Juventud Rebelde

Frente al espejo

Pirámide

«Tuve la oportunidad de leer la página Opinión del diario del domingo 12 de agosto, y qué sorpresa la mía cuando al leerla me tropiezo con una serie de palabras que a mi entender adornan muy bien los escritos, pero cuyo significado —estoy más que segura— no es conocido por el mayor porciento de los lectores. Por ejemplo: impericia, ególatra, jolgorio, escarnio, mimético, sapiencia, desidia, fatuidad, alharaca, carestía, bursátil...

«Esto no se comportó así en el resto del diario. A mí me gusta la lectura, he leído bastante, conozco el significado de estas palabras y en ocasiones puedo llegar al de otras por el contexto de la oración. Me atrevo a afirmar lo que digo porque salí con mi periódico a recorrer el barrio y le pregunté a las personas que encontré en mi camino —que no fueron pocas— si conocían su significado. Muchas me preguntaron qué significaban y solo dos personas, con un nivel cultural elevado, supieron contestarme.

«Yo me pregunto: ¿para quién escriben los periodistas? A pesar del nivel cultural de nuestro pueblo, todavía no es suficiente como para escribirle de esa manera y les puedo asegurar que la mayoría de esas personas son los que compran ese diario...

«Le pongo un ejemplo muy sencillo ligado a mi profesión. Muchos médicos emplean lenguaje técnico y los pacientes y acompañantes —hablando a lo cubano— se quedan “botados”. Luego vienen y preguntan: ¿qué fue lo que el doctor quiso decir cuando habló de...?

«No dejo de reconocer la importante labor que desempeñan en la página Opinión, de la cual soy una fiel lectora, como tampoco dejo de reconocer que me gustan los escritos de quienes publican allí, pero el diario es del pueblo y para el pueblo, y este se compone de una pirámide con una base muy ancha, de personas con todo tipo de nivel cultural, desde el más bajo hasta el más elevado. Los exhorto a que continúen trabajando como hasta ahora». (Odalis Guerra, enfermera especialista, Ciudad de La Habana)

¿Tiene razón Odalis? Aunque lo que ella señala haya ocurrido en una página de una edición en particular, debemos reconocer que sí. Ponemos mucho empeño en garantizar que haya información, mas en ocasiones se nos olvida la comunicación, la sintonía, el acople con el lector.

Es incuestionable, por otra parte, que las palabras son importantes para cautivar, pero la forma no puede ser hueca. Detrás de ella tiene que haber sustancia y creo que mientras más conozcamos mejor sabremos transmitir. Lo importante es que vamos aprendiendo y los lectores quieren ayudarnos.

«En la edición del 24 de julio apareció un artículo sobre los cangilones del río Máximo, en Camagüey (Reabrirán parcialmente Los Cangilones, Osviel Castro, Odalis Riquenes y Yahily Hernández), donde se leía, tanto en el título del trabajo como en su contenido, la palabra “canjilones”, cuando en realidad esta se escribe “cangilones”, según el Diccionario de la Real Academia Española». (Eduardo Galdona de la Cruz)

También tiene razón Eduardo. Existe «canjilón», con j, pero es la persona natural de Canjáyar, localidad de la provincia de Almería, en España. ¿Quién sabe si eso nos confundió a todos?

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