Juventud Rebelde

Frente al espejo

¿Dos tijeras?

«Rufo: accidentalmente cayó en mis manos un ejemplar de Juventud Rebelde dominical y gracias a eso pude leer la excelente entrevista que le realizó usted a Amaury Pérez (La honestidad nos salvará, Rufo Caballero, 30 de septiembre), a quien siempre he admirado como cantante, autor y conductor de espacios». (Ana)

«En el periódico del 7 de octubre pude leer su artículo sobre las heridas que había recibido el Che (¡Van a matar a un hombre!, Luis Hernández Serrano). En él encontré una sorpresa que me emocionó mucho, y es que la enfermera que curó al Che en la provincia de Pinar del Río, y a la cual usted menciona (Olga Alarcón Ulloa) es mi tía. Nos sorprendimos con lo escrito pues ella prefiere que no la entrevisten con respecto a ese hecho —aunque luego nos percatamos de que lo supieron por la entrevista realizada al cirujano Orlando Fernández Adán. Mi tía considera que solamente estaba cumpliendo su deber...». (Zahily Serrano Rudillas)

«Nos interesan los datos culturales que nos proporcionan. Soy integrante de un equipo de docentes que estamos ingresando en el quehacer periodístico, y los tenemos a ustedes como un modelo a seguir». (Ameli Balarezo Ramírez, Perú)

«Recientemente leí su artículo En el Congo aprendí mucho con el Che (Hedelberto López Blanch, 4 de octubre) y gracias a él pude conocer que junto al Guerrillero Heroico había un médico haitiano. Soy médico y tuve el enorme privilegio de formar parte de las primeras Brigadas que viajaron a Haití, pueblo que nos acogió como a verdaderos hijos y del que guardo gratos recuerdos, por lo que me llamó mucho la atención esa información. Me gustaría, si conoce otros detalles al respecto, que los compartiera conmigo» (Doctor Ariel Torres Tamayo, director del Hospital Pediátrico Provincial de Las Tunas)

«He releído su trabajo sobre el reguetón (¿Realmente una voz a favor del pueblo?, Julio Martínez Molina, 23 de septiembre) y coincido en cuanto afirma sobre la sordidez textual y la deshumanización en canciones con ese ritmo.

«Hay que ser “despiadados” en las críticas con ellas, pues transmiten mucho daño a nuestra juventud... ¿Qué mensaje positivo pueden dar esos grupos que no sea la chabacanería, los vocablos soeces... para no hablar de la gestualidad, rayana en la grosería y la impudicia? Tampoco soy puritano, pero hay un mínimo de respeto y de ética que los seres humanos deben mantener y postular...

«Creo que el reguetón es un ritmo que involuciona en lugar de aportar a las manifestaciones musicales, una agresión al arte musical... Lo felicito» (Raúl Guardarramos)

Los lectores siguen «enganchados» con este tema. Y no es perjudicial que haya tantas opiniones. Lo que en verdad se discute es el papel liberador que ha de jugar la creación artística en nuestra sociedad; y el reguetón es solo un pretexto para dinamitar la cómoda y estrecha visión que sobre el tema tienen muchas personas. Más allá del valor que tiene cada opinión y del respeto con que hemos de asumirlas, ¿por qué tanta insistencia en reconocerle al reguetón defectos que a todas luces también tiene parte de la producción musical en otros géneros, y a las cuales no les declaramos la guerra? ¿Podemos tener dos tijeras para cortar un mismo traje?

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