La Habana a vuelo de pájaro

EL Castillo de la Real Fuerza es la primera fortaleza que se construyó en Cuba y la segunda más antigua de América. No es la original, que fue destruida, sino la que se empezó a levantar en 1558 y que acabaría cediendo preeminencia a otras mayores y mejor situadas para la defensa de la ciudad y el puerto. Sirvió de residencia a los gobernadores coloniales. En uno de sus bastiones se halla la réplica de La Giraldilla, símbolo de La Habana.

Tiempo de ciclón

El primer aviso que dio cuenta de la proximidad de un huracán se emitió en La Habana, en 1875. Nunca antes había tenido lugar un hecho científico de esa naturaleza. Fue obra del padre Viñes, del Observatorio del Colegio de Belén. Faltaban aún unos cuantos años para la creación del Observatorio Nacional (hoy, Instituto de Meteorología). En días de ciclón, nos mantenemos aferrados a los partes que emanan de ese edificio.

Vamos al túnel, mi vida

El Túnel de la Bahía de La Habana es la obra del siglo XX en Cuba. Una de las maravillas de la ingeniería civil cubana. Se le incluye entre las grandes obras de la humanidad, junto a la ciudad de Machu Pichu y la Alhambra de Granada, la Gran Muralla China y la Ciudad Prohibida, el puente de Brooklyn y la modernización de Moscú. Por primera vez un viaducto submarino se construía de esa forma y su proyecto y tecnología revolucionarían el mundo.

La torre más alta

El Convento de San Francisco de Asís comenzó a construirse en 1584 y quedó terminado de manera definitiva en 1738. Es un edificio muy vasto y hermoso en su sencillez, con sus tres claustros y patios. Su torre, de 48 varas de alto, fue la mayor altura alcanzada por el hombre en toda la Cuba colonial. Reposan aquí los restos de toda la nobleza habanera de los siglos XVII y XVIII y en sus predios residió un fraile virtuosísimo que la Iglesia Católica canonizó luego, San Francisco Solano.

El primer rascacielos

La Lonja del Comercio, con sus seis plantas, sorprendió a los habaneros de 1909. No solo fue uno de nuestros primeros rascacielos, sino que además disponía de ascensores, invento ya conocido en La Habana de entonces, pero no diseñado hasta ese momento para subir o bajar tan largo tramo. Ocupó el sitio de la llamada Casa de Armona, donde radicaron los gobernadores españoles hasta la construcción del Palacio de los Capitanes Generales.

Iluso y poco práctico

La casa de los condes de Jaruco es el edificio más lujoso de la Plaza Vieja. El tercer conde, que vivió aquí, fue en su tiempo (1769-1807) el hombre más rico de Cuba. Pero era iluso y poco práctico. Soñaba con grandes empresas y casi todas fracasaron. Cuando falleció legó a su hijo la inmensa fortuna, para la época, de nueve millones de pesos, condicionada por una deuda de siete millones que en el testamento le obligaba a honrar.

Un paraje agradable

La Alameda de Paula fue el primer paseo de la ciudad (1770) en una época en que la villa solo se preocupaba de atender sus defensas y el criollo encontraba esparcimiento únicamente en las fiestas religiosas y las paradas militares. Era en sus inicios un terraplén con álamos y algunos bancos, pero ya desde entonces sobresalió como un paraje agradable expuesto a los aires frescos y con espléndidas vistas, lo que lo insertó de inmediato en la preferencia del habanero.

Balcones y 77 ventanales

Atrae por su belleza este edificio de estilo ecléctico y decoración plateresca, con sus balcones internos y 77 ventanales. Luce en sus torres el escudo de la República y el de la ciudad. La Estación Central de Ferrocarriles se inauguró el 30 de noviembre de 1912. La ceremonia comenzó cuando a las 2:45 de la tarde de ese día salió, con destino a la nueva terminal, el último tren de la estación de Villanueva y esa vieja instalación se clausuró para siempre.

La reunión

En 1853 abría sus puertas en la calle Teniente Rey la farmacia La Reunión. Progresó pronto y a la vuelta de pocas décadas era considerada ya la segunda droguería mayor del mundo. Al quedar al frente del negocio, el nieto del fundador no demoró en ampliar el objeto social del establecimiento creado por su abuelo. Hoy, la mayor y más antigua droguería cubana funciona sin que haya perdido su empaque de ayer.

Sin estrellas

Hasta 1952, los ómnibus interprovinciales iniciaban y concluían su recorrido en las inmediaciones del Paseo del Prado. Lo que explica la cantidad de hoteles que se ubicaban en la zona, establecimientos que, más que por las estrellas, que no tenían en la mayor parte de los casos, se identificaban como hoteles «decentes»; algunos con el lujo del cuarto de baño individual. El hotel Monserrate fue uno de ellos. Sirva para recordarlos a todos.

¿De pastel?

Alejo Carpentier le criticaba su arquitectura de pastel, pero cualquier ciudad del mundo se sentiría orgullosa de contar con un edificio como el del Centro Gallego, donde radica el Gran Teatro de La Habana. Los estudiosos hablan del eclecticismo, sus elementos neobarrocos, neoclásicos, del renacimiento francés, del rococó español… Mezcla que regala, desde 1915, una imagen grandiosa y monumental en una zona de privilegio de La Habana.

Sin perfil

El Teatro Nacional fue la meca del género lírico, como el Albizu lo fue de la zarzuela y el Payret de la opereta. El Teatro Campoamor, en una de las esquinas del Capitolio, no tuvo nunca un perfil definido. Escenario teatral y sala cinematográfica, el inmueble anota la reunión memorable que Juan Ramón Jiménez sostuvo en 1936 con jóvenes poetas cubanos de entonces. El tiempo y la desidia se tragaron su historia, como terminarán tragándose este edificio.

Barrita

Una de las expresiones mejores y más acabadas del art decó habanero es el edificio Bacardí, construido en 1924 en la calle Monserrate. Los ejecutivos de la casa ronera del mismo nombre ubicaron aquí la dirección de su empresa que, por el número de sus trabajadores (1 416 obreros y 546 empleados) era, en 1958, en la rama no azucarera, la tercera industria del país. Muy acogedora, en este sitio, es la llamada Barrita Bacardí.

Partagás

Es una fábrica y parece un palacio. Pone de manifiesto la opulencia de una industria y el buen gusto constructivo. Pero ¡cuidado!, lo habita el fantasma de su primer propietario, el catalán Jaime Partagás, asesinado en sus propias vegas por un campesino que descubrió que el vejete se «fumaba» a su esposa. El ánima de don Jaime no encuentra reposo y muchos de los trabajadores advierten su sombra en la Real Fábrica de Tabacos que lleva su nombre.

Teléfonos

El teléfono llegó a Cuba en 1879. Hasta los años iniciales del siglo XX la red telefónica de La Habana operó unos 1 775 aparatos con un sistema manual. En 1910 se instala la telefonía automática en la Isla, que sería el primer país del mundo en disfrutar de esa maravilla tecnológica. En 1927, la llamada Compañía Cubana de Teléfonos, filial de la ITT, edificó su sede en Águila y Dragones. Su torre es uno de los más bellos adornos de la ciudad.

Onda de la alegría

Nació, pequeñita, en la calle Monte, se trasladó para los bajos del Centro Gallego y estrenó, en 1953, en la calle Infanta, edificio propio dotado de estudios que, por sus condiciones técnicas, superaban a los de la poderosa CMQ, con la que Radio Progreso sin embargo nunca quiso competir. Aunque llegó a tener un buen cuadro de radionovelas, su punto fuerte fue la música, lo que le dio su justificado título de La Onda de la Alegría.

Todos los sabores

Solo en un país en Revolución se podía concebir una heladería de mil capacidades como Coppelia. El triunfo de 1959 garantizó a todos el derecho a la salud, a la educación y a la recreación. El 4 de junio de 1966 abrió sus áreas al público y la gente entró a degustar los 26 sabores de helados que ofertaba entonces y que llegaron a ser 54. Lo curioso es que este establecimiento monumental no se ha inaugurado nunca de manera oficial.

Vida y muerte

Al Cementerio de Colón se le tiene por la tercera necrópolis del mundo en atención a sus valores artísticos. En ese museo a cielo abierto suman diez mil las obras de arte con un valor estimado de cien millones de dólares. Hay arrogancia y humildad en este camposanto, desde la portada, única en Cuba, y el tríptico escultórico que la corona. El cadáver de su arquitecto, Calixto de Loira, fue el primero que aquí se inhumó. ¡Ironías de la vida y la muerte!

Algodón de azúcar

El foso de los leones, la isleta de los cocodrilos: osos y monos, el parque de diversiones, el algodón de azúcar… no hay habanero mayor de 60 años que no guarde un recuerdo grato del Parque Zoológico de la calle 26, en el Nuevo Vedado, sitio entrañable con su bello y eficaz diseño de jardines y paseos en el que Rita Longa dejó su impronta al esculpir, a la entrada, la familia de venados que parece moverse en su medio natural.

Gran estadio

Cuando se inauguró, en 1946, el Estadio del Cerro (hoy, Latinoamericano) podía alojar a 35 000 espectadores. Entonces, solo lo superaban en capacidad cinco instalaciones norteamericanas, entre ellas el Yankee Stadium. Después de 1959 se amplió sensiblemente y ha sido escenario no solo de grandes topes beisboleros, sino de impresionantes concentraciones políticas, como aquella de cuando Fidel anunció la nacionalización de las empresas norteamericanas.

Nada sino el nombre

Donde estuvo la casona del Conde de Villanueva, chata y aplastada pese a su condición de albergue condal, y cuyas facilidades aprovechó el cine Valentino, hay ahora un edificio de 20 plantas, y el bar «Moral» se convirtió en una cafetería. No existe la valla de gallos que diera relevancia al lugar ni tampoco la panadería con su pan caliente cada 15 minutos… Nada sino el nombre y el recuerdo quedan de la muy concurrida esquina de Tejas.

Senderos que se bifurcan

Durante casi cien años el café Colón, a la entrada de Arroyo Naranjo, ha sido punto de referencia en el camino hacia el Sur. Se ubica a la vera de línea del ferrocarril y sobre la Calzada de Diez de Octubre. Un kilómetro más allá, en La Palma, el sendero se bifurca: hacia la izquierda, la Calzada de Managua y hacia la derecha, la de Bejucal. Caminos que desde tiempos inmemoriales sirven de salida a la ciudad.

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