Del dicho al hecho, para Bush no hay trecho

«Una guerra deja a un país con tres ejércitos: uno de lisiados, uno de dolientes y uno de ladrones», así dice un refrán alemán, que puede leerse en esa casa prodigiosa que a la salida —o a la entrada, según se vaya desde el Occidente o desde el Oriente de nuestra Isla—, tiene en su Sancti Spíritus el querido y respetado amigo Tomás Álvarez de los Ríos. La casita del periodista y novelista espirituano es un prodigio de la ocurrencia y la cubanía: cada ladrillo, un refrán, y eso es el Museo del Refrán de Cuba.

El del caso nos viene como anillo al dedo para ver bajo esa lupa al señor de la Casa Blanca. George W. Bush le está dejando a Estados Unidos, esos tres ejércitos.

El de lisiados: más de 28 276 soldados norteamericanos heridos, muchos de ellos con sus cuerpos jóvenes mutilados y un número desconocido de decenas de miles con terribles escaras en la psiquis.

También está la tropa de los dolientes: las viudas y viudos, los hijos e hijas, los padres y madres de 3 834 estadounidenses muertos en Iraq, otros 449 en Afganistán, 303 bajas mortales entre los soldados de la llamada coalición, y los no contados: los iraquíes, calculados entre 650 000 y más de un millón de muertos desde los bárbaros bombardeos con que iniciaron la invasión.

Añada las falanges de ladrones, que se albergan por igual en la mansión presidencial, en las oficinas pentagonianas, en los campos de entrenamiento para matar de las compañías mercenarias, o en los refrigerados despachos de los grandes industriales de la muerte, y además tienen réplica en similares hospedajes de Iraq.

El primero y el segundo ejércitos sufrida y penosamente crecen a diario. El tercero se regodea; le ofrecen nuevas posibilidades de expansión, lo favorecen con nuevos y multimillonarios contratos que facilitan engrosar sus execrables y sucios capitales.

Este mandatario ha gastado ya 462 000 millones en la guerra de Iraq, pronto le adicionará 150 000 millones más que le aprobaron en el Congreso, pero no está satisfecho con ello y sigue pidiendo 196 000 millones para cubrir el año fiscal 2008. Simple cálculo de algunos hace presumible que cuando el W. abandone su oficina el costo directo aproximado para la destrucción y muerte habrá llegado a los 800 000 millones de dólares...

No les voy a mencionar la cifra exacta de cuánto se han robado hasta ahora, pero la corrupción florece. Por más dineros que se adjudiquen a una supuesta reconstrucción de aquel país, esta no camina y ahí hay una enorme tubería de despilfarro y corrupción.

EE.UU. tiene en Iraq dos docenas de equipos que deben supuestamente ayudar en su reconstrucción, proveer servicios básicos y crear trabajos. Condoleezza Rice los describe como la «línea del frente» de la administración y solo en este año fiscal costaron 2 000 millones de dólares.

Cuatro poderosos legisladores demócratas acaban de advertir a la secretaria de Estado de proteger la extendida corrupción, Henry Waxman, Ike Skelton, Tom Lantos, y David Obey, ellos tienen que ver con los comités de control, de servicios armados, de asuntos exteriores y de apropiaciones. Mucho deben saber para hacerle la acotación a la empleada íntima de Bush, el hijo.

Y saben cómo 12 capitanes de su ejército describieron el panorama en un artículo publicado hace una semana bajo el título El verdadero Iraq que nosotros conocemos: «¿Cómo luce Iraq desde la tierra? Ciertamente, está lejos de ser un país moderno y autosustentable. Muchos caminos, puentes, escuelas y hospitales están en condiciones deplorables. Menos personas que antes de la guerra tienen ahora acceso al agua potable y al sistema de aguas residuales. Y Bagdad tiene como promedio menos de ocho horas diarias de electricidad.»

«Como capitanes del ejército que servimos en Bagdad y en otros lugares, vimos la corrupción y la división sectaria... Y sabemos cuándo es hora de marcharse».

Esto es también sabiduría popular, como la del refrán...

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