Una tragedia griega

¿Quiénes ganan? Evidentemente los prestamistas internacionales, los usureros a quienes sirve la troika (Fondo Monetario Internacional, Comisión Europea y Banco Central Europeo) que exige de forma intimidante que se haga lo ordenado. Y el úcase es tajante: uno tras otro punzantes recortes presupuestarios para cercenar cualquier ápice de bienestar a un pueblo sumido ya en la desesperanza de seis años de recesión económica.

Se trata de Grecia, donde el ministro de Finanzas, Yiannis Stournaras, tras reunirse con los inspectores de la troika, reveló este lunes un presupuesto de ajustes extremos, todo para que los mandamás de la Europa ¿comunitaria? desbloqueen otro paquete mal llamado de «ayuda financiera internacional», que en la práctica no es más que un «crees que te doy, pero te quito».

Es la gran tragedia griega, no las de Esquilo, Sóflocles y Eurípides con sus dramas y pasiones humanas, es la dolorosa verdad de un país que se empobrece a ojos vista y sigue en caída. La producción económica de la nación más endeudada de la Zona euro ha descendido un 25 por ciento desde el año 2008, y el desempleo va a la inversa, ha aumentado hasta el 24,4 por ciento —y debe ser más, porque ese dato es de junio—, muy superior a los 11,4 por ciento reportado para toda la Zona euro. Temblores dan lo índices entre los menores de 25 años, donde el desempleo afecta al 55,4 por ciento de los jóvenes helenos.

Podría considerarse como buena noticia que para 2013 el presupuesto prevé un pequeño superávit primario de 1,1 por ciento del Producto Interno Bruto, según dicen; pero nadie se llame a engaño, basta con ver quienes son los perdedores: 7 800 millones de euros serán ahorrados en medidas de austeridad: 3 800 millones los aportarán los pagos recortados de los pensionados; 1 100 millones será el tajazo en los salarios públicos —con razón los sindicatos prometen nuevas huelgas este mes de octubre, y los griegos no se hacen esperar en las calles tomadas por fuerzas del orden, y orden quiere decir represión.

De los tijeretazos también sufrirán la asistencia sanitaria (803 millones de euros) y la educación (134 millones). Tan grave es la situación que hasta la intocable Defensa tendrá que hacer dejación de 304 millones de euros.

Estas son medidas exigidas por los acreedores internacionales, y no hay un ápice de compasión ante una situación que el viceministro de Finanzas, Cristos Staikuras, reconoció como «recesión profunda y prolongada».

Según analistas económicos, si Grecia no tuviera que pagar los servicios de la deuda —es decir la gabela o intereses de los dineros que le han prestado— podría lograr un superávit primario del uno por ciento en 2013. Pero eso no está en los planes de los banqueros, y el déficit será una compañía tan omnipresente como Caronte.

Mientras los sesudos se devanan los sesos para encontrar una salida al círculo vicioso que mantiene entrampado al crecimiento económico, los problemas sociales se agudizan en el escenario helénico, y el coro —es decir, el pueblo— canta de muchas maneras su dolor en un país desgarrado.

En la noche del lunes, en Atenas, hubo enfrentamientos entre radicales de extrema derecha y grupos antirracistas de izquierda cuando estos se manifestaron contra la xenofobia en el barrio Agios Panteleimon, donde residen miles de inmigrantes procedentes de Asia y África; mientras tanto, en Patras, una ciudad portuaria, la policía registró decenas de edificios abandonados donde supuestamente vivían inmigrantes sin permiso de residencia que esperaban embarcarse rumbo a Italia, un destino aparentemente mejor. Ya van por 29 000 los detenidos desde agosto para ser deportados.

El tufo fascista aflora ya abiertamente en Grecia. Las camisas negras del Partido Amanecer Dorado se desplazan en una política que va desde la entrega de comida a los depauperados hasta la arremetida racista contra los inmigrantes, y van ganando puntos en las elecciones, un escenario que hace recordar a las camisas pardas que llevaron a Hitler al poder.

Así está Grecia y su brutal tragedia económica.

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