Los que soñamos por la oreja

Ampliar la percepción al extremo

Nunca le agradeceré suficientemente a mi gran amigo Humberto Manduley que en un momento dado, y sin él mismo saberlo, me haya hecho interesarme por los grupos exponentes del llamado rock in opposition. Cuando este fenómeno surgió en 1978, con la celebración de un festival en Londres a partir de afinidades ideoestéticas entre instrumentistas de varias bandas, yo era un adolescente para el que las más altas cuotas de lo experimental en rock pasaban por la música que sonaba en aquel mítico programa de la KAAW, el Baker Street, espacio radial nocturno al que le debo en buena medida mi amor por el género.

Como es conocido, a fines del decenio de los 70, el rock progresivo cedía terreno ante la irrupción de manifestaciones como el punk y el heavy metal. Es entonces cuando un puñado de agrupaciones —desconocidas hasta ese momento dado el rechazo que la industria hacía a sus propuestas— decide continuar con el ideal de hacer del rock una suerte de música culta o académica, como algunos especialistas gustan decir en la actualidad. Los cinco pioneros de la movida y participantes de aquel festival en 1978 fueron Henry Cow, del Reino Unido; Univers Zero, de Bélgica; Etron Fou Leloublan, de Francia; Stormy Six, de Italia, y Sammla Mammas Manna, de Suecia.

Es curioso el hecho de que aquel evento, organizado al margen del llamado mainstream, ha continuado hasta nuestros días, transformándose en una suerte de organización dedicada a la promoción del quehacer de grupos de diversas procedencias geográficas y que se han unido a la tradición establecida en Londres en 1978. Empero, lo más sorprendente para mí es que ninguna de las bandas asociadas al rock in opposition ha claudicado en lo concerniente a sus concepciones, y así se han mantenido, alejadas de cuanto huela a comercialismo de baja estofa.

Otros nombres que con el transcurrir de los años aparecen vinculados a la corriente son Art Zoyd (Francia), Aksak Maboul (Bélgica), Art Bears (integrado por ex miembros de Henry Cow), Magma (Francia), Thinking Plague (USA), Present (Bélgica), Miriodor (Canadá), Ahvak (Israel), Neblenest (Francia), 5uu’s (EE.UU.), Guapo (Reino Unido), P. O.N. (Japón) y U Totem (EE.UU.). Incluso, en Cuba a finales de los 70 e inicios de los 80 tuvimos un extraordinario grupo que, sin estar al tanto de lo que sucedía en Europa, estéticamente encajaba a la perfección en esta corriente, me refiero a Arte Vivo.

En el deseo de rechazar la adaptación de lo musical a las tendencias del gusto de oyentes no exigentes, algunos de los elementos que aparecen en el rock in opposition son las influencias de Schoenberg, Luciano Berio, Iannis Xenakis o Penderecky; las músicas atonal, expresionista y aleatoria; el free jazz y los experimentos de la Escena de Canterbury (en especial lo realizado por Softmachine), así como la asimilación del legado de creadores que van desde Frank Zappa, Ornette Coleman hasta The Velvet Underground.

De semejante coctel se deducirá que estamos ante un tipo de trabajo difícil de ser consumido por quienes se han acostumbrado a lo que brinda la industria. Fonogramas como Heresie (Univers Zero, 1979), Western culture (Henry Cow, 1979), Les Poumons Gonflés (Etron Fou Leloublan, 1982), Cliché (Stormy Six, 1976), u otros de más reciente puesta en circulación pero en la propia línea experimental, como In extremis (Thinking Plague, 1998) y Elixirs (Guapo, 2008), si bien son pletóricos en detalles que demandan una atenta audición, pues cada instrumentista explota la improvisación libre al límite de sus capacidades personales, también resultan muy disfrutables para todo el que desee ampliar su percepción del hecho musical.

Aunque desde su aparición el rock in opposition ha debido enfrentarse a un mercado que empuja a los artistas a hacer concesiones en aras de moldear su creatividad a las demandas de la moda, el espacio para promover formas de expresión como la aquí comentada, en la actualidad se torna aún mucho más difícil que tres décadas atrás. No obstante, este lenguaje complejo, pero no carente de buena dosis de emoción, apela a la curiosidad del oyente e invita a la búsqueda de nuevos horizontes que enriquezcan nuestro acervo cultural.

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