Hermanos de armas y de almas

Tanta culpa tiene el que mata la vaca, como el que le amarra la pata. Viejo refrán, y sabio, como casi todos. El desenfreno israelí tiene cómplice, y es el mismo de siempre, Estados Unidos.

El Pentágono cede con ganas al ejército israelí hasta su armamento más sofisticado.

La masacre de palestinos en la Franja de Gaza, a la que se le ha dado el nombre de Operación Plomo Fundido, está arribando a su tercera fase con la entrada de los reservistas del ejército sionista al territorio acosado, mientras la cuenta de las víctimas da 970 muertos y cifra en más de 3 500 los heridos. Y los bombardeos, pese a la resolución del Consejo de Seguridad de la ONU, continúan. El primer ministro israelí, Ehud Olmert quiere acabar su tarea...

Esa resolución de la ONU en busca de un alto el fuego fue casi unánime, con excepción del voto de la Condoleezza Rice, quien en nombre de su jefecillo George W. Bush, se abstuvo. Esta vez era demasiado el rechazo mundial al belicismo de Tel Aviv como para que Washington vetara, como es su posición habitual, sea quien sea el que esté en la Casa Blanca.

La Rice, a modo de despedida, hizo de las suyas y dijo que era «difícil» para las tropas israelíes evitar matar a civiles porque la pequeña franja está muy densamente poblada y, además, insistió en que Israel solamente se «defendía».

Por si fuera poco el cinismo, el vocero del Departamento de Estado, Sean McCormack —preguntado sobre las violaciones que Israel estaba cometiendo del derecho internacional humanitario, con esta agresión y con el bloqueo al territorio que ha provocado una masiva crisis humanitaria—, también se lavó las manos como Pilatos al insistir en que «no estaba en posición de contradecir» al gobierno israelí que reclama «inocencia».

A la lista de abogados defensores de la actuación de la administración Olmert, se unió el vocero de la Casa Blanca, Scott Stanzel, quien reiteró que Israel actuaba apropiadamente...

Por si fueran poco estas manifestaciones de apoyo a la política sionista, hubo una «coincidencia» que podemos homologar a la soga que «amarra la pata», aun cuando el Pentágono estadounidense tuviera prisa en aclarar que no estaba vinculado a Gaza y a lo que allí acontece.

Resulta que los militares estadounidenses, en este mismísimo mes de enero, habrían alquilado un barco mercante para enviar municiones a un almacén o arsenal que tienen en Israel, tal y como poseen ese tipo de arsenal preposicionado en otros países para tenerlos a mano en caso de que los necesiten. Previsores que son estos muchachos del Departamento de Agresiones, perdón, quise decir de Defensa, de EE.UU.

Según documentos del MSC (Comando de Embarques Marítimos Militares de la U.S. Navy), el barco —en dos viajes separados a realizar en este mes de enero—, llevará desde el puerto griego de Astakos hasta el puerto israelí de Ashdod, 325 contenedores estándar que están registrados como «municiones», y todo se hace conforme a la autorización congresional de un acuerdo entre Washington y Tel Aviv que data de 1990. «Este cargamento estaba previamente programado, es rutina», dijo un vocero del Pentágono. Y el «material peligroso», según la designación de los documentos, menciona sustancias explosivas y detonadores, sin dar mayores detalles.

Justo el 27 de diciembre, Israel inició su execrable operación y el requerimiento del barco fue, casualmente, el 31 de diciembre, día muy apropiado para que cualquier cosa pase inadvertida. Por cierto, una firma naviera alemana ganó el contrato, y la agencia Reuters quiso confirmar la orden, pero esta los dejó con ese socorrido «sin comentario».

Como ven, nada nuevo en el ambiente. EE.UU. cumple oportuna y eficientemente sus acuerdos con Israel, que desde 1976 es el mayor recipiente anual de su asistencia exterior, y desde 1985 ha recibido 3 000 millones de dólares anuales de ayuda militar de Washington.

Así se amarra la pata...

Nota de última hora: El Pentágono anunció que aplazaba el envío de las municiones. El rechazo mundial los obliga.

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