De león a mono

Un lector de Sancti Spíritus que firma su mensaje solo con su nombre de pila —Miguel— y dice ser trabajador del Poder Popular en esa provincia, dice que recuerda haber leído, cree que en este mismo diario, la historia de un hombre que, en un circo de Matanzas, se enfrentó con un mono y que quedó tan mal parado en el combate que no alcanzó a cobrar al final la recompensa. Refiere que días atrás comentó este incidente con su esposa y que la señora se resiste a creerlo, pide al escribidor que precise el asunto.

Vayamos por partes. Fue en verdad una pelea entre un ex boxeador de los pesos medianos, Evangelio Valiente, y un gorila, y no en Matanzas, sino en La Habana. No ocurrió el tope en un circo cualquiera, sino en el famoso Ringling, que hacía visitas anuales a Cuba y se presentaba siempre en el Palacio de Convenciones y Deportes, sito en Paseo y Mar, más o menos donde se halla la llamada Fuente de la Juventud.

Razón tiene el lector cuando asegura que conoció esta historia gracias a Juventud Rebelde. La contó en este diario el colega y amigo Elio Menéndez, premio nacional de Periodismo, que la recogió luego en su libro Swines a la nostalgia, publicado en Cienfuegos, en el año 2005, por la editorial Mecenas; una coedición con este periódico.

La historia es así.

Como boxeador profesional, Evangelio Valiente alcanzó más triunfos que derrotas. De 97 combates que efectuó, ganó 65, de estos 52 por nocaut, e hizo 12 tablas. Peleaba en la división mediana y su mejor mano era la derecha, con la que, decían los cronistas, pegaba como un mulo. Con esa puso fuera de combate al español Lorenzo Gómez Naya y anestesió al triple campeón nacional Mario Raúl Ochoa, titular mediano, semicompleto y completo. Además de fracturarles el maxilar a dos rivales.

Entre 1935 y 1946, Evangelio se presentó en diversas plazas del país, algunas de primera, como la Arena Cristal y el Palacio de Convenciones y Deportes. Pero jamás llegó a alcanzar una bolsa decorosa.

A comienzos de 1957, Valiente llevaba varios años en retiro y pasaba de los 40. Se aproximaba el 6 de enero y su corazón de padre se laceró con las carticas en las que sus cinco hijos pedían juguetes a los Reyes Magos. Esta vez los niños quedarían sin juguetes, pues Valiente no tenía dinero para comprárselos.

Un amigo que sabía de la desesperación de Valiente por la proximidad del Día de Reyes, corrió a decirle que el circo establecido en Paseo y Mar buscaba a alguien que se metiera en una jaula con un gorila a fin de escenificar un combate de boxeo distinto y diferente. Quien lo hiciera recibiría cinco pesos por cada minuto que pasara enfrentado a la fiera. El animal saldría al ring con un bozal de hierro y dos guantes enormes confeccionados en especial para aquella pelea.

El Palacio de Convenciones y Deportes se había inaugurado el 1ro. de octubre de 1944 con un tope boxístico sensacional. Fue demolido en la segunda mitad de los años 50 con el objetivo de ampliar el Malecón, que llegó entonces a su límite en la orilla del río Almendares. En aquel Palacio de Convenciones y Deportes se instaló una pista de hielo para patinadores y fue además la sede habitual en Cuba del famoso circo norteamericano Ringling, que visitaba La Habana todos los años, en ocasión de las fiestas navideñas.

Valiente escuchó con atención lo que le decía su amigo y no lo pensó dos veces. Se enfrentaría al gorila, si aquella era la única forma de obtener el dinero que necesitaba para los juguetes de sus hijos.

Antes de meterse en la jaula planificó su estrategia. Se movería sin cesar alrededor del animal, tiraría algún que otro jab al aire para no enfurecerlo. Y como hacía en sus peleas a 12 rounds, se dosificaría, no malgastaría energías para que el combate se alargara el mayor tiempo posible. Mientras más durara, más ganaría el ex campeón.

El amigo, desde fuera de la jaula, iba contándole los minutos, y a medida que pasaban, Valiente sacaba la cuenta: Ya tengo el camioncito de Pepe y la muñeca de Lala; ahora voy por los patines de Tomasito…

Cuando pasaron cinco minutos, se sintió tentado de abandonar el combate. Ya no tenía la agilidad de antaño ni la resistencia tampoco. Estaba cansado de tantas y tantas vueltas y, en definitiva, tenía resuelto ya el problema de los juguetes de Reyes de los niños.

Años después contaba el mismo Evangelio Valiente al cronista Elio Menéndez: «Al comienzo, la gente me gritaba: “¡Evangelio, tú estás loco! ¡Ese gorila te va a matar!” Pero al pasar los minutos y ver que el animal no podía alcanzarme, los espectadores fueron ganando confianza y, entusiasmados, me pedían que le pegara. Los más enardecidos vociferaban “¡Tíralo!, ¡tíralo!, ¡tíralo!”».

«Me volví loco; la verdad es que aquellos gritos me enloquecieron», recordaría años más tarde Evangelio Valiente.

Solo así se atrevió a hacer lo que hizo. Pensó que el Palacio de Convenciones y Deportes era el escenario de sus grandes triunfos, recordó a todos los rivales que allí había tirado a la lona y se dijo: «¿Y si le meto un derechazo al bicho y lo tiro?» Se acercó al animal, hizo una finta y le coló la derecha. El bicho se sintió el derechazo. Y no demoró su respuesta. Aquel animal echó fuego por los ojos, se golpeó el pecho, como lo hacen los monos en las películas de Tarzán, y se abalanzó sobre el boxeador con grandes alaridos. Evangelio Valiente trató de girar, pero apenas podía arrastrar las piernas y vio venir el golpe que el orangután le lanzó sin poder quitárselo de encima. Lo sacaron urgente de la jaula y lo llevaron a la enfermería. Le dieron cinco puntos en la cabeza…

Cuando su mujer lo vio llegar a la casa, vendado, le preguntó si lo había atropellado una guagua.

¡Qué guagua ni qué guagua!—respondió Valiente—. Échate un vestidito por encima, vieja, que vamos a comprarles los juguetes a los niños.

Otra vez Mojica

Hay dos cosas. O a José Mojica le gustaba mucho La Habana o se resiste a abandonar esta página. Dediqué una crónica a la visita que el llamado tenor de la voz de oro nos hizo en 1931, y dos lectores, la diseñadora Piedad Subiráts y el doctor Diego Artiles, del Hospital 10 de Octubre, salieron enseguida a la palestra para recordar que regresó en 1953 para una segunda visita. Ya para entonces había tomado los hábitos religiosos, aunque gozaba de licencia eclesiástica para actuar y cantar.

Sobre Mojica escribe ahora el historiador Pedro Urbezo, autor del libro El teatro América y su entorno mágico, que comentamos aquí oportunamente. Dice Urbezo en su mensaje electrónico que la visita a la que aluden la destacada diseñadora y el doctor Artiles sería, en todo caso, la tercera, pues, asegura Urbezo, «se presentó en la escena del América durante la semana del 7 al 13 de mayo de 1951», en funciones nocturnas de lunes a viernes y en doble función el fin de semana, con lo que festejó el domingo 13 el Día de las Madres. Todas las presentaciones, señala Urbezo, fueron a teatro lleno y Mojica salió siempre a escena con su atuendo de fraile.

De vuelta y vuelta

Me recriminan desde Remedios, en Villa Clara, porque en la página del 5 de octubre pasado, al hablar sobre el cubano que fue presidente del Gobierno español, omití mencionar la fuente de donde tomé la información. El sujeto en cuestión es el general Dámaso Berenguer, nacido precisamente en Remedios, en tiempos en que Cuba todavía era colonia.

Para escribir mi nota me basé en la investigación del licenciado Rafael Farto Muñiz, el fallecido historiador de esa localidad villaclareña y autor del libro San Juan de los Remedios. Apuntes sobre su historia y algunos mitos y leyendas representativos de la tradición oral. Aunque no hay justificación en la omisión de la fuente, debo aclarar que mi documentalista me pasó los datos sobre el referido general, no consignó la bibliografía utilizada, y yo, sencillamente, me fui con la de trapo.

Respuesta a Solange: En la década de los 50 del siglo pasado, el turismo se concentraba en La Habana y en muy menor medida en Varadero e Isla de Pinos. La capital disponía de más de 50 hoteles —cuatro de estos de lujo— con 4 900 habitaciones y 9 800 capacidades. En la Playa Azul no pasaban de 700 las habitaciones e Isla de Pinos podía acomodar a lo sumo a unos 200 visitantes. Unos 223 000 turistas extranjeros vacacionaron en Cuba en 1956. Otros 272 000 lo hicieron en el 57 y al año siguiente la cifra descendió a 212 000.

Pedro M. Calzada Ajete inquiere sobre una canción que interpretaba Benny Moré y que se titula, dice, Rezo en la noche. Asegura que se estrenó en 1957 y desea saber quién es su autor y qué reacción provocó en las autoridades de la dictadura batistiana.

Dice: «Hoy dedico mi canto a las madres que sufren la ausencia / del hijo idolatrado que valientemente cayera / defendiendo el sagrado derecho de la libertad / y a la patria, que solemnemente jurara lealtad / hoy dedico mi canto a las madres que sufren la ausencia / del hijo idolatrado, que nunca jamás volverá / a la esposa que sufre en silencio el cruel abandono / y al nené que inocente pregunta: ¿Dónde está papá? ¿Dónde está mi papá?».

El escribidor recuerda perfectamente la letra, pero duda que sea, como dice el lector, de 1957, sino de después del triunfo de la Revolución. La censura batistiana no hubiera permitido algo así.

Osmany Santiago, párroco de Encrucijada, desea información sobre la Gran Duquesa de Luxemburgo, que es cubana, habanera por más señas, y Pedro Vives Machado, inquiere sobre el obelisco de 100 y 31, en Marianao.

A ambos responderé oportunamente.

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