21 °C No pocos lectores me interceptan en estos días en la calle. Quieren que abunde en esos agujeros negros que se advierten en la crónica habanera y a los que aludí en la página dedicada al teatro Shanghai, el pasado 29 de abril, y al que, más que como un teatro pornográfico —aunque proyectaban allí películas de ese corte— definí como un coliseo de malas palabras y gordas coristas desnudas. Insisten en que escriba sobre clubes y cabarés, restaurantes y hoteles de los años 50.
Dos queridos amigos, el francés Michel Martin, y José Manuel del Río, de España, como imaginándome en aprietos, acudieron, sin que yo se los pidiera, en mi ayuda. Y, cada uno por su vía, me hicieron llegar valiosos materiales. Entre estos una guía de La Habana con el sugestivo título de Para después de la oscuridad, correspondiente a 1956, y otra editada nada menos que por la Marina de Guerra norteamericana, en 1954, para facilitar la estancia en Cuba de sus alistados. Además de artículos publicados entonces sobre el teatro Shanghai y el cabaré Sans Souci y una especie de diccionario biográfico de las vedettes cubanas de la época.
Como 50 años no pasan en vano hay en esos documentos referencias a lugares que ya no son o acerca de los que este escribidor guarda un vago recuerdo. Y de otros, como algunos monumentos que perdieron preeminencia y significación. Las estatuas de Fernando VII —entonces en el centro de la Plaza de Armas— y del presidente Alfredo Zayas —en el espacio que ocupa el Memorial Granma— están entre los monumentos que se recomendaba visitar, y entre las instalaciones de «Deporte y Recreo» no faltaban la Valla Habana, para las lidias de gallos, y los frontones de jai alai.
La lectura de la relación de los hoteles de la época resulta patética; y no menos ocurre con la de los bares y restaurantes, de los que se insertan muy pocos en estas guías en comparación con la cantidad de estos que había entonces en nuestra capital.
Algunos de esos establecimientos —Nacional, Sevilla y Presidente— siguen siendo orgullo de la hotelería cubana, mientras que otros —Florida, Ambos Mundos y Saratoga— viven hoy un esplendor que no conocieron antes. A muchos de los hoteles relacionados en estas guías se los tragó el tiempo. Dejaron de ser lo que eran, como el Royal Palm —San Rafael e Industria— o el Lafayette, en O’Reilly 264. Y de otros ni siquiera quedan los edificios donde se asentaron. Tales son los casos del San Carlos —Egido 507—, San Luis —Belascoaín 73— y Gran Hotel —Teniente Rey 557—. El área que ocupó el hotel Pasaje, en Prado 115, corresponde ahora a la sala Kid Chocolate. Dos buenos hoteles se consignan en estas guías en la calle Industria: Gran América y Regina.
¡Asombro! Para los redactores de la guía de La Habana confeccionada por la Armada de Estados Unidos, son hoteles de playa Areces, Briaritz y Regis, situados todos en el Paseo del Prado, quizá porque desde estos se veía el mar, así como el hotel de apartamentos de 19 y 8, en el Vedado, y, entre otros, el Trotcha, en Calzada y 2, en la misma barriada, lo que confirma que esa instalación fundada en los años 80 del siglo XIX, mantuvo sus funciones hoteleras durante más tiempo del que se suponía. Ya habrá advertido el lector que la publicación de los documentos remitidos por mis serviciales amigos Michel y José Manuel es anterior a la apertura de hoteles como Habana Libre, Riviera, Capri…
Se abunda en detalles sobre la taberna San Román —San Pedro y Oficio— solo para decir al final que está fuera del circuito turístico. Pasa revista a otros restaurantes de cocina española, como La Tasca —Cárcel y Prado— y El Colmao, en la calle Aramburu 366. Cataloga al bar-restaurante Floridita —Obispo y Monserrate— como «la cuna del daiquirí», destaca la presencia del narrador Ernest Hemingway en el lugar y habla de su daiquirí especial y le celebra su buena cocina, al igual que lo hace con el Monseñor —21 y O—, para decir enseguida que cuenta con uno de los mejores bares de La Habana. Del Sloppy Joe dice que es la meca de los visitantes extranjeros —entiéndase, norteamericanos— y recalca que no son habituales en esa casa, famosa también por sus sándwiches, los cubanos ni los norteamericanos asentados de manera permanente en la ciudad.
También para norteamericanos residentes que quieren huir de los puntos más abiertos al turismo, se recomienda el club Mes Amis, en Séptima y 42, Miramar. Lo contrario del Southland, en San Rafael y Prado, muy propio para visitantes. El Johny Dream, a la orilla del Almendares, es recomendado especialmente por la privacidad que garantiza a las parejas. No queda fuera de las sugerencias, como bar y restaurante, el club Pan American, en la calle Bernaza 1. Este fue el primer establecimiento de su tipo en La Habana que contó con la maravilla del aire acondicionado, y estuvo a punto, en su momento, de arrebatarle la clientela al Floridita. La guía exalta su excelente coctelería y sus platos a base de carnes blancas y rojas. Frascati —Prado 357— se especializaba en cocina italiana.
El Shanghai se halla entre los teatros que se promocionan en Para después de la oscuridad, no en la de la Marina de Guerra. Señala que no se trata de un teatro chino aunque esté radicado en el Barrio Chino habanero. Las obras que allí suben a escena, se dice, son difíciles de entender para quien no domine el español, pero los bailes que se presentan entre un acto y otro y las películas pornográficas que se exhiben son fáciles en cualquier idioma. Añade —¡vaya promoción!— que se trata de una sala «estrecha y mal ventilada», pero que no puede pedirse más por lo que se paga en la taquilla. Precisa: «Este teatro es probablemente uno de los pocos lugares en el mundo que muestra abiertamente películas pornográficas».
Hay que decir que eso no es del todo cierto. Ese era el fuerte de la programación del cine Pacífico, en la calle Zanja, entre otras salas cinematográficas. En la misma guía se alude al club Colonial —Oficios 164, frente al convento de San Francisco— con sus programas «a menudo subiditos de tono para complacer al turismo», llevados a la pista generalmente por travestis, según refiere Leonardo Acosta en el tomo I de su Descarga cubana. Y el Paleta Club —Carretera Central, sin más precisiones en el documento— con habitaciones para «funciones» privadas y películas para despedidas de soltero; una programación que, se lee en Para después de la oscuridad, mantiene al establecimiento en la mira de las autoridades, que casi siempre se la dejan pasar, pero que en ocasiones lo clausuran.
La policía mira para otro lado mientras José Orozco García, empresario del Shanghai ofrece el espectáculo de seis muchachas completamente desnudas y exhibe películas «de relajo», dice el periodista Richard Skylar en un artículo de 1957 sobre ese teatro. Si preguntas a un funcionario cubano, se encogerá de hombros. Te dirá que el Shanghai no existe porque no se anuncia. Los cubanos habituales se pasan de boca a boca informes sobre la programación y a los estadounidenses de paso por la Isla les basta para llegar al coliseo una corta caminata desde el centro comercial de la ciudad. Los que saben cómo es la cosa llegan temprano para alcanzar buenos asientos. El lleno de la platea es total y ni siquiera ofreciendo diez pesos a los revendedores, que es lo que se les paga en el teatro América en noches de gran gala, se consigue un buen asiento, y debe el espectador conformarse con una butaca del centro en la quinta o sexta fila.
Cuando apenas hay aire en la sala y el calor se hace insoportable, se alza el telón. El profesionalismo que les falta, lo suplen los actores con la pasión con que asumen la apuesta. Poco entienden los espectadores extranjeros de lo que se dice, pero caricias y gestos no necesitan de traductores. Concluye el primer acto y baja el telón. Seis muchachas aparecen en el escenario. No interpretan precisamente una coreografía. Actúan en solitario, sin coordinación alguna, pero la ropa va desapareciendo y las muchachas giran, saltan, corren; parecen querer lanzarse hacia el lunetario. Es lo mismo que el público ha visto durante años, sin variación alguna. Cae otra vez el telón y, sin que el espectador se reponga, vuelve a levantarse la cortina. Es el segundo acto de la obra que abrió la noche. Ya nadie recuerda qué pasó antes, pero no importa. Vuelven las malas palabras, las insinuaciones, el acto sexual que se simula y que nunca se escenifica. La pieza de resistencia, por llamarle de alguna manera, está aún por venir. Es la película pornográfica.
Hay dos funciones todas las noches y matinés los domingos en ese teatro caluroso, maloliente e incómodo de 750 capacidades. Siempre las funciones se estructuran de la misma manera: la obra de teatro, la revista musical y la película.
Hay en estas páginas un vistazo amplio a los cabarés habaneros de los 50. Del Panchín y el Pensilvania, clubes de segunda categoría en la Playa de Marianao, frente al Coney Island, se dice que profesores de baile norteamericanos los visitan para enterarse de cómo se bailaban de verdad los ritmos cubanos.
Bajo el rubro de «Los magníficos», se pasa balance en Para después de la oscuridad, a establecimientos como Tropicana y Parisién, en el hotel Nacional, el más nuevo de los clubes nocturnos de La Habana de entonces, inaugurado en enero de 1956. También al Sans Souci, en la carretera de Arroyo Arenas, y al Montmartre, en 23 y P, la única sala de fiestas importante que era entonces completamente bajo techo.
Del Montmartre dice también que es cara y la favorita de los cubanos; contaba con un casino de juego que abría todos los días desde las cuatro de la tarde. Hay casinos asimismo en Tropicana y en el Parisién. Sans Souci, además del casino, con ruleta, dados y otros juegos de azar, incluía un bingo con premios de hasta 1 500 pesos.
Sans Souci nació después de finalizada la I Guerra Mundial en una villa de estilo español. Hacia 1956 fue objeto de una gran inversión que permitió renovarlo totalmente. En diciembre de ese año presentó en su pista a la gran cantante francesa Edith Piaf, «el Gorrión de París», y por esa misma época ofreció 350 000 dólares al boxeador Rocky Marciano, campeón mundial de los pesos pesados, para que se enfrentara al Niño Valdés, su retador cubano, encuentro que Marciano, que se retiraría invicto para morir poco después en un accidente de aviación, no aceptó. Por cierto, el campeón era fanático de las comidas del Frascati durante sus estancias en La Habana.
Fue en el Sans Souci que empezó en Cuba un juego de azar conocido como Razzle Dazzle, que se jugaba con ocho dados y un tablero y que ofrecía al jugador una posibilidad de triunfo de uno entre mil, aunque los croupiers se empeñaban en hacer creer a los ingenuos exactamente lo contrario. La gente perdía el dinero por miles y luego venía el llanto y el crujir de dientes. Una figura de la política norteamericana perdió en ese juego varios miles de dólares en una sola sentada en el Sans Souci. Bicho que era el sujeto, pagó con un cheque sin fondos. Hubo un gran escándalo cuando se descubrió la triquiñuela. No por el juego, sino por el cheque. Sobre esto hablaremos en otro momento. Anticipemos solamente que el Gobierno cubano suspendió el Razzle Dazzle en el Sans Souci y en todos los casinos de la Isla y expulsó a 11 de sus jugadores.
UD,con sus excelentes cronicas,revive la historia de Cuba,aspectos de nuestra vida como pais ,totalmente desconocidos para mi so narradoa magistralmente por UD,espero su espacio cada domingo con el mismo entusiamo que cuando chico esperaba los nuevos episodios de Leonardo Moncada,los tres Villalobos o aquel detective chino cuyo nombre no me acuerdo..Por favor escriba sobre la radio de aquella epoca..El primer TV que vi fue un Krim sovietico
Aprovecho,amigo Ciro,su leida columna para felicitar a todas las madres del mundo en el dia de ellas,como fecha señalada así,pues todos los dias les pertenecen.Saludos:Modesto Reyes Canto.
Amigo toyo55, Chan Li Pó se llamaba el detective chino. Gracias, Ciro, por tus crónicas.
Ciro, atento siempre a tus articulos, te pregunto, has escrito sobre los locutores cubanos? desde bobby hasta eddy, y los demas? Por cosas de la vida conoci a Jose Antonio Casariego, vecino mio, que nos contaba a mi padre y yo de testigo, vivencias de su padre con Guiteras.Por lo que me intereso mucho el articulodonde los mencionas. un saludo
Gracias Guille,que Dios le conserve su excelente memoria.Todavia,a pesar de los adelantos tecnicos que me rodean en mi casa,escucho musica en la radio y no en el mp3,el nook o el ipad..y cuando chico la escuche hasta que Nguyen Sun derribo un helicoptero yankee con su infalible ballesta, para mi era demasiado,algo asi como Ichi el ciego matando una mosca con su espada..Se recuerda?
Toyo55#5.Si no me equivoco,amigo Toyo,lo que derribo Nguyen Sun el guerrillero con su ballesta fue un avion caza y de rebote la flecha tumbo el helicortero y averio un par de tanques de guerra.Y que me dices de aquella radionovela,la mas costosa de la historia radial de cualquier pais,llamada Idioma Ruso por radio?.Y creo que ningun alumno aprendio a decir ni Vodka.Bueno,saludos a todos.Modesto Reyes Canto.
Una duda, todavía existe el Sans Souci, o las edificaciones¿?. Donde era su dirección, porque veo que era fuera del centro de la Habana de aquel momento.
montmartre, para los cubanos que todavía no estaban correteando por la habana de los años 70, se les debe decir que estaba situado en la rampa en el edificio que ocupó el restaurante Moscú en los años 70. el edificio del montmartre cuando este cerró lo utilizaron como almacen. como restaurante el moscú era un sitio de pésima comida, que de comida rusa no tenía nada más que el nombre de la capital de la entonces unión soviética.
toyo55, usted se refiera a Chan-Li-Po, aquel detective chino que interpretaba Anibal de Mar, más conocido como Filomeno o El Tremendo Juez de la Tremenda Corte, personajes ambos que hacia junto al inigualable Leopoldo Fernandez Tres Patines. era la época en que se hacia humor sin decir malas palabras. todavía uno escucha los programas de La Tremenda Corte y aunque se han escuchado decenas, cientos de veces, todavía mueven a las carcajadas más de 60 años después de ser grabados. eso era humor del bueno.
Yoe si los records no están equivocados el sans souci estaba situado en avenida 51 - kilómetro 15 carretera de arroyo arenas.
Otra magnífica crónica, tal como nos tiene acostumbrados. Leyendo los comentarios me doy cuenta que muchos de los comentaristas somos mayorcitos de edad. Apoyo las sugerencias sobre las series que escuchábamos en la radio. Además de Leonardo Moncada, los Tres Villalobos y Chan Li Pó, podríamos añadir a Tamakún el Vengador Errante, Sandokan el Tigre de la Malasia, el Espirit (o Spirit) con su silbido de la sinfonía Nuevo Mundo de Dvorshak, Superman y otros muchos. Los dos panfletos utilizados para la crónica de hoy puede que hayan sido influenciados por sus creadores, guías turísticos y la Marina de Guerra norteamericana. El teatro Shanghay no era tan estrecho (quizás maloliente) pero las muchachas que se mencionan no eran tan muchachas. Eran más bien de mediana edad y pasaditas de peso. En el Pacífico, además de las películas pornográficas (la mayoría filmadas en Cuba y con bastante buena calidad, incluyendo los cartones) se presentaban muchachas (término ahora bien utilizado) que se quitaban toda la ropa al ritmo de la música y con el Viejito Bringuier como maestro de ceremonia. En cuanto a los marineros norteamericanos, tan pronto como salían del barco se iban a los bares de los muelles a emborracharse y a buscar "señoritas" (ese era el único término en español que utilizaban). Se metían en tremendos líos pues los muchachos cubanos que sabían inglés se emborrachaban y se iban de juerga a casa de la Tía Luisa o al Torreón a costa de ellos. Todavía se puede recordar aquello de "muchachitas salón" en cuanto llegaban a esos "antros de perdición". Si se portaban mal (por ejemplo, no querer comprar una botella de licor) solían desaparecerles la gorra de reglamento lo que les costaba tres días de confinamiento en el calabozo al regreso al barco y la suspensión del próximo permiso de salida. Creo que esto no aparece en el manual de la Marina de Guerra. El Johny Dream era uno de muchos, pero más propicio a las parejas era el Turf Club en el sótano del Hotel Presidente. La única iluminación eran las pequeñas vitrolas sobe cada mesa para escoger la música para bailar. Todo el mundo llevaba pañuelos negros para cubrirlas y los camareros sabían ser muy discretos. Pero, de vuelta al principio y sin tanta lascivia, me uno al pedido de una crónica sobre las series de radio para la juventud, desde su principio hasta que el reggaton las ha hecho desaparecer. Creo que esta crónica traería muy buenos recuerdos a los que las escuchábamos cada día (o cada noche pues la mayoría se transmitían en el horario de las 7 ó 8 de la noche). Gracias de nuevo por una agradable lectura cada domingo.
No conocí el teatro Shanghai ni el cabaré Sans Souci, aunque si me satisface mucho leer a Ciro Bianchi porque me parece estar haciendo un recorrido por Ciudad de la Habana cuando mi salario de 163 pesos en la única moneda conocida por el ciudadano de a pie, alcanzaba para ir todas las semanas a un cabaret de lujo como el Capri donde el consumo mínimo eran 10 pesos. Ir a un Restaurante como el 1830 o la Roca y degustar el plato más caro por apenas 6 pesos. También visitar el Cabaret Nacional no el del Hotel Nacional, donde aún quedaban estigmas de un ambiente diferente al lujo para el cual no hacía falta CUC ni USD y también se pasaba bien. Los bares y tabernas eran muchos aun en los 60 y luego comenzaron cambios de nombres (nunca he estado muy de acuerdo con cambiar los nombres) porque es cambiar la historia. La taberna de Don Juan le pusieron Príncipe y ahora no es ni una cosa ni la otra (estoy ahora en Camagüey), pero en Ciudad de la Habana y otras muchas ciudades y pueblos de la isla ha pasado lo mismo y pienso que hay muchas cosas que desterrar, pero otras muchas debemos rescatar. ¿Dónde están los dos merenderos de la estación de trenes de Chambas donde colgaban los alimentos embutidos del techo? ¿Podrá el cuentapropismo rescatar la diversidad del comercio?
Que buen esrcito. Es interesante que se conozca a Cuba antes de La Revolucion. Claro, como asunto d historia para los jovenes cubanos, resulta conocimientos. Para los que tenemos edad, que se inicia en experiencias que se recuerdan desde el presidente Prios (aun yo no tenia edad de votar en elcciones), y por vivir en un pueblo muy lejos de La Habana,tengo mis experiencias de mi ciudad natal Un poquito menos de corrupcion,pero triste tambien. Me agrada mucho el articulo La Farandula.
!Que interesante, el Tema La Farandula del amigo Ciro Bianchi.Si ustedes supieran lo que me rio, de los comentarios de las personas que escriben en La Florida en unas de las prensa "periodisticas". Y son cubanos. No saben nada , aprentemente, de Cuba antes de La Revolucion. Hablan de livertad de opinion. ect.Antes de La Revolucion, el pueblo cubano no podia interesarle. Me acuerdo que yo no tenia de cinco centavos-, si no los ahorraba-, para entrar al gallinero del cine para ver una pelicula. No se si ustedes saben lo que es un gallinero de un cine en epocas anteriores a La Revolucion: Tercer piso en bancos largos escalonados. Pisoteabamos llenos de fango los zapatos donde alguien despues debia sentarse (Cine del dueno llamado Lirito. Cine de Ranchuelo. Las Villas Cuba. Se conocia por"Cine de Lirito".
Sigo con La Farandula del amigo Bianchi,pero la que yo vivi.Yo naci en una casa de paredes de yagua,piso de tierra, techo de guano real. La cual mi Padre mando aputalar con tres olcones porque, se esta callendo hacia adelante. Una amigita mia, me dijo un dia en el callejon (era una calle sin afaltar), y me dijo:" Pedrito, Olguita estaba enamorada de ti aunque tu no lo supieras, Pero que pena, Olguita me pidio que le ensenara donde tu vivias, y cuando vio tu casa, me dijo que no te dijera nada pues, ella se desilusiono cuando vio tu casa". Cuando ocurrio, lo que les cuento, yo tendria 15 anos y olguita 13 quizas. Pero el padre de ella tenia un comercio y vivia en casa de mamposteria. Imaginanse. Yo me reia. Son cosas de la democracia reprentativa. Mi pueblo, como ya saben, es Ranchuelo. Las Villas. Habian lugares de casas llamados: Barrio Las Yaguas, otro mucho mas grande:Rancho Grande, sus calles sin afaltar, y muchos ranchos de llagua igual al mio. Puro capitalismo.
Hize un comentario, pero no se si use mal el teclado y se borro. Lo siento
Mi pueblo, Ranchuelo, Villaclara. Era conocido como la Tazita de Oro de Las Villas. No habia Cabaret.Existia el Liceo del cual eran socios los de clase medias que le interesaban. Existia tambien La Colonia Espanola, con las mismas caracteristicas del Liceo. En Ranchuelo no exitian mas de diez espanole, y no todos eram socios de La colonia.Tres bares con mujeres traidas de otros muncipios, quien sabe.El prado con su Retreta. Vinieron bastantes migrados de pueblos cercanos, empleadas domesticas. Por los anos1952 trajeron a los artistas de La Habana: Olga Chorns y Tony Alvarez. Los de la inciativa cerraro co malla la mitad del parque y cobraban a 10 centavos para ver el Chous de Olga y Tony, y yo como muchos mas no pudimos entrar:No teniamos 10 centavos sobrantes ni faltantes.
Toyo55 yo naci en el 63 y recuerdo haber visto en mi casa un TV Dumont pero ya a esa altura estaba roto.. tambien tuvimos un krim 218 pero antes hubo un Electron5(ruso) que mi papa gano en el trabajo...lo que le quiero decir es que antes del krim hubo otro TV ruso en Cuba.. mis saludos a todos los forista.. adoro esa seccion de JR
17 de Mayo del 2012. ¡Buen Día a ésta Interesante Sección de Columna, del Digital de "JRebelde"!. Estimado Periodista: "Ciro Bianchi Ríos". Me agrada mucho sus Artículos, y hoy sobre todo, me ha gustado más por la participación de los Opinantes, y con el Respeto y Educación que lo han hecho, y con sus Magnífica Sugerencias. A la verdad...; cuando lo leo a Ud.; ¡CAMINO POR TODA CUBA, Y EN ÉSTE CASO, DESDE HACE UNOS DÍAS...POR LA HABANA, POR EL BARRIO CHINO; Y POR LA CALLE "ZANJA". Pero, me gustaría; que de ser posible, también escribiera, sobre los Cines de La Habana, y que las entradas oscilaban entre Diez Centavos...hasta cerca de Un Peso, y algo más. Donde me acuerdo, que habían unos Cines llamados "Majestic", y el otro que estaba casi al lado y que se llamaba, si mal no me acuerdo "Verdún" o algo así. Se llegaba a éstos cines..., si uno bajaba por el costado de lo que hoy se conoce la Academia de Ciencias, y atravezaba la calle San Rafael, y luego seguía bajando, se encontraba con otra calle Neptuno, y unas dos o tres cuadras más, ahí estaban los dos cines. A la verdad, ésto me llena de Alegres Recuerdos cuando era un "Fiñe". Ya que por Diez Centavos..., y luego con el Tiempo, ya había que pagar un poco más; se Veían hasta Dos Películas, mas Comedis del Gordo y el Flaco, o los Tres Chiflados, y los Episodios de Batman y Robin, o los de Supermán. Habían Cines..., como el -PATRIA, y el de CUATRO CAMINOS-, donde en el primero, los Jueves de cada semana, las "Damas..."; ¡NO PAGABAN!.Y donde se veían...Películas del Méjico, y que que estaban clasificadas dentro de la ¡Época del Cine de Oro de Mejicano!. Para mí, era..., La Gran Época, del Cine de la Familia, y donde "Todos", en la Familia, ¡DISFRUTABAN DE LAS PELÍCULAS!. Era la Época, de los Charros y Grandes Actores..., como Pedro Infante, Miguel Aceves Mejías, Jorge Negrete, y otros Grandes Actores..., que llegaron a la Fama, y dieron Fama; al Cine Mejicano. Entre ellos, el Famoso Actor Arturo de Córdoba, que siendo de origen Argentino, se hizo popular con muchas Películas como: ¡Que Dios se lo Pague!, y otras más. También, Actrices como la Argentina: Libertad Lamargue. Que se hizo muy popular. Hubieron también otros Actores Cubanos, que llegaron a hacer Cine en Méjico, y se hicieron Célebres!. !"Era y Fué" una Bella Época, que para el poco dinero que se ganaba, al menos..., el Cine, era una Gran Distracción para la Familia Cubana. Aunque muchas veces..., había que ir "AHORRANDO los CENTAVOS..., los Medios..., los Reales... y las Pesetas..., para tener también, el Helado que se vendía en los -Intermedios-, y que llamábamos: ¡Sundae!. Claro está, también estaban las "Rositas de Maíz, los Pirulí, los Caramelos, los Masereales, etc,etc. Por favor, en cuando tenga una Bella Oportunidad; ¡Escríbano...sobre los Cines de La Habana...y de otros lugare... También me acuerdo, que el hoy todavía y conocido como el Cine "PAYRET", la entrada valía "Un Peso". Claro, había "Aire Acondicionado", y otras "Comodidades". Saludos a Ud., una vez más, Ud. me hace viajar mucho por nuestra Querida Cuba. Pero en mi regreso a La Habana, ¡Caminaré a Pierna Suelta!, para... "RECORDAR LA HABANA DE LOS AÑOS...1950...a 1960...!. Aníbal "Revolución"