Cómo murió José Martí (III y final)

Ciro Bianchi RossCiro Bianchi Rossdigital@juventudrebelde.cu
13 de Marzo del 2010 21:46:51 CDT

Con el regreso de su ayudante, ya con el permiso del coronel Ximénez de Sandoval para desenterrar el cadáver, comenzó el doctor Pablo de Valencia la exhumación de los restos del Apóstol. Antes se había confiado a un carpintero de la zona la confección del ataúd —costó ocho pesos— donde se depositarían los despojos para su traslado a Santiago de Cuba. Eran las 5:30 de la tarde del 23 de mayo cuando el médico cubano comenzó su tarea. El cuerpo de Martí, que había muerto el 19 a mediodía, se hallaba en estado avanzado de descomposición, lo que impediría un embalsamamiento completo.

Procedió Valencia a la identificación del cadáver. El examen físico debía concordar con los datos suministrados por personas que lo conocieron y que afirmaban se trataba de un hombre de unos 48 años de edad, de constitución y estatura regulares y que, aunque delgado, se hallaba bien conformado. Tenía el cabello, muy rizado, de color castaño oscuro, con una incipiente calvicie en la coronilla y entradas muy pronunciadas en las sienes que ponían de manifiesto una frente ancha y despejada. Lucía Martí, según la descripción suministrada al doctor Valencia, cejas del mismo color que el del pelo, bigote fino y no muy poblado, nariz aguileña, labios gruesos, orejas pequeñas y ojos claros y azulados.

Confirma Valencia en su informe muchos de esos detalles. Escribe que la dentadura del cadáver que examina «está conforme con los datos ya mencionados, así como también todos los relativos a la cabeza y cara». Era bueno, en su opinión, el estado de la dentadura, a la que faltaba, sin embargo, el segundo incisivo de la mandíbula superior. Repite lo del bigote fino y poco poblado y dice que el cuerpo presentaba en la pierna derecha señales de haber llevado grillos pues se advertía en ella una depresión de la piel. Otro dato queda asentado en la certificación médica: al occiso le faltaba un testículo.

Llaman la atención, por lo contradictorias, algunas de las descripciones anotadas por Valencia en su informe. El dentista de Martí diría años después que al Apóstol le faltaba el incisivo central superior izquierdo y que el lateral del mismo lado se hallaba en tal estado que hubo que desvitalizarlo y trabajarle la raíz a fin de insertarle un diente artificial sobre la espiga. Pero esa inserción no llegó a practicarse. Sobrevino en esos días el desastre del Plan de Fernandina y Martí se negó a que el especialista continuara el procedimiento. Le dijo: «Deje usted eso, qué importa un diente cuando se trata de dar la libertad a mi Cuba». No me permitió terminar la operación haciéndole la obturación provisional de la raíz, recordaba el dentista, que precisó además que los dos laterales superiores del Apóstol eran dientes muertos.

Lo mismo sucede con lo de los ojos claros y azulados, pues numerosos testimonios desmienten ese aserto. Los tenía, según unos, negros. Otros aseguran que eran de color pardo oscuro o, simplemente, pardos, en tanto que no falta quien los describiese como castaños. Despierta también duda lo del bigote «fino y poco poblado», aunque es probable que, con la intención de eludir al espionaje español, se lo afeitase junto con la mosca, en los días inmediatos a su llegada a la Isla. En su último Diario anotaría dos visitas al barbero en el transcurso de tres días.

Siempre que en Cuba se publicó el informe de la necropsia practicada por Valencia se omitieron algunos detalles, quizá por considerarlos impúdicos o irreverentes. Fue el historiador Rolando Rodríguez, que encontró el documento original en un archivo español, el único que lo reprodujo tal cual. Martí padeció de un sarcocele, tumor sólido del testículo, a consecuencia de un golpe de la cadena del grillete. Por ese motivo fue intervenido quirúrgicamente en dos ocasiones y una tercera operación se le practicó en España, sin resultados favorables. Su calvario continuó hasta que en 1876, en México, el doctor Francisco Montes de Oca lo llevó al quirófano por cuarta vez para someterlo a un procedimiento que, diría el propio Martí, «notables médicos de España no se decidieron a hacer, y que el doctor mexicano llevó a cabo con precisión sorprendente, tacto sumo y éxito feliz».

Procedió Valencia al embalsamamiento. Extrajo las vísceras del cadáver y rellenó las cavidades con algodón desinfectado. Aplicó inyecciones de una solución de bicloruro y luego, con una solución de alumbre y ácido salicílico preparada en agua hirviendo dio al cuerpo una especie de barniz. Pasaban de las siete de la tarde cuando el médico dio por finalizado su trabajo. Aproximadamente a la misma hora entraba en Remanganaguas una columna conformada por algo más de 600 hombres que garantizaría el traslado del ataúd hasta Santiago.

En su viaje hacia Remanganaguas, esa columna había sido atacada en tres ocasiones por una tropa al mando del general Quintín Bandera, y el jefe español, el teniente coronel Michelena, comprendió que los mambises persistirían en su asedio cuando, con el ataúd a cuestas, emprendiera el camino a San Luis. Así fue. Quintín trataría a toda costa de rescatar el cadáver, pero se impuso la superioridad española y la columna logró entrar en Palma Soriano, donde hizo noche, para ponerse nuevamente en marcha al amanecer. De nuevo la ataca Quintín Bandera, que había salido temprano a esperarla.

Escribe Rolando Rodríguez en su libro Dos Ríos; a caballo y con el sol en la frente, que venimos glosando a lo largo de estas páginas: «El general Bandera y sus fuerzas ya habían acometido la columna, cuando la llegada de refuerzos enemigos por la retaguardia, hizo demasiado comprometida la situación. Después de una hora de lucha, el recio general de tres guerras tampoco pudo cumplir el objetivo de rescatar el cuerpo… de aquel hombre al que había conocido menos de dos semanas atrás y al que su admiración inmediata hizo llamarle Apóstol».

No hay duda alguna, es Martí

En un vagón de carga agregado al tren y bajo la protección de 81 soldados españoles, fueron trasladados los restos de Martí desde San Luis a Santiago de Cuba. Los llevaron al cementerio de Santa Ifigenia y fuerzas de un batallón custodiaron la necrópolis a fin de frustrar cualquier acción insurrecta. De inmediato el general Garrich, gobernador militar de la plaza, tomó las medidas para el entierro, previsto para el día 27, a las ocho de la mañana, y dispuso que el coronel Ximénez de Sandoval se hiciera presente en la ceremonia. El capitán español Enrique Ubieta, que se decía amigo de Martí, escribió al alcalde de la ciudad para informarle que los generales Garrich y Salcedo, comandante de la Primera División del Ejército en campaña en la provincia, «procediendo con la nobleza de sentimiento característica de la hidalguía española, habían dispuesto se diese sepultura en un nicho del cementerio católico al cadáver de don José Martí, no viendo en él al insurrecto que había sucumbido peleando contra los defensores de la integridad nacional, sino los despojos de un ser cristiano, a los que debía darse cristiana sepultura».

Añadía Ubieta que si el Ayuntamiento no estaba dispuesto a eximir de pago los derechos de ocupación del nicho por cinco años, él y los militares mencionados abonarían el dinero requerido para hacerlo. No fue necesario, pues el cabildo de la ciudad acordó concederlo gratis y por el tiempo solicitado.

Los cubanos Antonio Bravo Correoso y Joaquín Castillo Duany pidieron a oficiales españoles amigos que les facilitaran la oportunidad de identificar el cadáver. El capitán Ubieta los acompañó a Santa Ifigenia y allanó el trámite con el oficial español que mandaba el batallón que protegía la necrópolis. Dio su autorización el Comandante sin inconveniente alguno y acompañó al grupo hasta el lugar donde se hallaba el ataúd. En una rústica caja de madera, precintada por tiras de lata, se encontraba el cadáver del más grande de todos los cubanos. Ubieta llamó a un soldado de la custodia y le pidió que levantase la tapa. Descansaba de espaldas, con la boca abierta y el pelo peinado hacia atrás, descompuesto pese al embalsamamiento. El pantalón desabotonado dejaba al descubierto el abdomen. Castillo Duany dijo a los presentes: «No hay duda alguna, es Martí». Otros cubanos reconocieron también los restos y un fotógrafo, Higinio Martínez, dejó constancia gráfica del cuerpo asolado por la muerte. El cadáver, en la fotografía, no parece estar dentro de un ataúd.

Llegó la hora del entierro. El coronel Ximénez de Sandoval preguntó en dos ocasiones si había entre los presentes algún amigo, pariente o conocido de Martí que quisiese despedir el duelo. Como nadie aceptó la encomienda, el militar español asumió la tarea. Fue breve. Suplicó a los presentes que no viesen en Martí al enemigo, sino el cadáver «del hombre que las luchas de la política colocaron ante los soldados españoles».

Mucho se ha especulado sobre las palabras del militar español aquella mañana en Santa Ifigenia. Contrastan con la comunicación que después del entierro de Martí en Remanganaguas cursó al general Azcárraga, en la que se felicitaba porque «gracias a la protección de Dios» sus tropas dieron muerte en Dos Ríos «al agitador y propagandista incansable don José Martí». En opinión de Rolando Rodríguez, su condición de masón —y Martí también lo era— debe haber influido en su actitud. Muy respetuoso se mostró asimismo en la carta que en 1911 dirigió a Enrique Ubieta: «La acción de Dos Ríos es un hecho de mi historia militar, en la que halló muerte gloriosa aquel genio… Su arrojo y valentía, así como el entusiasmo de sus ideales, le colocaron frente a mis soldados y más cerca de las bayonetas de lo que su elevada jerarquía correspondiera; pues no debió nunca exponerse a perder la vida de aquel modo, por su representación en la causa cubana, por los que de él dependían y por la significación y alto puesto que ocupaba como primer magistrado de un pueblo que luchaba por su independencia».

Destinos

Los restos de José Martí se mantuvieron en el nicho 134 de la galería sur de la necrópolis santiaguera hasta 1907, cuando fueron trasladados a un pequeño templete de estilo jónico, erigido en el mismo lugar que ocupara el nicho. A mediados de 1951 quedó inaugurado en el mismo cementerio el mausoleo que desde entonces guarda sus restos.

Numerosas cruces y condecoraciones repartió el Gobierno español entre los soldados y oficiales que participaron en la acción de Dos Ríos. Al coronel Sandoval solo le tocó la cruz de María Cristina de tercera clase. Ascendería con el tiempo a General de División y justo es decir que declinó el marquesado de Dos Ríos porque, dijo, «lo de Dos Ríos no fue una victoria; allí murió el genio más grande que ha nacido en América». Falleció en 1924.

El general Salcedo pensó que en razón de la muerte del Apóstol merecía el ascenso a teniente general. Martínez Campos se lo negó y se salió del Ejército.

Se desconocen los detalles del final de Antonio Oliva, el cubano que alardeó de haber rematado a Martí. Unos dicen que lo machetearon en un café de San Luis o en una cantina de Palmarito. Sus familiares insistieron en que salió de la Isla, con destino a España.

En cuanto al hecho mismo de la muerte de Martí quedan todavía momentos sin respuesta. Pero en opinión de Rolando Rodríguez, los lados oscuros de aquellas horas son mucho menos de lo que algunos quieren todavía hacer ver.

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    1. 1

      Jose Luis - 14 de Marzo del 2010 8:03:35 CDT

      De nuevo muchisimas gracias por su magnifica trilogia su bien documentado e imparcial estudio, ha desmistificado muchos de los hechos sobre la caida del apostol y ha mostrado cuan humanamente se portaron las autoridades espanolas de la epoca.Desconocia que Marti fuera mason,conocimiento que le agradezco

    2. 2

      Andrés - 14 de Marzo del 2010 12:24:09 CDT

      Mis respetos Ciro Bianchi. Su sentido de la historia es admirable y necesario. No conocía sobre las palabras del coronel Sandoval refiriéndose a Martí. Es sorprendente ver cuanto respeto puede inspirar un enemigo digno.

    3. 3

      Carlos Cordero - 14 de Marzo del 2010 20:21:53 CDT

      Estimado Ciro> Tengo 59 años y desde los 14 soy seguidor de la vida gloriosa del Apostol. Creame que no pude evitar al leer su brillante trabajo que las lágrimas asomaran a mis ojos, como siempre que evoco aquel trágico hecho. Pienso que Martí sabía al igual que el Che que en una Revolución se vence o se muere si es verdadera.Creo que en lo más íntimo de su ser el sabia que su sangre tenía que abonar la tierra cubana para que floreciera lo que tenemos hoy. Aquella sangre dió hiombres como Mella y Fidel. Felicitaciones por su trabajo. Dr: Carlos Cordero

    4. 4

      Roberto - 15 de Marzo del 2010 7:52:34 CDT

      Muchas gracias, por este caudal de conocimiento que pone en manos de los lectores, en su trabajo a expuesto aspectos muy pocos conocidos de la muerte de Martí, sobre todo, la conducta de Sandoval al despedir el duelo, aspectos estos que en ocasiones no se mencionan en la historia.

    5. 5

      Beatriz - 15 de Marzo del 2010 9:35:25 CDT

      Bianchi. Muy serio su escrito. Quisiera preguntarle algo. He investigado sobre la relaciones entre Martí, Maceo y Gomez y no he podido encontrar la reacción de maceo ante la muerte de Martí, o sea las palabras exacta o precisas al conocer la noticia. Usted pudiera recomendarme algún documento o hablar, lo siento escribir al respecto. Atentamente. Beatriz

    6. 6

      alberto - 15 de Marzo del 2010 15:38:51 CDT

      Gracias Ciro, una vez más Usted me ha dado una fuente de conocimientos.Me ha ayuadado a despejar muchas dudas. saludos, Alberto

    7. 7

      Amores - 17 de Marzo del 2010 16:04:04 CDT

      Ciro, Muchas gracias por este caudal de conocimentos acerca de la muerte del apóstol. Desconocía de la tres operaciones realizadas a Martíy de que le faltaba un testículo

    8. 8

      César Cadalso - 18 de Marzo del 2010 13:01:32 CDT

      Ciro: Sigo con bastante frecuencia sus escritos en JR, así como el programa de Canal Habana, pero este trabajo ha sido el que más me ha gustado de todos. Me ha aclarado algunas dudas que tenía sobre la muerte de Martí y nos ha dado a todos tres verdaderas clases de Historia de Cuba. La vida del Apóstol fue tan maravillosa que agradeceríamos mucho que siguiera escribiendo sobre él. Me uno a la compañera Beatriz sobre lo que le pidió sobre la reacción de Maceo cuando recibió la noticia. Gracias.

    9. 9

      francis - 19 de Marzo del 2010 16:16:16 CDT

      estimado ciro como siempre un placer leer su columna . seria posible que escribiera sobre la reunion de la mejorana

    10. 10

      J M Alfaro Z - 19 de Marzo del 2010 22:00:39 CDT

      MAGNIFICO su trabajo maestro, mis felicitaciones, soy amante desenfrenado del Apóstol como todo cubano de verdad. Tengo una duda y si me la pudiera aclarar. ¿Por quién o quienes y desde cuando se le comienza a calificar a Martí como Apostol, tengo entendido que fue después del fracaso de La Fernandina? y una última por favor, cual fue la expresión de Maceo ante la noticia de la muerte de Martí. Gracias y Ud. siga existiendo.

    11. 11

      Dr. Walter M. Martìnez - 20 de Marzo del 2010 2:38:04 CDT

      Estimado Ciro Bianchi, como le informè en mi mensaje anterior soy patòlogo de 40 años de experiencia, aspirante a Dr. en Ciencias por lo que debo saber algo de Anatomìa Patològica y los "tumores", dedicado durante toda mi carrera a trabajar especialmente en las enfermedades neoplàsicas por lo que: En primer lugar no debemos utilizar tèrminos mèdicos antiguos so pena de confundir a la poblaciòn, aunque sea loable utilizarlos con el fin de respetar el español antiguo en que fueron escritos. Segundo, los tumores sòlidos no llevan el sufijo cele pues, este sufijo colocado en los nombres de los "tumores" hace referencia a herniaciòn, a quiste. Tercero, Del testìculo?, De què cèlula?, No recuerda usted como parte del pueblo cubano que lo màs frecuente (y parecido en este caso) es el Hidrocele o el varicocele?. Estas dos lesiones son: la primera acùmulo de agua entre las dos hojas de la vaginal y la segunda dilataciòn irregular de los plexos venosos es decir, una enfermedad similar a las vàrices esenciales de las extremidades inferiores y las hemorroides externas e internas del recto. Es decir que con gran probabilidad el "tumor" no fue primitivo del testìculo sino de las bolsas escrotales que tantas capas tiene y cuyas dos lesiones màs frecuentes fueron las mencionadas por mi. Es posible que por los pocos adelantos de la Medicina, en aquellos momentos, junto con la enfermedad escrotal le hayan extirpado el testìculo pero que es poco probable que la lesiòn haya sido del testis pues es dudoso que por los pocos adelantos de la Medicina un seminoma (por ejemplo, para hablar del "tumor" màs frecuente primitivo de testìculo) fuera compatible con una buena evoluciòn y vida prolongada. Cuarto, es un mito por largo tiempo aceptado de que los traumas producen neoplasias; aùn hoy mis pacientes de la consulta de mama, auto engañandose, refieren que: "esto me saliò despuès de un golpe que me dì"; cuando en realidad los traumas lo que hacen es "descubrir" una neoplasia maligna que venìa creciendo desde 20 años antes; por supuesto esto es igual para todos los casos !!!El trauma no produce sino descubre la neoplasia maligna!!!!! Quinto, la palabra tumor solo quiere decir AUMENTO DE VOLUMEN DE UNA PARTE, por esta razòn es demasiado abarcador e incluye los "tumores" inflamatorios (las inflamaciones), las neoplasias malignas y las neoplasias benignas. Por otra parte, neoplasia solo quiere decir NUEVA FORMACION y esta puede ser BENIGNA O MALIGNA. Conclusiòn que tumor no es sinònimo de neoplasia maligna ni tampoco neoplasia, a esta hay que añadirle el apellido benigna o maligna. La ùnica palabra sinònima de neoplasia maligna es la palabra CÀNCER. Es decir, que en mi caso prometo estudiar màs sobre las enfermedades de Martì para ver si puedo llegar a saber si lo que tenìa nuestro Apostol era un HIDROCELE O UN VARICOCELE, enfermedades crònicas, muy molestas, que cursan con infertilidad secundaria, pero salvo lo referido, inofensivas. Hasta queda solo en especulaciones. Tengo que leer un poco màs los informes de los mèdicos que lo atendieron los viejos libros de Medicina para ver la evoluciòn en el tiempo de ese tèrmino que usted utilizò sin saber lo ràpido que los nombres de las enfermedades pasan de moda, Sin màs por el momento, Walter

    12. 12

      Rehuel - 6 de Agosto del 2010 15:35:32 CDT

      Estimado amigo Ciro Bianchi Ross, muchas gracias por este ultimo trabajo y final sobre la muerte de José Martí, este ultimo articulo realizado por usted concuerda con lo ya escuchado o narrado por amigos con respecto al trabajo de conservación del cádaver de José Marti, así como de la actuación del oficial español el cual fue Masón al igual que el apostol y pidio para él un entierro cristiano,no sabia de las dolencias y enfermedades de las que padecia, lo cual tiene logica, se narran muchos episodios sobre su estado de salud, después de la salida de prisión e ir a Isla de Pinos lementablemente no pude leer los primeros articulos de las circuntancias de la muerte del Apostol, de ser posible y si tiene algo de su precioso tiempo, desearia me enviara por correo electronico estos hechos en Dos Rios, especialmente sobre quienes fueron los que dispararón sobre Marti, tengo entendido que no fueron las tropas españolas y sí tropas de voluntarios emboscados en el lugar, también tengo entendido que Martí cayo al suelo vivo e incluso hablo brevemente con esos voluntarios, los cuales lo remataron en el suelo, tomaron la carta inconclusa y llevada a españa, devuelta al pais por el gobierno español alrededor de los años 1920, quisiera saber si todos estos hechos son ciertos o no. En espera de usted Rehuel

      Dibujo de José Martí Foto: Juventud Rebelde

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