Vivos recuerdos - Frente al espejo

Javier Dueñas

Frente al espejo

Vivos recuerdos

«Gracias por el artículo Fuentes desde adentro, (Dr.C. Julio César Hernández Perera, 12 de abril) Hizo que sintiera más los vivos recuerdos de mi misión desde octubre de 2003 a octubre de 2006 en esa querida hermana república que es Venezuela. Tengo en mi pensamiento a esa nación desde que era un niño, cuando leía a Martí y a través de sus obras descubrí el nombre de Bolívar y de Venezuela y mis padres, principalmente mi madre —que era maestra popular— me enseñó los mapas y me habló del héroe y de esa tierra…

«El destino quiso que mi primera y única misión haya sido en tierras del Libertador, conociendo del proyecto social del Gobierno bolivariano y estrechando la mano cálida de nuestro querido Fidel la noche antes de nuestra partida… A mí me ubicaron en la cooperativa Sarao de Chaguaramal, del municipio Pedro Gual, estado de Miranda, inaugurada por el siempre eterno Comandante Chávez, con casas para 144 familias… De este modo quedó demostrada la voluntad del Gobierno bolivariano de llevar adelante una Revolución social y la disposición incondicional de los médicos cubanos de demostrar que un mundo mejor siempre es posible. Retomo las primeras líneas de su artículo: “Hay vivencias médicas que dejan huellas profundas. Son episodios que, sin duda, podrían componer las mejores páginas de un libro”». (Dr. Luis Aguilera, Holguín)

«Que no se conocía, amigo Ciro (La Habana que no se conoce, Ciro Bianchi Ross, página de Lectura, 14 de abril). Porque con su excelente crónica, como ya es costumbre cada domingo, su pluma se convierte en una cámara fotográfica y nos transmite imágenes muchas veces desconocidas para sus lectores, donde podemos ver partes a veces ocultas de nuestro devenir… Usted sabe desempolvar hechos y anécdotas con mucho sentido profesional…». (Modesto Reyes Canto)

«Muchas veces las personas son las responsables de que otras no sean formales (Antes que a los gatos, Osviel Castro Medel, 14 de abril). Ejemplo de ello es cuando llegas a un determinado lugar y brindas tus “buenos días”, tus “buenas tardes” o tus “buenas noches” y recibes a cambio un silencio. Es tanto el enfado que se coge, que uno se pregunta: “¿para qué seguir gastando mi tiempo?”». (Yerece)

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