Leyes débiles, armas y homicidios

Los datos de 2007 los suministra el Gobierno federal de EE.UU. por medio del Centro Nacional para el Control y la Prevención de Lesiones, y son los más recientes disponibles que fueron analizados por el Violence Policy Center (VPC), para llegar a una contundente conclusión: hay una relación casi directa entre el número de armas en poder de la ciudadanía estadounidense, la ausencia o debilidad de las leyes sobre su control, y el número de muertes por disparos.

Son cinco los estados en la cúspide de homicidios o suicidios con armas de fuego —Luisiana, Mississippi, Alaska, Alabama y Nevada— de acuerdo con el informe, y ellos rebasan con mucho la media nacional de 10,34 muertes por cada 100 000 habitantes.

Veamos esas cifras: En Luisiana, en el 45,6 por ciento de los hogares hay armas de fuego y el índice de muertes por esa causa es del 19,87 por 100 000; en Mississippi, con el 54,3 por ciento de poseedores, las muertes alcanzan 17,62; Alaska 60,6 por ciento y 17,62; mientras que en Alabama cargan armas en un 57,2 por ciento de los hogares y los crímenes llegan a 17,55; por último, en Nevada, con 31,5 por ciento de casas con armas, hay 16,21 homicidios o suicidios.

Se entienden por estados débiles en las leyes sobre las armas a aquellos que no han añadido ni una sola restricción más a las de por sí no muy duras leyes federales, o tienen legislaciones que incluso permiten portar abiertamente armas de fuego en público.

En Estados Unidos existe una organización que aboga por el «derecho» de los norteamericanos a la tenencia de armas; se trata de la National Rifle Association (NRA), que responde a los intereses de fabricantes, comerciantes y grupos políticos de fuerte conservadurismo.

La VPC ha revelado otro vínculo intranquilizante: la Asociación Nacional del Rifle invitó a su Convención Nacional —que tuvo lugar en mayo en Charlotte, Carolina del Norte—, a figuras del ultraconservador y ultraderechista Tea Party, como la ex candidata a la vicepresidencia Sarah Palin y el animador-predicador de televisión Glenn Beck. Allí, los discursos estuvieron llenos de retórica antigubernamental —recuerden que es Obama, el primer presidente negro, el que está en la Casa Blanca—, y a favor de la paranoica posesión de armas, que va acompañada de la «necesidad» del «ciudadano-soldado», pensamiento enarbolado también por los grupos nazis y de supremacía blanca, interrelacionados en el llamado Movimiento Patriótico, y en una creciente organización de la ultraderecha cristiana..., aunque estén fraccionados y todavía difusos, pero en franca ofensiva ideológica. Y suman millones contra lo que llaman el avance del «mal» y del «satanismo».

Es obvio que en esa tendencia priman el racismo, la xenofobia, la siembra de temores, los anuncios apocalípticos, y los llamados a «defender el futuro de América».

Ese futuro nefasto que pretenden se asoma demasiado al fascismo y, de abrirse paso, también a los umbrales de la decadencia del imperio…

Por ahora, el pueblo estadounidense debiera tener en cuenta la relación que hay entre las armas que guarda en la casa y la criminalidad, y entre las armas en poder de algunos y un poder fascista. Así de simple.

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