En busca de la silla en la Casa Blanca

¿Cábala o ciencia político-estadística? La indagación tiene que ver con el énfasis que los contendientes a la Presidencia de Estados Unidos han puesto en nueve estados considerados péndulos en su historia de sufragio: Iowa, Ohio, Virginia, Florida, Nevada, Colorado, New Hampshire, Carolina del Norte y Wisconsin.

Estos, en ocasiones han votado demócrata y en otras republicano, sin definirse en la predilección; por el contrario lo han hecho de manera pragmática de acuerdo a donde sople el viento, o mejor, por quien creen que hará mejor papel de acuerdo con sus intereses regionales, o quizás por quien ganó primeramente en el campo de la propaganda y la publicidad.

Hay uno en especial que les hace cosquillas a la superstición y a las cifras: Ohio, cuyos 18 votos electorales son suficientes para generar interés y en donde por ahora Barack Obama lleva una ventaja de +2.4 por ciento sobre Mitt Romney. Ambos lo han visitado cuatro veces durante el mes de octubre y se han gastado «pequeñas fortunas» en sus respectivas campañas tratando de convencer al electorado.

Por décadas, exactamente desde las elecciones de 1964, Ohio ha votado por el ganador de la Presidencia; entonces prefirió a Johnson (demócrata) sobre Goldwater, pero en 1968 benefició a Nixon (republicano) y no a Humphrey, lo que repitió en 1972 frente a McGovern. En 1976 cambió para el demócrata Carter y dejó a un lado a Ford; sin embargo, en 1980, demostrando su balanceo le dio la victoria a Reagan (republicano) sobre Mondale y siguió en el bando republicano en 1984 con Bush, el padre, y no favoreció a Dukakis. Cuatro años más tarde, prefirió al demócrata Clinton frente a Dole, y en el 2000 hizo otra vez el swing y bateó por Bush, el hijo, y rechazó a Gore. En el 2004 siguió aferrado a Bush frente a Ferry; pero en 2008 eligió a Obama y no a McCain.

Ahora, ¿cuál será su decisión entre Obama y Romney? ¿Volverá a «adivinar» al vencedor?

Pero ni siquiera los estados «estables» lo son tanto. Habría que recordar la avalancha de Bill Clinton, a quien se pasaron 22 estados supuestamente republicanos.

En breves líneas pretendo decir que nada está escrito con tinta indeleble para el martes 6 de noviembre. Otras presunciones o hipótesis podrían abrirse paso, como el hecho también cierto de que en los últimos 50 años no ha sido reelecto ningún presidente que llega con el índice de desempleo por encima del cinco por ciento, y los datos de septiembre dan un poco más del siete por ciento, aunque también es cierto que el año pasado los sin trabajo constituían el 8,3 por ciento de la población laboral.

En medio de este anecdotario, el capital recaudado por ambos candidatos es para quitar la respiración: Obama llegó a 1 060 millones de dólares y su rival a 954 millones, según cifras del 25 de octubre, convirtiendo a esta campaña presidencial en la más gastadora de la historia.

Las fuentes de ese dinero son variadas, pero también matizan diferencias entre uno y otro. Wall Street ha invertido fuertemente en el republicano, mientras Silicon Valley —el núcleo de la cibernética y otras tecnologías industriales de punta— repitieron su predilección por Obama, cuyos haberes proceden en el 55 por ciento de donaciones de menos de 200 dólares entregados por 4,2 millones de personas, un millón más que en 2008.

Pero ya en los días finales de contienda, cuando el huracán Sandy ha detenido momentáneamente las expediciones a los estados péndulos, se afirma que Romney tienen más dinero en mano para inundar de anuncios los medios, mientras el demócrata se verá un poco restringido.

Así van las cosas…

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