22 °C Nada nuevo bajo el sol del espionaje casero de Estados Unidos. Pero esta vez se metieron en terreno pantanoso, y a pesar de que es habitual que el presidente de turno —en este caso Barack Obama— y sus secretarios de Gobierno se la pasen apuntando con dedo acusatorio hacia otras naciones para exigirles no violar la llamada libertad de prensa y de expresión, resulta que ahora están sentados en el banquillo, y verdaderamente son culpables.
Todavía hoy, sobran las evidencias frescas de una infamia, a pesar de los diez años transcurridos. La resaca de la invasión —que iniciara George W. Bush, el hijo, contra Iraq el 20 de marzo de 2003—, se muestra en la guerra fraticida actual, que solo ayer martes, víspera de la sacrílega conmemoración, costó la vida a 56 personas y más de 200 heridas en una ola de ataques con coches bomba y artefactos explosivos en Bagdad, Iskandariya y Mosul.
El documento es secreto, por supuesto: la lista contiene los nombres de los «enemigos» de Washington que pueden y deben ser asesinados —ejecutados, si usted lo prefiere— en la primera oportunidad que un equipo de fuerzas especiales o un drone los tenga en la mirilla. Han reconocido su existencia pues, incluso, ha crecido, se ha expandido geográficamente, y de Afganistán, Paquistán, Yemen y Somalia ha saltado al norte de África y quién sabe a cuántos «oscuros» rincones más.
Apenas ha transcurrido ocho días del año 2013 y ya los drones estadounidenses han bombardeado las zonas tribales de Waziristán, en la frontera paquistaní-afgana, en seis ocasiones, sumando 35 muertos a su lista, de los cuales la mayoría son civiles, pero todos aparecen en los informes oficiales para los medios de prensa como «combatientes talibanes».
Falta una semana para que Estados Unidos caiga en el llamado «abismo fiscal», una combinación de recortes de los gastos del Estado —fundamentalmente en los acápites sociales y de servicios del presupuesto de la nación como educación, salud, subsidios por desempleo y otras ayudas a las personas de menos ingresos— con el aumento de los impuestos, y en lo que no acaban de ponerse de acuerdo demócratas y republicanos.
No podía ser otra que una respuesta emprendedoramente mercantilista, buscadora de ganancias, creadora de necesidades consumistas: compre una mochila antibalas para su pequeño escolar. Negocio redondo que no pierde la ocasión.
Solo pueden competir contratistas estadounidenses, no se ha dado a conocer cuáles son los propósitos de la construcción subterránea en una base aérea cerca de Tel Aviv, su costo es de 100 millones de dólares, y parece tener las características de un Centro de Comando para las Fuerzas de Defensa de Israel.
Nada nuevo bajo el sol en Estados Unidos, pero se actualiza la información sobre un hecho que indica a las claras el contubernio que en su momento advirtió el presidente Dwight Eisenhower, al cual etiquetó como el complejo militar-industrial, con un reparto protagónico ampliado en este nuevo siglo bajo el título de complejo militar-industrial-mediático.
¿Cábala o ciencia político-estadística? La indagación tiene que ver con el énfasis que los contendientes a la Presidencia de Estados Unidos han puesto en nueve estados considerados péndulos en su historia de sufragio: Iowa, Ohio, Virginia, Florida, Nevada, Colorado, New Hampshire, Carolina del Norte y Wisconsin.
«Nuestro padre y esposo ahora camina entre nuestros ancestros», dijo la declaración familiar que dio a conocer el fallecimiento de Russell Means, destacado activista de los nativos de América del Norte, el lunes 22, en Porcupine. En lengua sioux no existe la palabra «adiós», y este lakota-sioux camina también entre su pueblo y muchos otros pueblos originarios del mundo, y entre hombres y mujeres de buena voluntad.
Un «círculo cerrado» de consejeros de política exterior está trabajando con Mitt Romney, el candidato republicano a la presidencia de Estados Unidos, y a juzgar por sus componentes —muchos provienen del equipo de George W. Bush, el hijo—, y por el discurso que acaba de pronunciar en el Instituto Militar de Virginia, si llega a la Casa Blanca estaría dispuesto a ejecutar una estrategia de «todas las guerras, todo el tiempo», como juzgó Matthew Rothschild, editor de la revista The Progressive.
¿Quiénes ganan? Evidentemente los prestamistas internacionales, los usureros a quienes sirve la troika (Fondo Monetario Internacional, Comisión Europea y Banco Central Europeo) que exige de forma intimidante que se haga lo ordenado. Y el úcase es tajante: uno tras otro punzantes recortes presupuestarios para cercenar cualquier ápice de bienestar a un pueblo sumido ya en la desesperanza de seis años de recesión económica.
Cuando el pueblo norteamericano clamaba contra la guerra en Vietnam, y entre los cientos de miles de manifestantes había no pocos veteranos de esa agresión genocida, más de 90 000 jóvenes estadounidenses encontraron refugio en Canadá, para evitar ser reclutados con obligatoriedad. Entonces, recibieron refugio y residencia permanente para hacerse ciudadanos, pero la mayoría retornó a su país cuando el presidente Jimmy Carter otorgó amnistía para los objetores de conciencia.
De un lado y de otro llegan las barrabasadas en la desenfrenada carrera electoral estadounidense en busca de la silla del Despacho Oval. Unas veces son puro sainete y en otras apuntan a los dramas reales de este mundo. Hemos escogido dos, recientes, como botón de muestra.
Les llaman «ni-ni». Parece un apelativo cariñoso para esos jóvenes, pero no lo es. Por el contrario, preocupaciones, desasosiegos, discriminaciones, desigualdades, injusticias, son las verdaderas acepciones del término aparentemente anodino o trivial.