Los que soñamos por la oreja

Las muchachas se divierten

Cuando por una u otra razón no puedo asistir a alguno de los conciertos celebrados en el Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau, experimento una sensación de pérdida y me lamento por no haber sido testigo de un hecho irrepetible. Porque de irrepetible catalogo cada una de las funciones llevadas a cabo en el patio de la instalación ubicada en Muralla 63. Por lo anterior, sentí mucho no poder concurrir al concierto denominado Las muchachas se divierten. Y es que de cierta manera fui testigo de cómo se engendró este proyecto y durante meses he estado al tanto de los preparativos que Liliana Héctor, Yaíma Orozco e Irina González estuvieron haciendo para protagonizar la función que semanas atrás tuviese lugar.

Por fortuna, como dice el refranero popular, quien tiene amigos tiene un central, y yo soy de esos seres que da gracias a la vida por mis buenas amistades.

En virtud de lo anterior, sabedores de mi pena por no haber compartido ese rato de buenas canciones con Lilly, Yaíma e Irina, apenas unas horas después de celebrado el concierto, Víctor (Casaus) y María (Santucho) me hicieron llegar un CD con la grabación íntegra de la presentación, para que en medio de mi ataque de asma me hiciese la idea de que aquel día, yo también había estado departiendo con tantos y tantos amigos, reunidos para disfrutar de los decires de estas tres muchachas, que ya no son jóvenes promesas de la trova, sino hacedoras maduras de una cancionística que habla de su (y nuestra) realidad, siempre desde la particular óptica del ojo femenino.

Aunque no es lo mismo escuchar la grabación de un concierto que estar presente y sentir las vibraciones que se suscitan una tras otra entre público y artista, de algún modo, al oír las interpretaciones recogidas en el disco contentivo de la función, imagino lo mucho que este trío de amigas se debe haber divertido en el montaje y preparativos de su espectáculo.

Lo cierto es que la audición íntegra de las 15 canciones (si se descuenta un tema adicional, a modo de bonus track) que integraron el concierto Las muchachas..., permite intuir que no fueron pocas las horas dedicadas a ensayar y preparar lo que subió a escena como un trabajo colectivo. Tal sensación recibo desde que escucho el primer tema de la presentación, es decir, Debo dejar los días, pieza que con anterioridad le he oído al dueto de Yaíma e Irina, pero que aquí posee un abordaje a tres voces que cantan a capela, a partir de la incorporación de Lilly para conformar un trío que rearmoniza la composición.

De ahí en adelante, en las restantes canciones que se escucharon en la función, hermoso tributo al Día de la Mujer y especie de celebración de un cumpleaños colectivo de allegados al Centro Pablo, la tónica fue semejante, o sea, la grabación testimonia que en la presentación, desde el punto de vista musical, todo estuvo pensado y estudiado.

De tal suerte, además del montaje a voces, ya fuera en dúo o en trío, el respaldo sonoro no corrió únicamente a cargo de las guitarras, sino que también ellas ejecutaron la flauta, bombo, cajón y varios instrumentos de percusión menor, que en conjunto aportaron otra dinámica y textura a cada una de las piezas.

En la función, propicia para el estreno de temas como Carta de libertad y Remolino, desde la grabación siento que los momentos climáticos del concierto, o al menos los que a mí más me gustaron, estuvieron en Debo dejar los días, De soñarte y Frágil. Así pues, al llegar a la última pieza de la presentación, la titulada Ojos sobre ti, de seguro Lilly, Yaíma e Irina deben haberse sentido satisfechas con el resultado de un concierto en el que, al tener que defender no solo sus propuestas individuales, sino las de las tres en conjunto, crecieron como artistas, exponentes de una poética que, por encima de las naturales diferencias entre el discurso femenino y el masculino, dice lo suyo a tiempo y en forma.

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