24 °C Martí es impactado por tres disparos. Una bala le penetró por el pecho, al nivel del puño del esternón, que quedó fracturado; otra, que le entró por el cuello, le destrozó, en su trayectoria de salida, el lado izquierdo del labio superior, y otra más lo alcanzó en un muslo. Su acompañante, el subteniente Ángel de la Guardia, que queda atrapado bajo su caballo herido, pudo librarse del peso de la bestia y atrincherarse detrás del fustete caído para batirse desde esa posición con el adversario, escondido en el yerbazal, pero no consigue rescatar el cuerpo del Delegado del Partido Revolucionario Cubano. Con el paso lento que le permite su caballo herido retorna De la Guardia a los suyos y casi al mismo tiempo vuelve, tinto en sangre, Baconao, el caballo del Apóstol. «El Generalísimo» Máximo Gómez, desesperado por la infausta noticia, se lanza, prácticamente solo, al lugar del suceso a fin de recobrar a Martí, vivo o muerto. Tanto se arriesga el Jefe del Ejército Libertador que en un informe inicial sobre el combate el coronel Ximénez de Sandoval, jefe de la columna española, reporta su nombre entre las bajas contrarias.
Diría Máximo Gómez a Tomás Estrada Palma: «Cuando me pude apercibir de su caída, lo más que podía hacer lo hice, lanzarme solo a ver si recogía su cadáver. No me fue posible, y puedo asegurar a Ud. que jamás me he visto en tanto peligro. La noticia de fuente española de que yo estaba herido, no dejaba de tener su fundamento».
Una barrera de fuego impide a Gómez llegar hasta el cuerpo de Martí. Lo hallan los españoles y el cubano Antonio Oliva, un práctico conocido por el sobrenombre del Mulato, alardea de haberlo rematado con su tercerola. Alardearía también de haberle hecho fuego desde el yerbazal. ¿Verdad o mera fanfarronería? Un militar español, Enrique Ubieta, calificó de fantasía el tiro casi a boca tocante de Oliva sobre Martí moribundo. Al historiador cubano Rolando Rodríguez le parece evidente que el Mulato se pavoneaba de lo que no había hecho porque buscaba que el Ejército español lo premiase con una distinción pensionada. Si desde el maniguaso, como decía, disparó sobre el Apóstol, no fue el único en hacerlo, pues se sabe, por el testimonio de Ángel de la Guardia, que ambos combatientes fueron objeto de una descarga cerrada. Por otra parte, colige Rolando Rodríguez, resulta imposible con una tercerola, y aun con un máuser, hacer blanco tres veces en un jinete antes de que caiga del caballo.
De todas formas, Ximénez de Sandoval anotó a Antonio Oliva entre los combatientes distinguidos en la acción de Dos Ríos y se le otorgó la Cruz del Mérito Militar de Cuba, con distintivo rojo. Pero de pensión, nada.
En el momento de su muerte vestía Martí pantalón claro, chaqueta negra, sombrero de castor y borceguíes también negros. Su ropa debe haber llamado la atención del enemigo. Por la documentación que portaba, los españoles sospecharon de inmediato que se hallaban ante el cadáver del «pretendido» Presidente de la República o de la Cámara Insurrecta; el «cabecilla» Martí, y su reloj y su pañuelo llevaban las iniciales JM. El capitán Satué, que lo conoció en Santo Domingo, corroboró la identificación, y un tal Chacón, cubano hecho prisionero horas antes, la confirmó.
Llevaba el Apóstol documentos oficiales y varios papeles de índole personal, como la carta inconclusa a su amigo Manuel Mercado, fechada el día anterior, 18 de mayo. Se sabe, por la carta de Gómez a Ximénez de Sandoval pidiéndole noticias acerca de Martí («Si está en su poder, herido… o si muerto, dónde han quedado depositados sus restos…», le dice en esa), que el Delegado llevaba encima asimismo más de 500 pesos oro americano.
Años después, Ximénez de Sandoval relataría a Gonzalo de Quesada lo que Satué le dijo acerca de las pertenencias de Martí: «Respecto a la sortija de hierro que dice llevaba… debió serle quitada cuando lo despojaron del revólver, reloj, cinto, polainas, zapatos y papeles; puesto que cuando yo encontré su cadáver y lo identifiqué, le mandé a registrar sin apearme del caballo, no encontrándole más que la moneda de cinco duros americana, tres duros en plata, la escarapela, la carta de la hija de Máximo Gómez con la cinta y la carterita de bolsillo».
Nada dice acerca de los 500 pesos. Quizá no supiera nada acerca de estos por haber quedado en otras manos. Tiempo después, sin embargo, expresaría que el dinero ocupado a Martí y también a Chacón se empleó en pagar el aguardiente y los tabacos que en el poblado de Remanganaguas ordenó que se comprara a la tropa.
Parte de ese botín de guerra quedó en poder del coronel español: la cinta azul remitida a Martí por Clemencia Gómez, el cortaplumas y la escarapela, que se dice había pertenecido a Carlos Manuel de Céspedes. Cartas y documentos los cedió a archivos militares, en tanto que el reloj lo obsequió a Marcelo Azcárraga, ministro de Guerra del Gobierno peninsular, y el revólver al capitán general Arsenio Martínez Campos.
Las iniciales JM reiteradas en el reloj y el pañuelo, la documentación ocupada y las aseveraciones de Satué y Chacón sobre la identidad del occiso, convencen a Ximénez de Sandoval de haber asestado un golpe mortal a la revolución naciente. Decide no esperar más y da la orden de retirada. Una hora y media había demorado el combate de Dos Ríos. El Apóstol cayó en la segunda media hora de la acción, después de la una y siempre antes de la una y treinta de la tarde, que es cuando el Generalísimo recibe la noticia apabullante.
Por un momento Gómez llega a pensar que el Delegado no está herido ni muerto, sino solo perdido en el monte. Si ha sido hecho prisionero y va herido o si ya está muerto, cree que podrá recobrarlo durante el contraataque que espera. Pero el contraataque no se produce y la exploración mambisa detecta que el adversario se mueve en retirada. Ximénez de Sandoval marcha hacia Remanganaguas y lleva el cadáver de Martí doblado y atado sobre el caballo del prisionero Chacón. Piensa Gómez interceptar la columna española. Lo pantanoso del suelo, por las lluvias, demora su avance y cuando al fin sale al camino ya los adversarios han pasado. Ordena que unos tiradores los acosen. Pero está decepcionado. Su olfato de viejo guerrero le dice que se trata de un enemigo que ya de seguro no podría derrotar.
Demora más de lo previsto Ximénez de Sandoval en llegar a su destino. Se detiene en la bodega de Modesta Oliva y más adelante, al oscurecer, la lluvia lo obliga a una nueva parada en la finca Demajagual. Hace noche la columna en el mismo camino y el cadáver de Martí, zafadas las ataduras, es dejado caer junto a un jobo. A las 3:30 de la mañana los españoles se ponen otra vez en marcha. Llegarán a Remanganaguas a las ocho de la mañana y desde allí el coronel envía un telegrama a sus superiores para dar cuenta del combate.
Es en esa localidad donde los restos del Apóstol son inhumados por primera vez. En la tierra viva y casi desnudo, cubierto solo con los pantalones. Encima de su cadáver colocan los restos de un soldado o sargento español muerto también en Dos Ríos. Son las tres de la tarde del 20 de mayo.
El Generalísimo, aunque decepcionado, no se da por vencido. Llega a la bodega de Modesta Oliva; la mujer le dice que Martí está muerto y le entrega un papel que dejó el jefe español en el establecimiento. Los nombres de Martí y de Ximénez de Sandoval aparecían anotados entre símbolos masónicos —ambos eran masones, en efecto— y se añadía que el Apóstol iba herido. Si se salvaba, sería devuelto a las filas cubanas; si fallecía, tendría un entierro digno. Resulta ingenuo pensar que Gómez creyese ese mensaje luego de que Modesta le aseguró haber visto a Martí muerto. No se ha dilucidado el misterio de ese papel que ciertamente existió, aunque Rolando Rodríguez descarta que procediera de Ximénez de Sandoval. Cree ese historiador que fue una estratagema para que Gómez aflojara o desistiera de la persecución. El médico de la columna española, también masón, se atribuyó después su autoría. Aseguró haber escrito que Martí estaba vivo y si intentaban rescatarlo le darían muerte. Pero Rodríguez tampoco cree que fuera eso lo que decía el papel.
Es entonces que el General en Jefe del Ejército Libertador escribe al jefe enemigo la carta ya aludida en la que interesa conocer el destino del Delegado. La envía con su ayudante Ramón Garriga y advierte a Ximénez de Sandoval que si ese combatiente «no vuelve a incorporarse porque usted se lo impida, cualquiera que sea la forma que para ello está usted en libertad de emplear, así sea la muerte misma, al joven oficial le importará poco eso y a los que quedemos en pie no hará mella ninguna en el espíritu que nos anima».
Hay júbilo en la parte española por la muerte del Delegado del Partido Revolucionario Cubano. Vuelan los mensajes de un lado a otro. «Muerto el titulado Presidente José Martí», anuncian. En Madrid, a la salida de un consejo de ministros, los titulares de Guerra y Ultramar aseguran en triunfo a los periodistas que «con la muerte del cabecilla Martí, que era el alma de la insurrección, ha de ser fácil a nuestras tropas batir y disolver las partidas, en las cuales reina ya el desaliento y la desmoralización». El Gobierno y la reina regente envían un telegrama al capitán general Martínez Campos: felicitan al ejército de operaciones en Cuba y al coronel Sandoval por el victorioso combate. Los periódicos, en sus ediciones habituales y en suplementos extraordinarios, divulgan la noticia.
Pero España quiere asegurarse de que el muerto es ciertamente el Presidente de la Cámara Insurrecta. Sabe que tal noticia será muy discutida en el exterior y urge eliminar toda duda. Por eso el general Salcedo, jefe militar de la plaza de Santiago y de toda la provincia, ordena a Ximénez de Sandoval que se remita a dicha ciudad el cadáver de Martí, embalsamado, lo que ha de ser «de gran efecto moral y ha de contribuir a la resonancia del gran servicio prestado por usted y su columna». Asegura asimismo que en Santiago, Martí sería enterrado «con el respeto que merece todo muerto».
En su camino entre Palma Soriano y San Luis, Sandoval se topa con el médico cubano Pablo Valencia, que lleva la encomienda de Salcedo de comprobar la identidad de los restos de Martí y embalsamarlos. Ya en Remanganaguas, Valencia no puede acometer su tarea de inmediato porque le exigen una autorización de Sandoval. Manda el médico a su ayudante a San Luis, obtiene la autorización solicitada y el 23 emprende el camino de regreso con el papel oculto en un zapato. Va asustado el sujeto pese a sus precauciones, porque la bestia que monta pertenece al Ejército español y, por la marca del hierro y la cola cortada, los insurrectos se percatarán de ello si lo sorprenden en el camino. Lo detiene en efecto una tropa mambisa que reconoce el caballo. Se lo cambian por un arrenquín y lo dejan seguir porque, total, no es más que el criado de un médico.
No pudo saber aquella tropa que dejaba escapar la oportunidad de rescatar los restos del Apóstol.
VEA ADEMÁS: Cómo murió Martí (III y final)
Ñoooo Ciro te la comiste. Pero ¿por que no dejas asi? Ahora a esperar la semana que viene jajaja Chao
realmente estos articulos son maravillosos, pero parece una novela de misterio llevamos 2 semanas para saber que paso y parece que nos falta otra, esta es una historia muy interesante y muy poco divulgada, gracias por darla a conocer con todos los detalles
Como siempre muy útil, instructivo y ameno todo lo salido de la mano de Ciro Bianchi. Felicidades por este tema
Toda historia que se cuente en realacion al apostol,siempre va parecer insuficiente.Uno siempre desea conocer mas.Y es que era tan nutrida de grandeza, la vida de este heroe!!!.Que es imposible no quedar con ganas de querer conocer toda la historia de su vida desde que nace,hasta que fallece.Uno siempre quisiera conocer cada rinconcito del alma de este gran patriota,sin limitaciones,desde lo mas insignificante hasta lo mas relevante.Usted senor Ciro,como siempre,dando en la diana de sus lectores.Nosotros como siempre tambien, esperando nuevas noticias suyas y ojala que sean pronto,pues la espera desespera.
Hola! Gracias por este capitulo de nuestra historia tan poco conocido ydivulgado. Con impaciencia espero la proxima semana para seguir leyendo. Gracias de nuevo y enhorabuena.!!!!
Estimado Senor Ciro Bianchi, No puedo, como estudioso del tema, "ver cometer un dislate en silencio so pena de hacerme complice de èl". Tengo que reconocer, y me place, q en "Como...(II)", solo encontrè, una sola declaraciòn que pudiera ser objeto de comentario: "...Martì es impactado por tres disparos.....". Le dirè que muchos han sido los q han escrito sobre la caida del Maestro y, unos dicen que recibiò 5 impactos, otros 4, 3 (como usted), pero si se lee cuidadosamente el reconocimiento del Dr. Pablo A. Valencia se verà que los disparos solo fueron 2 y que presentaba "en la pierna derecha y en su tercio superior, una hendidura especial de la piel, correspondiendo a dicha hendidura un color algo màs oscuro que el resto del cuerpo, prueblas evidentes de haber sufrido en aquella parte, durante algùn tiempo, una presiòn con la contusiòn consiguiente, producida por un anillo de hierro colocado en dicho punto". Lo anterior aparece en el libro de Mary Cruz "El hombre Martì" pues, lamentablemente no he podido revisar el dato primario, me refiero al informe original del reconocimieno, publicado por Valencia Fors en el periòdico habanero "La Discusiòn", el 30 de enero de 1899. Me gustaria poder revisar el documento original o, al menos, la fotocopia del mismo publicada por el autor en el periòdico mencionado. El tercer disparo al que aluden otros escritores, basados en las primeras opiniònes no profesionales, parece que se trata de la interpretaciòn que se hizo de la lesiòn de la pierna derecha dejada por el grillete que le pusieron cuando lo condenaron a trabajos forzados en las Canteras de San Làzaro. En el tercer artìculo encuentro varias cosas que comentar. Con respecto al bigote fino y no muy poblado, todos conocemos un Martì de bigote y mosca bien poblado. en el libro de Mary Cruz se lee: "...El detalle, descrito de que Martì, al caer peleando, tenìa un "bigote fino y poco poblado", hay que anotarlo teniendo en cuenta el testimonio de que, al desembarcar por Playita de Cajobabo, el gran hombre se habìa resurado el bigote para que los espìas enemigos no lo identificaran. Con respecto a los ojos claros y azulados refiere Mary Cruz: "...Al llegar a los ojos, Por què surgen tantas contradicciones?..."De que color eran exactamente?"Glaucos" , dijo Edelmann despuès de mirarlos con detenimiento, y bien apunta Gonzalo de Quesada que su descripciòn, por venir de pintor que sabe de estas cosas "quizà sea la màs acertada"..." Glauco es el color que tiene los tonos variados de las olas, desde lo oscuro hasta lo claro, de pardo a verdemar, dependiendo de la luz y del reflejo de las cosas circundantes." Otra explicaciòn nos la ofrece " Desde las perspectivas de la medicina legal, el doctor Ercilio Vento ha desplegado una hipótesis que pudiera esclarecer un poco el asunto. .Cuando Ximénez de Sandoval lo vio, ya Martí había fallecido. Si un cadáver tiene los ojos abiertos como sucedió en este caso, la córnea se reseca con mayor rapidez y comienza a cubrirse de una opacidad. .Es una especie de velo azulado o, más bien, grisáceo azulado, que se conoce como telilla glerosa. Eso fue lo que él debió observar.. Algunos de sus contemporáneos aseguraron que, además de oscuros, los ojos de Martí eran peque- ños, delataban .una inmensa vida interior. y .alejaban toda idea de falsedad o hipocresía, con reflejos simultáneos de bondad y fortaleza .. Carlos Aldao y Alberto Plochet afirmaron coincidentemente que resultaban lo más notable de su fisonomía, aun por encima de la singularidad de su amplia frente. En la memoria del puertorrique- ño Manuel Zeno Gandía ha quedado un momento en que .se encend ían de mal contenida indignaci ón., mientras le contaba en Espa ña, todavía adolescente, de su reclusión y trabajos forzados en las canteras. Sus ojos también solían ser comprensivos, incluso en situaciones engorrosas como la que vivió una noche de 1885 en un mitin en Tammany Hall, Nueva York, cuando Antonio Zambrana lo acusaba de manera injusta desde la tribuna. Ofendido, pidió la palabra. Mientras caminaba hacia el escenario, Plochet lo observaba, sorprendido de que su mirar no fuera iracundo, fulminante. Dirigía su vista hacia Zambrana .de hito en hito, lanzándole miradas de compasión como si se apiadara de su error.. En el texto Martí revolucionario, Ezequiel Martínez Estrada analiza el aporte biográfico de los retratos que le hicieron. Al referirse a los ojos, dice que son determinantes para seguir la evolución de un hombre que, sobre todo desde 1882, soporta .una carga espiritual agobiadora., debido a sus problemas personales y a la causa patriótica asumida. Con respecto al nicho Raùl Ibarra escrrefiere: Ana esa actitud de los dignos jefes y oficiales del Ejèrcito español, de la que no participò el Coronel Ximenez de Sandoval, otro español que coniviò mucho con nosotros y que aquì formò su digna familia, el entonces Alcalde Monicipal Don Baartolomè Vidal y Marturell, pasando por encima del acuerdo del ayuntamiento y los "feroces cubanos", enemigos de todo lo cubano, hizo saber a los generales que; "Nada tenìan que pagar ustedes por la sepultura del Señor Martì, pues como alcalde munucipal, de acuerdo a las facultades de que estoy investido, he dispuesto que la ciudad de Santiago de Cuba otorgue, libre de gastos, el nicho en el Cementerio para el cadàver del Señor Martì". Hubo tres Concejales que acusaron al Señor Vidal de extralimitarse de funciones, pero el General Garrich no les hizo caso. Los oficiales españoles costearon la làpida colocada en el nicho. Bueno ya con esta me despido, Un abrazo fuerte Dr; Walter Marcial Martìnez Rodrìguez Profesor Consultante Máster en Ciencias Especialista de Iero y II Grado en Anatomìa Patològica Jefe del Servicio de Patolgìa del Hospital Doc "Dr. Leòn Cuervo Rubio" Jefe del Grupo Provincial de Anatomìa Patològica "Con el puño cerrado no se podràn estrechar las manos" Mahatma Gandhi
Interesante texto, muy ilustrativo. Saludos cordiales desde España para todos los cubanos. Andrés