Exprimida la naranja, la botan…

Un augurio de espanto y tiene base sólida: el desempleo que la actual crisis ha proyectado en Estados Unidos puede mantenerse en los dos dígitos hasta el año 2011. Haría falta, dicen algunos expertos, que el presidente Barack Obama tome fuertes medidas legislativas para evitarlo o lo ayuden a combatir la peor situación en décadas.

En una reciente conferencia de dirigentes de la AFL-CIO, la central sindical estadounidense, Aaron Glantz advirtió que durante 2010 los gobiernos locales y estatales pudieran verse forzados a cortar un millón de puestos laborales si el Congreso y Obama no actúan en pro de una ley que cree trabajos, teniendo en cuenta las contracciones del presupuesto en ciertos renglones —por cierto, no en el dedicado a los gastos militares.

Otros le recuerdan que se necesita un mayor paquete de ayuda para los gobiernos de los estados, una modernización de las escuelas y de la red de transporte, un programa de trabajos en el sector público y financiar importantes trabajos en las comunidades, y créditos impositivos para las compañías que contraten trabajadores. Digo «recuerdan» porque ese fue el plan que el mismo Obama proponía para resolver la crisis cuando era candidato, pero ahora….

Esa vía «ideal», dicen los conocedores, solo costaría 40 000 millones de dólares y podría crear 4,6 millones de dólares. En definitiva, a bancos, corporaciones financieras y otras que dieron el grito de SOS y rápidamente le tiraron el salvavidas, el corcho para que flotaran resultó muchísimo más caro. Cosas imperiales.

Sin embargo, tampoco resultaría la solución al problema, pues en estos momentos 15,4 millones de trabajadores están desempleados. De ellos, la mitad quedaron cesantes en medio de la recesión.

De todas formas, la cuestión es que necesitan crear esos puestos laborales pues para no pocos ese es el problema número uno en la crisis.

Un artículo de CommonDreams. org argumentaba esto: los buenos trabajos desaparecen, millones de gente joven están saliendo de los institutos, liceos y universidades sin que puedan encontrar trabajo; quien no tiene trabajo no puede pagar alquileres o hipotecas y pierde la casa, deja de comprar medicinas, su canasta alimentaria se ha encogido enormemente, se siente inútil y desechado…

Las estadísticas utilizadas por ese comentario apuntan a que uno de cada ocho estadounidenses necesita en estos momentos bonos de alimentos, y uno de cada cuatro niños va hambriento a la cama.

Ese análisis periodístico enfatizaba: «Sin trabajos, la gente pierde la esperanza. Sin esperanza, no hay futuro».

Ni futuro, ni presente. El problema es mucho más profundo, pudiéramos decir que es un «defecto de fábrica» y se llama capitalismo, ese que estruja y exprime al trabajador como si fuera una simple naranja y tras sacarle el zumo, simplemente lo desecha.

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