Los que soñamos por la oreja

¡Gothenburg metal a la carta!

En la más reciente remesa de grabaciones foráneas que manos amigas me han hecho llegar, uno de los materiales que me ha cautivado es el álbum Static impulse, disco puesto en circulación por el sello Incide Out Music y acreditado a James LaBrie, vocalista del mítico grupo Dream Theater. Salido al mercado a fines del pasado mes de septiembre, la primera referencia favorable que tuve acerca del fonograma vino de la mano de mi buen amigo Manuel Santín Valdés y, ni corto ni perezoso, me di a la tarea de conseguir el CD.

Para quienes no estén al tanto del devenir artístico de James LaBrie, les diré que además de su desempeño con Dream Theater, él se ha involucrado en proyectos tan atractivos como Explorers Club y Mullmuzzler, así como ha intervenido en grabaciones de Fates Warning, Shadow Gallery, Ayreon y en los discos tributo a leyendas del rock, entre las que cabría destacar a Emerson, Lake & Palmer, Queen y Rush.

Paralelo a dicha intensa actividad en fonogramas de diversos colegas y en el quehacer de los Theater, desde 2005 LaBrie también lleva adelante su propia carrera personal. En aquel año grabó el CD Elements of persuasion, con la evidente intención de demostrarle a su público que a él le interesa asumir diversas aristas del panorama del rock y el metal de nuestros días y no solo las áreas con las que suele identificársele.

Ahora, al enfrentarse al proyecto de editar Static impulse, James volvió a colaborar con un viejo amigo, el tecladista y cantante Matt Guillory, con quien ya había compartido la vivificante experiencia de Mullmuzzler. Igualmente para acometer esta nueva aventura del 2010, llamó al baterista e impresionante screamer Peter Wildoer (recordarlo en sus trabajos con Arch Enemy, Pestilence, Majestic, Old Man’s Child o como líder de Darkane), así como al guitarrista italiano Marco Sfogli y al bajista Ray Riendeau, integrante de la banda de Rob Halford.

Desde el primer track del CD, la pieza One more time, uno se percata de que estamos ante una propuesta enmarcada dentro de los códigos de lo que unos suelen llamar death metal melódico y otros prefieren nombrar Gothenburg metal, por la ciudad sueca donde se originó el estilo, que tiene entre sus representantes a agrupaciones como Dark Tranquillity, At The Gates, In Flames, Amon Amarth, Dimension Zero, Dark Lunacy y los ya mencionados Arch Enemy. Esta variante del death metal posee como características el empleo de voces desgarradas y limpias en lugar de las guturales, utilización de pasajes progresivos en lo instrumental y en los que la guitarra desarrolla hermosas líneas melódicas, estribillos cantables y uso de teclados.

Todo lo antes señalado se aprecia en One more time, arrasadora avalancha de sonidos en la que junto a la preponderancia de James LaBrie, también por momentos sobresale la desgarrada voz del drummer Peter Wildoer, ambos con el respaldo de contagiosos riffs guitarrísticos de aire marchoso, una demoledora sección rítmica y un caliente solo donde guitarra y teclado alternan el rol protagónico.

Prosigue el álbum con Jekyll or Hyde, en esencia en la misma cuerda del tema anterior y donde lo más destacable resulta el contrapunteo entre dos formas diferentes de abordar lo vocal, intercambio en el que Wildoer aporta los clásicos alaridos emitidos en el metal extremo por un screamer, y James el canto en registros bien agudos. Por su parte, Mislead transita los senderos del actual prog metal y es de esas piezas con mucho gancho en el estribillo.

Euphoric es el corte que en esta producción me hace evocar las baladas de Dream Theater. Con una sonoridad un poco más heavy, Over the edge continúa en el mundo del prog metal, mientras que I need you (mi favorita en el disco) tiene una energía a raudales y unas impresionantes backing vocals a cargo de Matt Guillory, algo que también sucede en Who you think I Am?

Por su parte, I tried y Just watch me son ejemplos de metal moderno, mientras que la sonoridad Gothenburg se retoma en This is war y Superstar. Para coda del álbum utilizan la muy tranquila Coming home, perfecto final para un CD representativo del mejor heavy rock contemporáneo.

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