Vivir y ser felices - Frente al espejo

Vivir y ser felices

«Bonita historia de vida (Adela y José Agustín: la historia de lo posible, Susana Gomes Bugallo y Yuniel Labacena Romero, sección Sexo Sentido, 7 de mayo). A medida que iba leyendo, me emocionaba por ver las cosas que ha logrado Adela. Eso es muestra de que hemos ido avanzando como sociedad y que poco a poco estas personas serán menos excluidas. Me declaro ciento por ciento antihomofóbica, porque defiendo la decisión de cualquier individuo de ser lo que desee en su vida. Este es un ejemplo claro de que los homosexuales son humanos como cualquiera, no son una raza particular, son gente con ganas de vivir y ser felices (...) ». (Barbie)

«Hace como dos años comentaba el caso de Adela y trataba de responder a uno que hablaba de falta de democracia en Cuba. Adela es un ejemplo de cómo luce una Cuba socialista y democrática. Mis felicitaciones y respeto por sus éxitos». (Andrés)

«Muy bonita historia, triste y esperanzadora a la vez (...). Creo que Adela merece todo nuestro respecto y, al mismo tiempo, considero que los homosexuales deben ser respetados por lo que ellos mismos se ganan como ciudadanos, con iguales deberes y derechos que los demás...». (Yasmany)

«Amigo periodista, lamentablemente imágenes como estas se pueden ver por toda la Isla (Agua, solo necesitan agua, René Tamayo, 7 de mayo). Sin darnos cuenta, La Habana se ha quedado sin jardines, una ciudad con tantas zonas verdes y que no tiene flores, las fuentes no funcionan, a no ser la de la Ciudad Deportiva que funciona de Pascuas a san Juan». (Manuel)

«Eso es igual que las palmas que sembraron una y otra vez frente al hotel Parque Central hasta que se secaron por la insensibilidad, y nadie les echaba agua y ahora también ha sucedido con las que plantaron frente al Capitolio. Toda siembra conlleva un seguimiento, más en tiempos que no llueve nada. La jardinería es un arte y aquí esta perdido». (Jayku)

«Excelente artículo. (Moriré de cara al sol, Graziella Pogolotti, 8 de mayo), estoy de acuerdo con todo lo que expresa, me preocupa la banalización de nuestra amada bandera cubana, recuerdo que cuando estaba en la escuela primaria nos decían que si alguna vez alguna caía al suelo debía ser quemada, nunca podía quedar en el asta pasadas las seis de la tarde, era un sacrilegio, ¿como vamos a ponerla en cualquier lugar?, si perdemos esos sentimientos, ahorita no sabremos ni que somos cubanos». (JC)

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