Joaquín Borges-Triana

Los que soñamos por la oreja

Apetecible: disco para bailar y escuchar

Uno de los músicos cubanos que hoy goza de mayor prestigio a nivel internacional es el bajista Alain Pérez, muy recordado en la escena de nuestra música popular bailable por composiciones suyas como La sandunguita (célebre por el diseño del tumbao) y por sus trabajos como arreglista en piezas al estilo de Con la punta del pie, un tema estudiado por numerosos orquestadores en virtud de la combinación entre un tumbao de piano a contratiempo —estilo changüí— y un bajo estable para compensar y dar estabilidad al bailador.

Graduado en la especialidad de guitarra en la Escuela Nacional de Arte (ENA) en 1996, su nombre empezó a darse a conocer cuando siendo estudiante del segundo año de nivel medio y director de un grupo musical de ese plantel denominado La Síncopa, Chucho Valdés lo llama para que se incorpore a la nómina de Irakere como cantante y tecladista. De entonces a acá ha llovido mucho y hoy Alain acumula entre sus méritos haber ganado con una obra suya el Premio Iberoamericano de Jazz, galardón entregado en un certamen auspiciado por la SGAE durante una de las emisiones del Festival Jazz Plaza.

A lo anterior hay que añadir que, como productor discográfico, él ha puesto su oficio y talento al servicio de artistas como Habana Abierta, a los que les produjo el CD Boomerang. Además, en su condición de bajista, Pérez ha sido llamado para colaborar con prestigiosas figuras de la música flamenca, entre las que cabe mencionar «el Niño» Josele, Enrique Morente y Paco de Lucía, guitarrista con el que lleva varios años de trabajo como integrante de su banda.

En la más reciente edición de Cubadisco, Alain Pérez fue nominado en una de las categorías del concurso por el álbum titulado Apetecible (Globomedia/BOA), tercer fonograma a su nombre. Si El desafío (el primero de sus discos) fue una propuesta orientada en lo fundamental hacia el baile, a partir de temas compuestos por su padre, Gradelio Pérez, y el segundo, el denominado En el aire, se movió por los terrenos del jazz latino, con Apetecible —publicado en 2010— este espirituano quiso entregarnos un material variado estilísticamente, en la tendencia de los procesos de hibridación de carácter transnacional que en el presente vive la música cubana.

Así, junto a los componentes musicales de la tradición de nuestro país (entre ellos, el bolero y el son), sentimos a lo largo de los 12 cortes que integran la grabación aires de rock, flamenco, pop, jazz, funk y soul. Es, pues, un álbum de profunda vocación ecléctica en su enfoque y en el que uno de los aspectos que más capta mi atención viene dado por el ángel de las composiciones, donde predomina el formato de la canción, con preciosos y funcionales textos escritos por Gradelio Pérez y que abordan temáticas como las del amor, el desamor y la crítica social.

Para mi gusto personal, en Apetecible también resulta sobresaliente el nivel instrumental que apreciamos por parte de los músicos que intervienen en el disco, como por ejemplo el pianista villaclareño Osmany Paredes, el percusionista Yuri Nogueira o el guitarrista güinero Dayán Abad, los cuales desprenden una vivificante energía en su ejecución. En el sentido laudatorio, no se puede pasar por alto el trabajo de producción a cargo de José Mendoza y el desempeño de invitados de lujo como Paco de Lucía, «el Niño» Josele, Jerry González o Antonio Serrano.

La sabia alternancia entre los jaleos flamencos y los coros pregunta-respuesta cubanos que se produce en el fonograma, es llevada a cabo con sabrosura, elegancia, limpieza y sobriedad, todo lo cual le otorga un toque de distinción, tanto para la escucha como para el baile. De las piezas a las que hay que prestar especial atención, recomiendo Siglo XXI, Rosa de la rosa roja, Amor de bolero, Siempre María y Enséñalo a quererte, mi favorita de la grabación.

En su conjunto, Apetecible es un disco que por sus múltiples valores artísticos invita a escucharlo una y otra vez, y en el que solo no acaba de convencerme el papel de Alain Pérez como cantante pues, a decir verdad, más allá del potencial vocal que él posee, yo lo prefiero en la condición de extraordinario instrumentista, inscrito ya en el listado de los grandes músicos cubanos.

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