Jefes de Policía (I)

Ciro Bianchi RossCiro Bianchi Rossdigital@juventudrebelde.cu
19 de Agosto del 2017 21:37:32 CDT

Sabatés, Miró, Trujillo Monagas... son nombres que se hicieron célebres en La Habana en los años finales de la colonia. Los tres fueron inspectores de policía cuando la jefatura de ese cuerpo se ubicaba en Chacón esquina a Monserrate. José Trujillo Monagas, que llamaba la atención por sus patillas, negras como el betún, fue, andando el tiempo, el abuelo del sátrapa dominicano Rafael Leónidas Trujillo. Sabía hacerse la vista gorda cuando quería. Conocía que la casa de Monserrate y Peña Pobre era sitio de reunión de conspiradores contra España, y nunca procedió contra ellos ni los denunció. Antes bien, cuando se los tropezaba en la calle —los conocía perfectamente— les aconsejaba que no se «pasaran», y cuantas veces sus superiores le pedían referencias acerca de la gente que concurría a aquella humilde morada, informaba sin vacilar que se trataba de jugadores de cartas.

Implacable fue, sin embargo, con los delincuentes comunes. El final de la calle Monserrate era, en la época, conocido como el recinto de la muralla, sitio solitario donde se dispersaban casas precarias habitadas por gente de mal vivir. Allí tenía su feudo el mulato Eligio Rincón. Quien se lo tropezase en aquel desierto paraje le entregaba la bolsa o perdía la vida. Trujillo Monagas lo persiguió sin descanso. No pudo capturarlo. Rincón encontraría la muerte en un enfrentamiento con Sabatés y Miró, pareja inseparable de inspectores que figuraba siempre en los sucesos policiacos de mayor importancia.

Como si tal cosa

No se piense que Trujillo Monagas era un angelito. Se dice que no fueron pocos los vagos, los ñáñigos y los desafectos a España con los que nutrió los presidios de Isla de Pinos y Chafarinas. El periodista Ricardo Arnautó, director de El Reconcentrado, le llamó «Monohagas». Era natural de Canarias y, afirma Federico Villoch, dio a conocer un libro, Los bandidos de Cuba, que levantó más de una roncha por aludir en sus páginas a personas que con el tiempo se convirtieron en «personajes» y que guardaron rencor y hostilidad al viejo detective.

Dice Villoch en una de sus Viejas postales descoloridas que algún servicio importante debió prestar Trujillo Monagas a la causa de la independencia cuando se quedó tranquilamente en Cuba tras la instauración de la República, en 1902. Con sus negras patillas y tocado con su chistera habitual, se le veía como si tal cosa por las calles que antes recorrió como policía. De su vida privada se sabía que no entró nunca en exigencias ni chantajes. Con motivo de burlas e insultos de que fue objeto, se quejó al jefe de la Policía y el general Menocal, que encabezaba entonces ese cuerpo, dispuso que no se molestase al exinspector en lo más mínimo y se le guardase además todo género de consideraciones. Se hablaba mucho del baúl donde Trujillo conservaba su archivo y no eran pocos los que temían que de allí salieran revelaciones insospechadas, como sucedería años después con los papeles de Pepe Llanuza, jefe de Policía en tiempos de José Miguel, de donde el sagaz y ameno periodista Jesús J. López, el hombre de El Periódico del Aire, sacó mucha información picante.

En tiempos de la primera intervención militar norteamericana, Menocal, que venía de la Guerra de Independencia como Mayor General, aceptó la jefatura de la Policía con grados de capitán, y lo mismo se vio obligado a hacer el general de brigada Rafael de Cárdenas, sustituto de Menocal en ese mando. Hay en la barriada habanera de Lawton una calle que lleva el nombre de este valeroso mambí y en la playa de Guanabo la Policía Nacional emplazó su busto, forma de recordar su valioso apoyo en el desembarco de expediciones que traían desde el exterior hombres y armas para el Ejército Libertador.

En ese tiempo, la jefatura radicaba en el Palacio del Segundo Cabo, con entrada por la calle Tacón. El historiador Emilio Roig en su libro La Habana. Apuntes históricos, recuerda a José Jerez como un «famoso y popularísimo» jefe de la Policía Secreta en los albores de la República. En la calle Monserrate, frente al comienzo de la calle Neptuno y al final del callejón de San Juan de Dios, lleva su nombre un pequeño parque de forma triangular, el mismo donde se emplazaría el busto de Manuel Fernández Supervielle, el alcalde suicida.

Un detective con un solo cliente

El 7 de julio de 1913 era abatido a balazos en el Paseo del Prado el brigadier Armando de la Riva, jefe de la Policía en los inicios del período presidencial de Menocal. Paseaba sin escolta en compañía de sus dos pequeños hijos cuando fue interceptado por Ernesto Asbert, gobernador de La Habana, y dos parlamentarios que lo increparon. Riva había clausurado un club que llevaba el nombre del Gobernador y que más que un círculo político era un verdadero garito. La discusión subió de tono y relucieron las pistolas. Riva, que era de los generales más jóvenes de la Independencia, ripostó la agresión mientras trataba de proteger a los niños, pero recibió «heridas mortales por necesidad». Llegó vivo al viejo hospital de Emergencias, en la calle Salud, y falleció dos días después. Asbert fue condenado a 12 años de privación de libertad. Menocal se negó a indultarlo, y el Senado, en uso de sus prerrogativas, lo amnistió en febrero de 1915. Vivió hasta la década de 1960, pero su brillante carrera política quedó arruinada.

En tiempos de Zayas, el brigadier Plácido Hernández solía cubrir con zunchos de goma los cascos de la cabalgadura de la Policía Montada a fin de asegurar la sorpresa en la represión de las justas protestas callejeras. Sonriente, con voz apenas audible, el mandatario le decía: «Plácido, cuídeme la Constitución».

Con Machado, la jefatura de Policía radicó en Monserrate y Empedrado, donde había estado el Cuartel de Milicias y el cuartelillo de los salvaguardias y serenos municipales. Bajo ese gobierno tuvo la Policía Nacional oficiales que fueron más importantes que sus jefes. El capitán Miguel Calvo, jefe de la Sección de Expertos, era el policía definitivo. Hombre opulento, de noble linaje —había estudiado en Londres— soñaba con ser el detective perfecto. El 9 de junio de 1932, en horas de la mañana, un comando mandado por Ángel Pío Álvarez lo ajustició a perdigonazos en las inmediaciones del Hotel Nacional. Es el primer atentado auto-auto que se registra en la historia política cubana.

Alfonso L. Fors fue, con Machado, jefe de la Policía Judicial. Investigador criminal hábil y diligente, se prestó, sin embargo, a todos los enjuagues de la dictadura. Acusó a Mella de ser el autor de la bomba en el Teatro Payret y se cebó en sus informes contra Alfredo López, Margarito Iglesias, Antonio Penichet y otras figuras de la Federación Obrera de La Habana. A la caída de Machado halló refugio en EE. UU. Volvió en 1940 y abrió en el edificio Bacardí una agencia de investigaciones privadas. Tenía un solo cliente: Rafael Leónidas Trujillo, que le confió la dirección de su aparato de espionaje en La Habana. Víctima de un atentado, en 1947, salvó milagrosamente la vida. Santiago Trujillo, su compinche en la Policía Secreta, muy vinculado, se dice, al asesinato de Mella, fue apresado a la caída del machadato. Juzgado por los llamados Tribunales de Sanciones que sesionaron en el Capitolio, cualquiera que haya sido su condena, se benefició con la amnistía de 1937. Murió tranquilamente en La Habana ya entrada la Revolución.

Un general disfrazado de mujer

El brigadier Antonio B. Ainciart fue Inspector General antes de asumir la jefatura del cuerpo policial. Siempre con una fusta en la mano y un tabaco en la boca, era de los hombres más odiados de Cuba. Pablo de la Torriente Brau en su relato sobre la manifestación estudiantil del 30 de septiembre de 1930 cuando, de tantos uniformes policiacos, la loma de la Universidad amaneció manchada de azul, anota la presencia del sombrío personaje y lo describe «pálido de miedo y temblando como una mujer» al frente de las fuerzas montadas.

Sobre Ainciart recae la responsabilidad de la represión de la manifestación del 7 de agosto de 1933 cuando a las cuatro de la tarde se echó a correr la falsa noticia de la caída de Machado. La gente congregada frente al Capitolio se movió hacia el Parque Central y se escurrió por el Prado con el objetivo de llegar a Palacio. Sucedió entonces lo insospechado. Apareció Ainciart con sus esbirros y tabletearon las ametralladoras. La represión dejó el saldo de cerca de 30 muertos y unos cien heridos.

El 12 de agosto, sobre las tres de la tarde, Ainciart fue de los que acompañó a Machado al aeropuerto de Boyeros, llamado todavía Aeropuerto General Machado. Pero el avión anfibio que la Embajada norteamericana en La Habana puso a disposición del exmandatario solo tenía cupo para seis personas, además del piloto y el copiloto. Ainciart, ya sin fusta, estuvo entre los que se quedaron sin abordar el aparato.

Estudiantes y abecedarios encontrarían su escondite el día 19. La cosa fue fruto de la casualidad. Llamó la atención de los jóvenes una mujer de alguna edad que subía la escalera de una casa del reparto Almendares. Llevaba pantalones de hombre. Pensaron que se trataba de un porrista y dieron aviso al campamento militar de Columbia. Civiles y militares cercaron la vivienda y Ainciart, viéndose perdido, se suicidó.

Por orden del teniente coronel José Perdomo, jefe de Columbia, el cadáver se inhumó en el cementerio de Marianao. Un grupo de abecedarios lo sacó de la fosa y en una carretilla lo paseó por La Habana hasta llegar a la Universidad con el propósito de colgarlo de un farol. Lo hacían cuando, al partirse la soga, el cuerpo de Ainciart cayó sobre sus perseguidores. Eduardo Chibás, pistola en mano, puso fin al bochornoso espectáculo.

Se busca un jefe

Cayó Machado y Carlos Manuel de Céspedes y Quesada nombró jefe de la Policía al general Enrique Loynaz del Castillo. Lo sustituyó el comandante auditor Alfredo Buffil, quien moriría en el siguiente mes de octubre en el Hotel Nacional, cuando los soldados mandados por Batista desalojaron a los oficiales que buscaron refugio en ese establecimiento hotelero. Sobreviene el golpe de Estado del 4 de septiembre, asume Batista la jefatura del Ejército, y Guiteras, ya ministro de Gobernación, designa a Mario Labourdette en la Policía. Lo sustituye Emilio Laurent, exteniente del Ejército y expedicionario de Gibara, y a este, Gonzalo García Pedroso. Asume después un andaluz con el curioso y sonoro nombre de Ulsiceno Franco Granero. Ulsiceno y García Pedroso, sargentos del Ejército, acompañaron a Batista en el golpe del 4 de septiembre. Pese a permanecer solo un mes en el cargo, se considera a Laurent como el reorganizador del cuerpo de Policía.

Otro exsargento toma esa jefatura. El 27 de abril de 1934, Batista nombra jefe de la Policía a su ayudante, el ya capitán José Eleuterio Pedraza, que ha pasado a la historia como el hombre que puso a dormir a La Habana a las nueve de la noche. Nombrado Gobernador de la capital, cargo que llevó parejo con el de jefe de la Policía, prohibió que la población circulara después de esa hora. Fue implacable en los días de la huelga de marzo de 1935 y reprimió a sangre y fuego el movimiento opositor.

Así lo veremos el próximo domingo y completaremos esta saga de jefes policiales.

(En respuesta a la solicitud del lector Guillermo Maza, de Santos Suárez, Diez de Octubre, La Habana).

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      Maikel Mederos Fiallo - 20 de Agosto del 2017 11:45:54 CDT

      Saludos. Durante la Segunda ocupación militar norteamericana en Cuba (1906 – 1909), la jefatura de la policía en La Habana estuvo a cargo del ex general de brigada del Ejército Libertador Armando Sánchez Agramonte, del 1 de abril de 1906 al 31 de enero de 1909; siendo sustituido durante el gobierno de José Miguel Gómez por el ex teniente coronel del Ejército Libertador Charles M. Aguirre Sánchez, que comandó este cuerpo del 28 de febrero de 1911 al 20 de febrero de 1912. Este jefe fue reemplazado por el ex general de brigada del Ejército Libertador Armando de Jesús De la Riva Hernández del cual se detalla en la crónica los pormenores de su muerte. El cargo es ocupado nuevamente por Armando Sánchez Agramonte desde el 20 de julio de 1913 al 2 de febrero de 1917. Al producirse la renuncia del cargo de Sánchez Agramonte asume esta función el teniente coronel Julio Sanguily Echarte, ayudante de campo del presidente de la República. Por orden presidencial el 9 de mayo de 1918 se produce la reorganización de la Policía Nacional. Plácido Hernández, efectivamente, fue designado nuevo jefe por el presidente Zayas desempeñando el cargo hasta el 25 de agosto de ese año, fecha en que solicitó una licencia temporal por lo cual entregó la jefatura del cuerpo al comandante Cárdenas. Durante el gobierno de Gerardo Machado Morales, el 30 de junio de 1925, fue nombrado jefe de la Policía Nacional el general Pablo Mendieta quien desempeña el mando hasta el 25 de octubre de 1927, fecha en que se nombra al teniente coronel José Perdomo. En el año 1930 la jefatura de la policía estaba en manos del comandante Rafael Carrerá y en el año 1933 era Ainciart el jefe del cuerpo, no tengo el dato de cuando ocupó el cargo. Como otros detalles, destacar que al crearse el Cuerpo de Policía de La Habana, como primer inspector se nombró al ex general de brigada del Ejército Libertador Calixto García Enamorado. La Policía se estableció además en las principales ciudades cubanas. El ex coronel del Ejército Libertador Baldomero Acosta Acosta fue nombrado en el año 1901 jefe de la policía de Marianao. El primer jefe en Pinar del Río fue el ex teniente coronel del Ejército Libertador Rafael Gutiérrez Marín. El ex coronel del Ejército Libertador Emilio Laurent García ocupó la jefatura de Artemisa. El ex coronel del Ejército Libertador Ernesto Asbert Díaz desempeñó el mando de la policía en Güines, por citar algunos ejemplos. Atentamente. Maikel Mederos Fiallo.

    2. 2

      lagardere - 21 de Agosto del 2017 15:33:20 CDT

      Estimado Ciro si fuera posible me pudiera aclarar donde es que reposan los restos de Antonio Guiteras pues en algunos lugares leo que en el Morrillo y en el cementerio de Colon existe una tumba con su nombre con una bella escultura de una figura humana protegiendo con su brazo el ataque de un aguila contra una masa de trabajadores

    3. 3

      Carlos A. Villanueva Morgado - 21 de Agosto del 2017 16:44:43 CDT

      Juan Jose Trujillo Monagas fue , como usted dice un "señor policia", tenia fama de que no se le escapaba una y sustituye con el cuerpo de salvaguardas, celadores y comisarios a los antiguos serenos en las labores policiales (los serenos fueron a no dudarlo los primeros miembros del gobierno con funciones policiales en La Habana y otras ciudades), siempre para el horario nocturno, donde La Habana era una ciudad peligrosa por sus asaltos y robos. En su libro "Los criminales de Cuba y el señor Don José Trujillo y Monagas" este con bastante proliferacion de datos expone como fue su trabajo y las fichas de los delincuentes contra los que luchó, como un detalle en su libro eran casi todos blancos (algo que despues en el siglo XX fue a la inversa), se dice (no comprobado) que a el lo envian a Dominicana con el pretexto de la enfermedad; pero en realidad cometió el error de querer espiar a los independentistas en La Habana y de ahi la frase que alguna vez se expresó de él (no comprobado) la cual dice: "un buen policia no puede ser espía". se dice que fue don pepe jeréz, quien residió despues de 1898 por el barrio de la Punta (donde habia una placa, hoy retirada) quien con sus laborantes descubrió a los confindentes de Monagas y ello provocó su ida a Dominicana, donde sale su relacion con el nieto Rafael Leonidas Trujillo. Don pepe jerez merece un trabajo aparte al igual que el tan capacitado José L. Fors, un maestrode la Polcia cientifica cubana y uno de los directores de la revista de la Policia, el cual al ser despedido y caer en la miseria propusa una modificacion a la estructura de la Policia Cubana, bien vista por los asesores de los EEUU; pero nunca aplicada. en la etapa de Zayas y con la presencia de este se inaugura un espacio para actos de la policia y practicas deportivas en la azotea de la belle estacion de Dragones y Zulueta (la unica que nunca fue un "castillito") aun se conservan el escudo y los soportes de las astas de bandera y los bancos con bellos azulejos con motivos arabes y los bancos originales en la azotea debajo de la entrada a las antiguas celdas del lugar, de igual forma es Zayas quein inaugura, con todo bombo y platillo, el flamante y bello edificio de la 10ma estacion, donde luego lamentablemente se tomó para el tristemente celebre Buro de Investigaciones, centro de torutra y represion en la epoca batistiana. queda mas por decir, gracias por la informacion sobre todo del destino de esos primeros jefes de policia cubanos. saludos

    4. 4

      Enrique R. Martínez Díaz - 22 de Agosto del 2017 9:23:49 CDT

      Saludos. Leo todas las semanas su columna, da informaciones muy interesantes. Sobre este artículo de los Jefes de Polícía, de acuerdo a las fuentes que he consultado, Rafael de Cárdenas y Benítez fue ascendido a General de División el 18 de Agosto de 1898. En Guanabacoa, donde nací y resido, hay una calle que lleva su nombre, y en la esquina de las calles de Aranguren y Maceo hay una tarja, que rememora que en la noche del 1 de Diciembre de 1896, mambises bajo el mando de Rafael de Cárdenas y Néstor Aranguren penetraron en la Villa de Guanabacoa, que estaba custodiada por cerca de 2000 soldados y voluntarios españoles, siendo esta una de las acciones mas audaces que se hicieron en la Habana durante la Guerra de Independenca; ambos, de Cárdenas y Aranguren, participaron en la Invasión de 1895, quedando destacados en la Habana. Le rogaría, si le es posible, indagar sobre el papel de Rafael de Cárdenas al frente de la polícía en la llamada Huelga de los Aprendices de 1902.

    5. 5

      Carlos A. Villanueva Morgado - 22 de Agosto del 2017 15:42:36 CDT

      segun la historia de Marianao, Baldomero Acosta fue el jefe del Ejercito Libertador que liberó Marianao y tiene un busto a su nombre. el brigadier Placido Hernandez fue quien introdujo en Cuba la Policia de Turismo con 4 agentes que hablaban idiomas ingles y frances. Dos jefes de Policia de la republica fueron buenos jinetes y esgrimistas; pero el Departamento de la Policia Nacional de la Habana, nombre que dieron los intervencionistas yanquis al terminar la guerra de independencia tuvo su primer jefe a un norteamericano y luego con Menocal (del cual existe una foto casi a tamaño natural en los archivos de la Oficina del Historiador)tuvo de inspector a un yanqui y siempre tomo el esquema del Departamento de Policia de New York hasta el triunfo de la Revolución (Rossevelt, el jefe de las tropas estadounidenses en la isla, era capitan honorario de ese cuerpo policial y como es natural trajo a su gente ante la necesidad de eliminar al cuerpo policial español, en especial a los muy temidos celadores de barrios), incluso el primer uniforme utilizado en la parada inicial realizado en el Prado era el mismo de las tropas que combatieron a españa en Cuba y mas nunca fue utilizado

    6. 6

      Mario - 22 de Agosto del 2017 20:28:19 CDT

      Estimado Sr. Ciro Bianchi: El nombre correcto del General de Brigada al que usted hace referencia como uno de los Generales más jóvenes de la Guerra de Independencia es, Armando de Jesús Riva Hernández. El "de la Riva" es un error de los medios de aquella época. Saludos Mario Armando Riva

    7. 7

      Carlos A. Villanueva Morgado - 24 de Agosto del 2017 17:26:17 CDT

      aun falta el policia Roche Monteagudo el cual, siguiendo los pasos de Monagas, estudio y combatió como delito las sectas y creencias de origen africano, tratandolos como delincuentes. en el libro de Monagas todas las ilustraciones y dibujos de rostros erana plumilla (excelentes) y se dice que asi fichaba a los delincuentes de la epoca

      Jefes de Policía. Foto: LAZ

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