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Bush, ¿el apestado?

Los asesores y altos funcionarios bien cercanos a su política se le escurren como agua entre los dedos. Esa parece ser una constante para George W. Bush cuando se acerca al final de su mandato, y lo hace en baja, sin el favor ciudadano que le permitió, tras el terrible y «oportuno» 11 de septiembre de 2001, hacer guerras por doquier y amarrar cada vez más los derechos de los norteamericanos.

Ahora le tocó el turno a Fran Townsend, la principal consejera sobre antiterrorismo y seguridad interior de la Casa Blanca. Y por más que algunos digan que es normal que aun los colaboradores más estrechos desembarquen de la mansión ejecutiva en los últimos meses de cualquier presidente, este y los anteriores constituyen un claro revés para la administración neoconservadora, mucho más en el caso de la Townsend porque supuestamente la prioridad del W. ha sido la lucha contra el terrorismo.

Lo de supuestamente se lo ganó por su visión parcializada del fenómeno. Bush, el hijo, como también lo hizo el padre en su momento, alberga en Miami a criminales terroristas archiconocidos como Luis Posada Carriles y Orlando Bosch, que ahora la prensa y las autoridades de aquel nido de ratas presentan nada menos que como pintores, artistas de la plástica, y les dedican salones de exposición.

Pero volvamos al grano de la renuncia, mejor dicho a la erupción. Townsend se añade a una extensa plantilla, que ya no está en la plantilla casablanquina: Karl Rove, el principal asesor político; Tony Snow, el de comunicación; la obligada partida de John Bolton, el nunca aprobado embajador en ONU; dos secretarios de gabinete de los más cercanos e íntimos: Donald Rumsfeld (Defensa) y Alberto Gonzales (Justicia), junto con otro par de larga permanencia a su lado desde los tiempos de gobernador en Texas, el asesor político Dan Bartlett y la jefa de gabinete y asesora jurídica Harriet Miers.

También se le fueron Rob Portman, director de presupuesto; Sara Taylor, de política; J.D. Crouch y Meghan O’Sullivan, asesores en temas de seguridad nacional, y... etcétera.

Como es habitual, el W. y el comunicado oficial hicieron el panegírico halagüeño de la dimitente: Townsend siempre «ha proporcionado consejos sabios sobre cómo proteger mejor a los estadounidenses de las amenazas del terrorismo».

«Ha sido una firme dirigente en el esfuerzo para prevenir e impedir ataques y para decidir cuál es la mejor manera de responder a los desastres naturales», agregó Bush. «Hoy en día estamos más seguros gracias a su liderazgo».

Ahora está lista para responderle sí a la mejor entre la serie de ofertas del sector privado. Ya se sabrá cuál fue el mejor postor para llevarse a quien se dice era capaz de desarrollar estrategias de urgencia ante una pandemia u otro problema de seguridad nacional, pero bajo cuya asesoría ocurrió la catástrofe funcional del Katrina y no pudo encontrarse al incapturable Osama bin Laden, por más Base Penal de Guantánamo o cárceles secretas de la CIA que existieran.

Dados los elogios, Fran Townsend lleva el aval de su «misión cumplida».

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