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Contra la guerra y con motivos

Un país destruido y un generalizado rechazo a la ocupación -entre iraquíes y estadounidenses- empantanan a la Casa Blanca de George W. Bush. Foto: Reuters El desacuerdo con la guerra crece, a pesar de los denodados esfuerzos de George W. Bush y su equipo por vendérsela a los estadounidenses. La horrible pesadilla militar que, hasta el momento, ha llevado al Cementerio Nacional de Arlington, o a otros camposantos castrenses, a 4 116 soldados, y al menos a otros 32 000 a los hospitales, ya tiene un rechazo generalizado entre los norteamericanos.

El más reciente sondeo de opinión publicado por Angus Reid Global Monitor, afirma que dos de cada tres estadounidenses adultos están decepcionados y, claramente, el 68 por ciento de la ciudadanía se opone a la guerra de Estados Unidos contra Iraq.

Angus tomó como base la encuesta realizada por Opinión Research Corporation/CNN, que en otra indagación de febrero de este año señalaba que el 64 por ciento rechazaba la guerra, evidenciando un salto nada despreciable en el repudio.

Recientemente, USA Today y Gallup hicieron su propia investigación y el diario daba también los resultados de un debate en el The News Journal, en la localidad de Wilmington, donde se hizo un ejercicio con 12 personas, de las cuales siete estaban marcadas por la guerra (porque un miembro de su familia, un amigo o un colega de trabajo servía o había servido en Iraq). Con una o muy pocas palabras debían dar su visión de la guerra: «Error», fue el término empleado por Joseph Coccia, de 27 años, un escritor técnico para una compañía química. «Muerte y destrucción innecesarias», escribió Yahna Talley, de 38 años, coordinadora de programas en un centro de recursos familiares; «Arena», expresó Bill Shields, vicepresidente de una fábrica de plásticos, y lo explicó así: «Es fácil entrar en ella, pero es difícil salirse».

Las palabras dicen mucho más que los números, aunque ambos imponen que Washington sigue en crisis en ese campo, donde la exigencia de una retirada se va haciendo palpable.

Sin embargo, la administración Bush es reacia a un repliegue inmediato, como quisiera el 70 por ciento de los iraquíes, y uno de cada

cinco norteamericanos —quienes no consideran que Estados Unidos tenga la obligación ni la necesidad de garantizar la seguridad de Iraq antes de irse, porque piensan que es precisamente la presencia de sus tropas la que provoca la violencia y hace que las cosas estén cada día peor tanto para los iraquíes como para los estadounidenses.

Para Bush y su gente, esa retirada les sabría a derrota, huida o desbandada, términos en nada vinculados a las visiones optimistas del empeño guerrero bushiano.

Pero una nueva y sorprendente piedra en el camino les ha salido a los planes de la Casa Blanca, que negocia el tratado de seguridad EE.UU.-Iraq con el gobierno de Nuri al-Maliki, para legitimar la ocupación con bases militares, concesiones petroleras y otras permanencias...

Algunos han calificado de «bombazo» las declaraciones del Primer Ministro iraquí y de su consejero de asuntos de seguridad, Mouwaffak al-Rubaie, cuando dijeron en una conferencia de prensa que Iraq intenta vincular cada acuerdo a un cronograma de retirada de las fuerzas de Estados Unidos. Así lo reportó el Sydney Morning Herald.

Y entre no pocos estadounidenses comienza a crecer otra preocupación, motivada por problemas económicos que están en franco crecimiento en Estados Unidos, donde de vez en cuando estallan una que otra burbuja en que los dólares de la economía familiar se despintan...

Los dineros que hoy se gastan en la guerra, pudieran ser mejor empleados en resolver no pocos problemas sociales de los estadounidenses ahora, a lo que se suman los cálculos nada placenteros del Premio Nobel y prestigioso economista Joseph Stiglitz, que en un reciente libro ofrece unas cuentas que ponen los pelos de punta a cualquiera: el costo total de la guerra alcanzará tres millones de millones de dólares o más, cuando a los gastos directos de armas y demás, se sumen los costos de pensiones y las subvenciones y otros pagos a veteranos discapacitados.

Por lo pronto, desde 2001, en que Bush, el hijo, iniciara su guerra contra el terrorismo, en el altar de Marte ya han sido quemados 600 000 millones de dólares. Con razón la frustración crece...

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