Julio Martínez Molina

Látigo y cascabel

Un puente del amanecer al futuro

Los miembros de la Comisión Política Cultural en los Medios —que se prepara, como varias otras, para la realización del próximo Congreso de la UNEAC—, valoramos por estos días a lo largo del país los aciertos que en materia televisual y radiofónica se han producido luego de las discusiones del anterior cónclave. También los problemas que persisten.

Se alude a dificultades sobre el sistema de programación de los medios y a la aún escasa presencia en sus marcos del ejercicio del criterio, temas que en su momento serán discutidos, pero sale al ruedo, con insistencia desde ya, el diseño de la parrilla juvenil en la televisión.

En momentos en que los horizontes para dicha franja no suelen tener muy altas expectativas, cuando se ven solo de vez en vez en tal espectro propuestas sistemáticas de calidad y predomina el enlatado (al estilo de la insufriblemente interminable Montaña rusa), sin embargo existe un referente dentro del propio medio a reparar: el infantil.

Si bien, visto en términos generales, también adolece de algunas lagunas, sobrepasa en cinco pistas a la programación destinada al segmento juvenil. Y en su cuerpo, destaca un espacio con el cual despiertan cada mañana millones de niños cubanos: Amanecer feliz.

Yeny Almeida es su autora (en el sentido francés del término auteur, o sea, creadora integral con sello propio), y quien entabla el diálogo con los pequeños, para bien de aquellos, debido al rango de calidad del producto comunicativo que están recibiendo.

La conductora de Amanecer... logra establecer no solo ya la necesaria empatía con el público (sobre todo de tales edades), sino loables mecanismos de transmisión de mensajes provistos de un contenido rico en valores, pautas y patrones de conducta.

A cada programa la ex Colmenita Yeny lleva la herencia de lo más sobresaliente de un legado de pedagogía infantil, que se desliga de cualquier sombra de rigidez o recitalismo para apelar como punto de apoyo clave al hecho imaginativo en toda su apertura de posibilidades (fábulas, apólogos...).

Yeny, con sapiencia helénica, ha tomado de su mano ese punto de apoyo y ha puesto a girar el mundo de la fantasía infantil, a través de oportunos comentarios intermedios, ubicados entre la presentación de las cartas con los dibujos de los niños y el muñe o el clip animado.

Ni una jornada la comunicadora se da el lujo de desaprovechar sus minutos al aire sin infundir amor, ternura, sensibilidad; sin mostrar, con ejemplos tangibles y visibles, la ejemplificación de un distendido diapasón de valores: solidaridad, hermandad, unidad, amor a la Patria...

Con una alegría que supera en la mitad al día más feliz de cualquier mortal, la risueña, pero jamás meliflua presentadora, contagia felicidad y riega de fe a la semilla más preciada.

Amanecerían felices Tagore, D’Amicis, Almendros, Onelio y tantos otros, si algún alma buena les diera la noticia de que vive y palpita espacio semejante.

Tienen en mente Yeny y todos cuantos intervienen en la realización de esta sección del informativo Buenos Días, que mediante cada emisión no solo cumplen con el cometido de un espacio más al aire.

No, están construyendo además paso a paso, un proyecto de futuro que por fortuna, en vez de apagar su luz al correr de los meses a la manera de ciertos espacios, consolida su obra y aviva el resplandor de un faro que intenta alumbrar a los que van navegando hacia un mañana que pronto será.

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