Un vendedor de puntería

Es el Estado de la violencia y ejerce la violencia de Estado. Dos guerras, una contra Iraq y la otra contra Afganistán, más la muy sui géneris cruzada contra un terrorismo selectivo, caracterizan hoy a Estados Unidos. Crímenes, intimidaciones, fanatismo y terrorismo se dan la mano, ya sean ejecutados por civiles o por uniformados. Las transgresiones acompañan a su historia de conquista, siempre buscando una frontera más allá, para cruzar y dominar. Así fueron forjando un imperio sobre disparos y sangre. La Segunda Enmienda de su Constitución estipula que cada ciudadano tiene el derecho a portar un arma para defenderse, de forma tal que tan norteamericano como el pastel de manzana es el poder disparar...

Usted también puede tener un rifle... Foto: AP Los fabricantes de armas se llenan los bolsillos, los vendedores también, la Asociación Nacional del Rifle se regodea en la defensa de ese «derecho», y a diario tiroteos, asesinatos pasionales, crímenes por dinero, asaltos a mano armada, forman parte de las noticias. Entonces, supongo que las funerarias también participan de esa zafra luctuosa.

En Estados Unidos hay una parte de la población preocupada, sobre todo cuando estalla alguna masacre en escuelas, secundarias o universidades. Pero nada detiene los apetitos de quienes lucran con esta tendencia nacional a «protegerse». Y los hay bien aberrados, y quienes le hacen el juego. Veamos...

Eric Thompson fue el comerciante de armas que vendió, mediante la web, una de las armas utilizadas en la matanza del 16 de abril de 2007 en la Universidad Tecnológica de Virginia, una pistola Walther P-22. Fueron 33 los muertos incluido el asesino y un buen número de heridos. Yo no sé y creo que ellos tampoco, cuántos quedaron traumatizados de por vida. Como muestra de su tremenda puntería, a través de otro de sus sitios en la web, el dueño de TGSCOM también vendió accesorios para armas (cargadores de 9 mm y una pistolera de Glock a Steven Kazmierczak, que el 14 de febrero de 2008 mató a cinco estudiantes en la Northern Illinois University, y luego se suicidó...

Y resulta que Eric Thompson mostró toda su capacidad emprendedora de «buen» negociante y una insensibilidad mayor cuando el jueves pasado visitó el Virginia Tech para hablar en una de las actividades que, durante toda una larga semana, se llevó a cabo en los predios de esa universidad en favor de que se les permita a la gente llevar armas ocultas a los colleges. Sin dudas, la enajenación total.

Por supuesto, un vocero del centro de estudios denunció la visita y calificó de «terriblemente ofensivo» que el negociante pusiera un solo pie en el campus universitario con tan abominable propósito. Eric Thompson respondía nada menos que a una invitación de un grupo llamado Students for Concelead Carry on Campus, que también mostraba así una increíble insensibilidad hacia el dolor de los familiares de las víctimas de Seung-Hui Cho, y hacia los estudiantes heridos que todavía no se recuperan de la horrenda tragedia.

Pero Eric Thompson ha podido ejercer otro «derecho», el de la libertad de expresión, otorgado por la Primera Enmienda de la Constitución, por lo tanto, para limpiarse las manos como Poncio Pilatos, dijo que no había que enfocarse en quién vendía las armas o en si el gobierno permitía su posesión, sino «en la persona que mataba».

Estamos en presencia de otro absurdo ignominioso en Estados Unidos... ¡Dónde si no!

Comparte esta noticia

Enviar por E-mail

  • Los comentarios deben basarse en el respeto a los criterios.
  • No se admitirán ofensas, frases vulgares, ni palabras obscenas.
  • Nos reservamos el derecho de no publicar los que incumplan con las normas de este sitio.