seres humanos fuera de África descienden de una sola migración. El hecho de que este modelo sea el más cercano a la realidad, implica, según ABC, encontrar una explicación a cómo se mezclaron los genes humanos con sus parientes cercanos, así como ayudaría a comprender por qué la variabilidad genética de los humanos de algunas regiones fue menor a la de otros lugares (lo que es muy importante en el proceso de la evolución), o si hay algunos hombres actuales que representan mejor a sus ancestros que otros.

Por cierto, en el campo de las ciencias genéticas, este año también se logró la producción de un secuenciador genético portable en un bolsillo. ¿Quién sabe si el estudio de tantas poblaciones humanas hubiera llegado mucho más rápido de tener a mano este dispositivo?

Vida en el laboratorio

Las técnicas de reproducción asistida que mezclan ADN de tres personas comenzaron a hacerse realidad este año tras décadas de análisis. Estos procedimientos, explicó Nature, impiden que los niños hereden enfermedades metabólicas causadas por defectos en las mitocondrias, estructuras productoras de energía de la célula. En septiembre, los investigadores que trabajaban en una clínica mexicana informaron del nacimiento del primer bebé sano concebido mediante un procedimiento de este tipo.

Y en la procreación de otro bebé en China se usó la misma técnica. En octubre una clínica en Ucrania anunció que dos mujeres previamente infértiles habían concebido a través de un procedimiento similar. El 15 de diciembre, siguiendo los consejos de los científicos, la Autoridad de Fertilización y Embriología Humana del Reino Unido dio luz verde al uso clínico de este procedimiento, que podrá comenzar en 2017.

Foto: www.mancia.com

Otros logros relevantes que deja el año han sido la producción en laboratorio de óvulos de ratas, también en el polémico camino de los «bebés probeta»; la creación de proteínas de diseño, que abren posibilidades a avanzados medicamentos; la primera victoria de la inteligencia artificial frente al hombre en un juego de GO; el descubrimiento en los simios de capacidades empáticas que creíamos exclusivamente humanas; la creación de superlentes que revolucionarán las pantallas, telescopios y microscopios, tal como los hemos conocido, el acuerdo climático de París... ¡Uf! en fin que hubo mucho, sin duda, por lo que gritar ¡Eureka! en este 2016.

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