Una Convención Republicana pasada por agua… de Isaac

Isaac dejó en un golpe de martillo dado por el presidente partidista Reince Priebus y una ceremonia de apenas dos minutos, el inicio de la Convención Republicana el lunes, aguando el espectáculo electorero en Tampa, Florida, con sus lluvias y vientos, cuando todavía era tormenta tropical. Convertido ya en huracán, el martes centraba la atención y opacaba un tanto la primera jornada de los republicanos, porque su rumbo sigue los pasos del terrible Katrina que hace siete años barrió Nueva Orleans por la incompetencia de la administración republicana de Bush, el hijo, y entró también por la Costa del Golfo, donde el presidente demócrata Barack Obama ha decretado la emergencia tanto para Luisiana como para Misisipi y Alabama.

Mal augurio para el show mediático, y un contraste que deja mal parados a quienes buscan elegir el 6 de noviembre a su candidato presidencial, Mitt Romney, y a Paul Ryan, como vicepresidente, quienes serán proclamados entre vítores, globos, carteles y fanfarria, y bajo el mismo mensaje reiterado: «Los estadounidenses se merecen un futuro mejor y su Presidente… no cumplió las promesas que hizo en 2008».

Aunque la prudencia le aconsejaría a la Convención Republicana no celebrar muy alto, sí hay una parte importante de los estados sureños en vilo por Isaac y los recuerdos de Katrina…

Y al duro se inició la pelea, cuando cientos de seguidores del Grand Old Party (GOP), como se le conoce, llenaron en cita obligada los cines, para ver un incisivo y feroz documental titulado 2006, Obama’s America, que desde julio se exhibe en más de mil salas con éxito de taquilla. Comentaba AFP que «al final de la película todos parecen felices», del filme que destaca —entre otras cosas— que el actual Presidente «ha heredado de su padre keniano una visión anticolonialista del mundo, que amenaza con precipitar a Estados Unidos al socialismo y a la quiebra si es reelegido el 6 de noviembre». El paroxismo de la extrema derecha estadounidense.

Con tres frases ha destacado Paul Ryan a esa «América obamista»: «Es una nación endeudada, es una nación en duda, es una nación en declive»; pero la contienda es reñida.

La más reciente encuesta Washington Post-ABC News da 47 por ciento para el aspirante y 46 para quien busca la reelección, cuando la apoteosis de Tampa debe levantar ánimos a favor del multimillonario Mitt Romney como la mejor opción para que regresen los empleos, y la esperanza de que retorne la prosperidad, según dice su campaña.

Y aunque los males de la economía tuvieron desarrollo en la época bushiana, no han sido resueltos y son lastre en la oportunidad de reelección de Obama. Ahí se darán los mayores encontronazos en los dos meses y unos pocos días que faltan de carrera: solo que seis de cada diez sufragantes consideran que Romney ayudará más a los ricos, y Obama a la clase media.

Entretanto, desfilan personalidades, personajillos y estrellas del espectáculo y de la política por el escenario tampeño, que escuchará decenas de discursos y saludos durante esta semana, en un ejercicio de demagogia e hipocresía que tendrá su alternativa del 3 al 6 de septiembre en Charlotte, Carolina del Norte, con igual función y retórica, pero de signo demócrata.

El tema crucial de los inmigrantes indocumentados —unos 11 millones— y sus derivaciones en familiares que sí son votantes, da un balance negativo para un partido que en posiciones extremas se opone a esa apertura de derechos.

Se dice que los republicanos están listos para votar una plataforma política antiinmigrante que recorta fuertemente los presupuestos para programas sociales y educativos de beneficio para los de origen latino, y el asesor de Romney en esos temas es Kris Kobach, de quien se dice es el arquitecto de las leyes antiinmigración de Arizona y Alabama. Sin embargo, tampoco Obama ha solucionado la cuestión.

Al igual se ven afectadas las mujeres, por el debate sobre el derecho al aborto, desechado visceralmente por el influyente y poderoso segmento fundamentalista cristiano, receloso incluso de su propio candidato presidencial que profesa la fe mormona, y al que consideran un tanto liberal para su gusto. El extremismo de los grupos más conservadores llena una brecha grande en el Partido Republicano y se expresa en el llamado Tea Party, que entusiastamente participa en la Convención de Tampa.

Un punto que nos toca e imposible de desdeñar: dicen las agencias noticiosas que la ceremonia final del jueves tendrá como colofón el mensaje del senador anticubano de Florida, Marco Rubio —de quien se dijo durante un tiempo sería el elegido como candidato a la vicepresidencia—, y es fácil prever el sentido que tendrá. Además, el ex senador Mel Martínez, otro del clan anticubano, llamó a que Romney mantenga el bloqueo contra Cuba si gana las elecciones…

Por ahí andan las cosas, y hay mucho más que contar de uno y otro partidos. Hay tiempo para ello.

Mientras tanto, organizaciones pacifistas, sindicatos de base, el movimiento de los ocupas y otros se manifiestan en las calles de Tampa pese a que contingentes de policías antimotines, uniformados y armados como para la guerra en Iraq o Afganistán, les bloquean el paso y hacen detenciones; igual ocurrirá en Charlotte, presagios de una «América» muy libre y democrática.

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