El teatro Shanghai

Ciro Bianchi RossCiro Bianchi Rossdigital@juventudrebelde.cu
28 de Abril del 2012 19:44:47 CDT

Hace poco más de un par de años me tocó atender a Robert Duvall durante una breve estancia suya en La Habana. Vino como parte de un grupo de figuras del cine norteamericano —directores, actores, guionistas, productores— entre los que sobresalía el muy popular Benicio del Toro. Para los que desconozcan a quién me refiero, diré enseguida que Duvall es el actor que interpreta el papel del consejero —el abogado de la familia Corleone— en la cinta El padrino, de Francis Ford Coppola; un hombre sumamente agradable y simpático que acariciaba en esos días la idea de filmar una película en La Habana. Encarnaría en esta a un norteamericano ya maduro que regresa a la capital de la Isla, una ciudad donde vivió de niño y que recordaba vagamente. El padre del niño aquel se había desempeñado como guardaespaldas o chofer de un cabecilla mafioso.

Desconozco en qué quedó ese proyecto. Duvall lucía muy interesado en llevarlo adelante e insistía en volver a su país con una visión abarcadora de La Habana por rápida y apretada que fuera. Y seguramente por eso alguien pensó en que yo podía servirle de cicerone. Hice una lista de aquellos lugares que me parecieron imprescindibles: el Museo de la Revolución —antiguo Palacio Presidencial—, el Gran Teatro, el Capitolio, la Plaza de la Catedral… Duvall no objetó la visita a ninguno de esos sitios, pero me pidió que incluyésemos en la relación una visita al teatro Shanghai, en el Barrio Chino. Le comenté que ese teatro ya no funcionaba. No dio importancia al asunto. Precisó que quería visitarlo de todas maneras. Se encogió de hombros cuando le advertí que no existía el edificio que le dio albergue. Ni modo. Insistió en que lo llevara al lugar donde estuvo erigido dicho coliseo, en Zanja esquina a Manrique.

Como a esa altura de la conversación sabía ya que Robert Duvall nunca antes había estado en Cuba, sospeché que tal vez tuviera al teatro Shanghai en su imaginario gracias a lo que Marlon Brando pudo haberle contado acerca de La Habana y, aunque no quise confirmarlo, esa suposición se convirtió en certeza cuando no tardó en expresar su deseo de visitar otro lugar ya inexistente, las otroras célebres fritas de Marianao, aquel ringlero de bares y cabarés de segunda categoría —Rumba Palace, Pensilvania, La Taberna de Pedro, El Niche…— que abrían sus puertas entre las dos rotondas de la Quinta Avenida, frente al Coney Island y el Havana Yatch Club, y en los que Brando hizo habitual su presencia durante sus noches cubanas. De esos establecimientos —donde figuras como el Chory y la vedete Tula Montenegro, con su anatomía despampanante, se adueñaban de la escena— quedaba, para suerte del artista visitante, el Rumba Palace, con una inexplicable cubierta de guano que trae el campo a la ciudad en pleno Miramar.

¿Como en París?

La crónica habanera está llena de agujeros negros. Hay toda una historia acerca del cabaré Tropicana y relatos pormenorizados sobre el bar Floridita. Y justo es que se les ensalce por lo que fueron y siguen siendo. Sin embargo, de un bar como el Sloppy Joe’s y un cabaré como el Sans Souci, establecimientos de primera línea en la noche habanera anterior a 1959, apenas se habla. No solo fueron lugares que ya no son, sino que su historia parece irremisiblemente perdida. A esa categoría pertenece el teatro Shanghai.

Lo primero que conviene aclarar es que ese coliseo de la calle Zanja número 205 presentaba —y así se leía en su marquesina— un espectáculo «frívolo y picaresco». Precisaba en su reclamo: «Todo como en París», con lo que —escribe el musicógrafo Cristóbal Díaz Ayala— a quien no hubiera ido nunca a París se le quitaban para siempre las ganas de visitar la capital de Francia.

Su programación se inscribía en la tradición cubana del bufo. Más que un teatro pornográfico, Díaz Ayala lo define como un escenario de malas palabras y coristas gordas desnudas. En la cartelera se anunciaban «desnudos artísticos y bailables nudistas», pero lo habitual eran cinco o seis coristas desnudas, o apenas cubiertas por una leve gasa, que permanecían estáticas en el escenario durante uno o dos minutos antes de que cayera el telón. El desnudo en el Shanghai fue siempre femenino y nunca se llegó a la escenificación del acto sexual. Sí a su amago: una mujer, mientras coqueteaba con un hombre, se quitaba la ropa hasta llegar al panti. De ahí no pasaba. O dos o más coristas se desnudaban al compás de una rumba y el telón caía lento cuando se habían despojado ya de la última pieza. El homosexual no era un tipo fijo en las puestas. Un número como el de Supermán, aquel personaje que lucía en escena su extraordinaria varonía, nunca se escenificó en el Shanghai sino, hasta donde sabe este escribidor, en una casa del barrio de tolerancia de Pajarito y siempre ante un público reducido que pagaba una cuota alta para presenciarlo.

No explotaba el Shanghai el tema político. Bastaba en sus obras el tema sexual. Aunque ninguna de las obras que exhibió debió haber sido nada del otro jueves, su programación cambiaba a menudo y los estrenos se sucedían con frecuencia, como, a modo de ejemplo, se desprende de los anuncios insertados en la cartelera del periódico Prensa Libre en sus ediciones correspondientes a julio-agosto de 1949. Había funciones, de lunes a sábado, a las 8:30 y a las 11:30 de la noche, y también a las tres de la tarde, los domingos. De cuando en cuando se presentaban funciones especiales a las 12 de la noche; nunca nada excepcional, algún estreno, por lo general. Amores en Varadero, La mujer artificial, Mi marido, el otro y yo y Macho o hembra eran los títulos de algunas de esas obras. Nunca se mencionaba el nombre de los autores. Parece que en algún momento se proyectaron películas pornográficas.

Conviene, dice Díaz Ayala, esclarecer el nombre de este coliseo. Decimos y escribimos Shangai. Pero el nombre verdadero era el de Shanghai, que se pronuncia con una hache aspirada que se convierte casi en jota: Shanjai. El destacado musicógrafo no recuerda que nadie le llamara así, pero está casi seguro que así decía el letrero colocado en la fachada del teatro.

Hasta donde conoce este escribidor, se conservan pocas fotos del Shanghai. La entrada y la taquilla del local quedaban en el lado izquierdo de la fachada del inmueble. Desde ahí se avanzaba por un pasillo y el lunetario quedaba a la derecha. En ese pasillo se vendían libros pornográficos y revistas de desnudos, lo que no era privativo del lugar, pues era posible adquirir ese tipo de material en las vidrieras de apuntaciones de la charada y la bolita ubicadas en bares y cantinas de cualquier parte de la ciudad, donde libros y revistas se colocaban en un cordel sujetos por palitos de tendedera u horquillas. Había un primer piso o tertulia. Se abonaba un peso para acceder al lunetario y 40 centavos para la tertulia.

Como en La Habana de entonces todo era posible, sesionaba una sociedad teosófica en lo alto del edificio. Nada tenía que ver con el teatro, pero la auspiciaba el mismo propietario del coliseo. Por cierto, dice el escritor mexicano Paco Ignacio Taibo II en su biografía del Guerrillero Heroico, que el Che, al tomar posesión de la fortaleza de La Cabaña, en enero de 1959, se enteró de que el propietario del Shanghai era un argentino, y se sintió muy molesto.

Piel canela

El público, en su mayoría, era cubano. Para los del interior, la visita a La Habana no estaba completa si no se visitaba el Shanghai. Se seguía en eso la tradición alhambresca, y, como en el teatro Alhambra, tampoco asistían mujeres. Lo mejor de su repertorio era la parodia del Don Juan Tenorio, de Zorrilla, llevada a las tablas de manera infaltable cada 2 de noviembre, Día de los Fieles Difuntos. La orquesta la conformaban piano, batería, trompeta, violines y uno o dos instrumentos más. A uno de los violinistas le apodaban «Calabaza».

Actores destacados del Shanghai fueron el Chino Wong y Armando Bringuier —el Viejito Bringuier—, que también se movieron con éxito en la radio y la televisión y en otros teatros. Arrebataba en sus presentaciones —y nunca se desnudó en el escenario— la rumbera Cuquita Carballo. Se presentaba en el Cabaret Regalías, programa musical de CMQ, y era muy aplaudida en los shows del cabaret Sierra, en Concha entre Cristina y Vía Blanca, en Luyanó, y en el Bambú Club, un restaurante campestre en el más precioso recodo del río Almendares; entre los kilómetros cinco y seis de la avenida de Boyeros.

Fue una artista completa esta mujer nacida en La Habana, el 19 de agosto de 1922. Muy temprano se inició María Luisa Carballo en el mundo del espectáculo. Su paso por el afamado circo de Santos y Artigas le abrió todas las puertas. Trabajó además para la radio, dejó grabados varios discos de larga duración y fue muy celebrada su interpretación de Piel canela, del puertorriqueño Bobby Capó. Durante la II Guerra Mundial estuvo entre los talentos artísticos que brindaban entretenimiento a militares estadounidenses internados en el hospital Biltmore, de Coral Gable, Florida, el cual se convertiría en un hotel de lujo una vez finalizada la contienda. Por ello mereció una condecoración del Gobierno de Washington.

Como vedet, fue muy popular en España y en casi toda Sudamérica. Se hizo aplaudir en Argentina, Uruguay, Chile, Perú y, sobre todo, en Brasil, donde una calle de Río de Janeiro lleva su nombre. Allí filmó para la gran pantalla películas como Carnaval no fogo (1949), Avis aux navigants (1950) y Carnaval Atlántida (1952), entre otras, así como Pasaportes para un ángel (1952), del español Javier Setó, junto al también cubano Otto Sirgo, y El millonario (1955), del argentino Carlos Rinaldi. Cuquita Carballo falleció en 1988.

Existía en el Shanghai una participación muy intensa del público. Con suma frecuencia se imponía encender las luces de la sala para poner freno a la indisciplina de los presentes y sacarlos si era necesario. En una ocasión se representaba en la escena un brindis con champán cuando un espectador rompió a gritar incesantemente desde la tertulia que lo que había en la copa no era sino Materva, ese refresco de color amarillo. En vano trataban los actores de avanzar con el libreto, pero la risa del público y los gritos del inoportuno no se los permitía. Cuando estaban a punto ya de encenderse las luces, Tobita, el negrito de la compañía, salvó la situación. Se adelantó al proscenio y dirigiéndose al gritón, con la copa en la mano, exclamó:

—Claro que es Materva… Por 40 quilos que pagaste de entrada, ¿qué c… querías? ¿Champán de verdad?».

El teatro se cayó abajo de aplausos.

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    1. 1

      Modesto Reyes Canto - 29 de Abril del 2012 9:04:07 CDT

      Excelente como siempre,amigo Ciro.Pero hoy no voy a comentar.Lo que voy a hacer es aprovechar aprovechadamente y dar a conocer mi blog,de puro humor,a travez de su leida columna.http://Reyes-Canto.blogspot.com/ Gracias Ciro:Un abrazo:Modesto Reyes Canto.

    2. 2

      otto - 29 de Abril del 2012 10:50:52 CDT

      Una vez mas se destaca la presencia de un buen articulo sobre la historia desconocida por muchos de la Cuba de antano, que desaparecio sus sitios por el paso del tiempo , teatros como el alhambra, El Marti, etc o por falta de mantenimiento a sus instalaciones. lastima de perdida

    3. 3

      raul - 29 de Abril del 2012 11:16:23 CDT

      Señor Ciro. la verdad que ya se me agotaron todos los cumplidos Y agradecimientos para usted, solo ya me queda esperar el próximo domingo de manera impaciente.saludos...

    4. 4

      luis - 29 de Abril del 2012 12:01:12 CDT

      ciro, por su edad porque me imagino usted estará en los 60, no creo que haya sido posible que entró a los shows del shangai, excepto si lo "colaron" por la puerte de atrás. pero sus detalles son muy precisos. sin embargo, hablando con viejos de la época todos coinciden en que Superman y su animalada anatomia sexual eran parte del show del shangai. en pajarito, que como el barrio de colón eran zonas de prostíbulos, dicen que Superman hacia presentaciones especiales. me imagino que en cuba queden viejos de esa época que lo puedan atestiguar. por lo demás, excelente como cada domingo.

    5. 5

      Gabriel M. Valdes - 29 de Abril del 2012 12:39:32 CDT

      Excelente artículo sobre un tema del cual se guarda poca información. He navegado la internet buscando información sobre el teatro y se encuentra muy poca. Graham Green sitúa escenas de "Nuestro Hombre en la Habana", también llevada al cine, en el teatro. Asistí muchas veces al mismo como lo hacía mucha juventrud en los años cincuenta. Los desnudos (decían "artísticos") y las situaciones de las comedias se pueden ver ahora en el cine, teatro y televisión sin que a nadie espante. Pero para la época era tabú. Algunas mujeres se ponían capuchones el 2 de noviembre para asistir a las funciones "Don Juan Jolgorio y Don Luis Jutía", parodia clásica de la cual ojalá se hubiera guardado el libreto. Sí, exhibían películas pornográficas silentes, la mayoría filmadas en Cuba, con acompañamiento de danzones ejecutados por la orquesta. El final de la función era siempre una rumba ejecutada por toda la compañía. No creo que asistieran muchos turistas pues el carácter "bufo" de las obras las hacía incomprensibles al no cubano. Algunos lo harían por novelería. Solamente vi al Chino Wong, al Viejito Bringuier y a Alicia Rico en una función especial, pues ya eran artistas consafrados de la radio y la televisión, pero los actores que interpretaban al "negrito" y al "gallego" eran muy buenos y se sentían muy bien en un ambiente bufo o, más bien, de relajo. Sin embargo, recuerdo que en el año 1960 se efectuaron unas funciones de "La Isla de las Cotorras" en el teatro Auditorium Amadeo Roldán y esos dos actores actuaban cohibidos por no poder decir malas palabras o los charrasquillos que se les ocurrieran. Recuerdo dos guaráchas que se hicieron célebres "Ay Galleguíbire, Ay Macuntíbiri" y "Con el apagón que cosas suceden..." Esta última la hizo famosa en época más reciente la cantante mexicana Yuri. Las intervenciones del público eran a veces más chistosas que las obras. Pero estas intervenciones las he escuchado en muchas salas, por ejemplo en los "shows" del Radiocine, de Galiano y Neptuno; en el teatro Garibaldi de la Ciudad de México y en un cine en Atlanta frecuentado por afroamericanos. En este último, el público establece diálogos con los personajes de las películas. A otros quizás les moleste, pero lo encuentro muy interesante y divertido. Perdón por lo extenso del comentario, pero su artículo revivió muchos recuerdos.

    6. 6

      Aristides Lima Castillo - 29 de Abril del 2012 13:03:43 CDT

      ... y pensar que yo me perdi eso. Muchos conocidos mios algo mayores, creo que cada vez que visitaban La Habana desde Madruga, mi pueblo natal, no se perdian de ir al Shanghai y seguramente de darse su vueltecita por Pajarito, Marina o por Colon. De ellos escuche muchas historias de lo que habian disfrutado en ese teatro, y del Don Juan Jolgorio (y don Luis Morcilla) hasta aprendi algunos de su versos tal vez los mas encendidos que hoy pudieran ser aprobados para todas las edades. Gracias por recordarnos estas cosas tal vez algo olvidadas y muy desconocidas para muchos. El bufo y el burlesco ruborizaban a muchas personas que tal vez se morian de los deseos de darse una vueltecita por esos lugares. Para aquellos tiempos era un verdadero "escandalo", pero para nuestros tiempos no lo seria. Es una pena que esos centros de entretenimiento no solo no funcionen sino que se hayan perdido para siempre y sin remedio. Puede que hoy seamos mucho mas puritanos. Farsantes que somos.

    7. 7

      Anselmo - 29 de Abril del 2012 18:46:44 CDT

      Qué buena cosa ha vuelto a escrbir, otra más. Amena, responsablemente documentada y argumentada. Le felicito. Quisiera apuntar que en el libro "La Habana para un infante difunto" del escritor cubano Guillermo Cabrera Infante hay dos o tres de páginas que tienen una descripción deliciosa y bien ilustrativa de lo que fue este lugar.

    8. 8

      JUAN JOSE MIJARES DIAZ - 29 de Abril del 2012 23:59:13 CDT

      MAESTRO, USTED COMO SIEMPRE EXCELENTE EN SUS CRONICAS QUE MAS QUE ESO SON CLASES DE HISTORIA DE CUBA. QUE CRIMEN QUE HAYAN DEJADO DESTRUIR TANTOS LUGARES IMPORTANTES PARA LA HISTORIA Y CULTURA CUBANAS.LO FELICITO UNA VEZ MAS. GRACIAS POR ESCRIBIR ASI.

    9. 9

      manuel barros - 30 de Abril del 2012 7:36:01 CDT

      Anoche, domingo 29 pusieron por TV canal 15, "Nuestro Hombre en La Habana", donde aparecen escenas dentro del teatro, y parte de la fachada. Recuerdo este anuncio en cartelera "Don Juan Rebollo y Don Luis MOrcilla".

    10. 10

      max alfonso - 18 de Mayo del 2012 1:49:56 CDT

      hay una pequena imprecision en el articulo el dueno del teatro se llamaba Jose Orozco Garcia y era mi tio

    11. 11

      Lazara fagan Bringuier - 29 de Abril del 2014 11:07:47 CDT

      soy nieta del Viejito Bringuier, tell me more about him

      El teatro Shanghai. Foto: LAZ

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