Juventud Rebelde

Los que soñamos por la oreja

Cimarrón

Luis Mario Ochoa.De un tiempo a acá, el mercado canadiense ha ido abriéndose para la música cubana. Es halagüeño que compatriotas nuestros, en un rango que va desde un pianista como Hilario Durán hasta un cantautor como Evaristo Machado, se hayan ganado un espacio en aquel circuito. En certámenes de Canadá como el National Jazz Awards o el Premio Juno, hoy no resulta sorprendente encontrar distintas producciones discográficas protagonizadas por músicos de nuestro país que son nominadas o incluso, galardonadas.

Durante la más reciente emisión del National Jazz Awards, en la categoría de Mejor Artista de Latin Jazz compitieron por el lauro, además de Hilario Durán (quien a la postre se llevó el gato al agua), el destacadísimo pianista santiaguero David Vireyes y el guitarrista Luis Mario Ochoa, escogido para la lid por su disco denominado Cimarrón. Afortunadamente y gracias a la gentileza del propio Luis Mario, ya dispongo de un ejemplar de dicho CD.

Para quienes no lo conocen, hay que decir que este creador pertenece a una familia donde la música ha reinado durante años. Su padre, Luis Ochoa, fue cantante, guitarrista y fundador del trío Voces de Oro, mientras que uno de sus tíos era el legendario saxofonista José «Chombo» Silva. Con tales antecedentes, no tuvo nada de extraño que desde pequeño, el ahora guitarrista, compositor, orquestador y cantante, se vinculase al universo musical y llegase a graduarse en el Instituto Superior de Arte.

Aunque de formación clásica, los principales intereses de Luis Mario siempre han decursado por los terrenos de la música popular, lo cual lo lleva a fundar en 1992 el grupo Cimarrón, un proyecto a través del cual ha podido concretar sus ideas musicales, hasta la actualidad plasmadas en tres álbumes: A la cubana (1995), La fiesta (2000) y Cimarrón, aparecido en el presente año.

Esta tercera producción fonográfica de Ochoa es un trabajo que si bien lo tiene a él como figura central de la grabación (no solo toca la guitarra sino que también compone cinco de los temas del material, está a cargo de todas las orquestaciones y además canta), se distingue por la prevalencia de un sonido colectivo, donde cada instrumentista de la agrupación tiene espacio para el destaque individual. Es una obra que habla por sí sola de la madurez de su hacedor.

De conjunto, las diez piezas del álbum me retrotraen al espíritu que se percibe en propuestas de la música cubana de los 60, al corte de lo hecho por gentes como Los Amigos o el Noneto de Pucho Escalante, por supuesto a tono con los aires que se respiran en el 2006. Los arreglos orquestales persiguen como mira la integración de variados géneros tradicionales de nuestro país, como son: chachachá, guaguancó, bolero, con deliciosas armonías jazzísticas, en un contexto que aprovecha sabiamente el legado de la salsa de Nueva York, acorde con el mercado canadiense, al cual está dirigido el disco.

Lo primero en que uno piensa al escuchar el corte inicial del CD, Como Penélope, es que se está ante un cantante de muchas posibilidades, tanto por su entonación y la expresividad que pone al interpretar, como por el fino sabor que impregna a los montunos. En el aspecto instrumental, en el disco abundan los buenos solos, como el que hace el trompetista Alexis Baró en ese propio tema.

En ese sentido, uno de los temas de mayor impacto es To Brenda with love, con eminentes improvisaciones de clarinete y de una guitarra acústica con cuerdas de nailon, la cual sorprende en virtud del poco uso que de dicha variante del instrumento se hace hoy entre nuestros jazzistas, más dados a la guitarra eléctrica. Igualmente, sobresaliente es la versión de Lamento cubano, de Eliseo Grenet, y donde sobresalen Ochoa en el canto, Alexander Brown en la trompeta, David Vireyes al piano y el trombonista Yankar González. En el plano de las orquestaciones, brillante es la reinterpretación que se hace de Days of wine and roses (hay un formidable solo del bajista Paco Luviano), de Henry Manzini, y que se trae a la rítmica cubana.

Guitarrista que continúa la línea de Juanito Márquez y Carlos Emilio, Luis Mario Ochoa nos entrega en Cimarrón un disco de buen gusto y saber hacer.

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