Juventud Rebelde

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La violencia sonora de Cannibal Corpse

A pesar de la escasa presencia de la banda en los medios, continúa su popularidad. A pesar de la escasa presencia de la banda en los medios, continúa su popularidad. Más de un lector de esta columna me ha abordado en algunos conciertos para solicitarme que escriba sobre Cannibal Corpse, una agrupación estadounidense que en nuestro país goza de gran popularidad entre los seguidores del metal. De inicio, me parece conveniente ubicar la corriente sonora en la que la aludida banda se desempeña, es decir, el death metal, un estilo caracterizado por la utilización de las voces guturales (nombradas en inglés growls), de marcada aspereza al emitirse y con bastante frecuencia incomprensibles.

A lo anterior, únese un tiempo muy abrupto, el empleo de una batería en extremo rápida y un discurso en lo textual donde prevalece el anticristianismo, mensajes en relación con la muerte, la violencia explícita, la necrofilia, prácticas satánicas, los asesinos en serie y visiones en general apocalípticas. El origen de la corriente resulta polémico, pero el término como tal se usa por vez primera en 1984, cuando el grupo californiano Possessed edita un demo denominado Death metal.

Si una agrupación ha logrado que el death resulte conocido a escala mundial, sin la menor discusión esa es Cannibal Corpse. Constituidos en 1988, su debut fonográfico, Eaten back To life, tiene lugar en 1990 y fue de la clase de discos que al ponerse en circulación despiertan acaloradas discusiones entre partidarios y detractores. La macabra carátula del álbum, lo agresivo y provocativo de títulos de piezas como Hammer smashed Face, Meat hook Sodomy y Addicted To vaginal skin, alarmaron a una parte de la sociedad estadounidense por considerar que aquello iba en contra de «las buenas costumbres».

Sus dos siguientes producciones, Butchered At birth (1991) y Tomb of the mutilated (1992), continuaron inmersas en la estética con la que habían debutado y, por consiguiente, fueron aún mayor objeto de censura por organizaciones de Estados Unidos en contra de la cultura del metal, como la Liga PMRC, que agrupaba a figuras del conservadurismo republicano como Nancy Reagan. A tal grado llegó la campaña en contra de Cannibal Corpse, que la venta de mercadería del grupo fue prohibida en países como Australia, Corea y Nueva Zelanda, e incluso, en Alemania no se permitió la comercialización de Butchered At birth ni la ejecución pública de los tres primeros discos de la banda.

Pero, como siempre sucede, lo prohibido es lo que más llama la atención, y la popularidad de Cannibal Corpse, tanto en Estados Unidos como en el resto del mundo, iba in crescendo, al margen de la censura de la que eran víctimas. El éxito que alcanzaban por doquier, los animaba a continuar con sus diabólicos gruñidos vocales, prédicas acerca de asesinos en serie e imágenes que revelan el lado oscuro del ser humano. Así, la propaganda que reciben indirectamente por parte de quienes los atacan, los ayuda a vender millones de álbumes.

En 1996 editan Vile, trabajo que trae la sustitución del vocalista Chris Barnes por George Fisher. Este CD tiene el mérito para la historia del rock de ser el primer material de death metal que logra aparecer en los charts de la afamada revista Billboard. Con ello, si bien la agrupación seguiría siendo un icono internacional de la cultura underground, empieza a tener cierto grado de visibilidad en otros circuitos.

La discografía de la banda se completa con los fonogramas Monolith Of death (1997), Gallery of suicide (1998), Bloodthirst (1999), Live cannibalism (2000), Gore obsessed (2002), Worm infested (2003), 15-Year killing spree (2003), el muy popular The wretched spawn (2004), Kill (2006), The Bleeding (2006) y Centuries of torment, durante el presente 2008.

Con una nómina conformada en la actualidad por el vocalista George Fisher, los guitarristas Pat O’Brien y Rob Barrett, Alex Websterv en el bajo y el baterista Paul Mazurkiewicz, como allá cuando se fundasen en 1988, Cannibal Corpse sigue apostando por una abrasiva claustrofobia y un maníaco contenido, y con su ejemplo han demostrado que, pese a su nula presencia en las radios comerciales y un mínimo de rotación en pantalla, los canales de promoción para la obra musical hoy se han diversificado de manera incontrolable, algo que no siempre suele tenerse en cuenta.

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