Joaquín Borges-Triana

Los que soñamos por la oreja

Música para entretener

Hace unos días, una lectora de esta columna me abordó a la salida de un teatro para solicitarme que dedicase uno de estos espacios a los californianos de Avenged Sevenfold, sin discusión alguna la banda más popular actualmente en la escena de rock y metal de los Estados Unidos. Le prometí que sí, que a la primera oportunidad escribiría algo acerca de dicha formación, poniendo énfasis en su última producción fonográfica, el disco titulado Nightmare.

Mientras pensaba en lo que iba a escribir, la primera idea que me vino a la cabeza fue que haber escuchado mucha música durante años tiene su lado bueno, pero también una arista negativa. Sucede que de manera inevitable y por más que se trate de evitar, los que como yo llevamos tiempo en estas lides, no podemos resistirnos a establecer comparaciones y a evocar lo hecho en otras épocas por múltiples artistas que, en muchos casos, resultan desconocidos para la gente joven.

Algo así me ocurre con Avenged Sevenfold, agrupación de la que no niego el talento de sus integrantes, pero que a mí en lo particular, no me aporta nada nuevo, al margen de que soy consciente de sus altísimos niveles de venta y del reconocimiento del cual han gozado por importantes publicaciones del medio rockero y metalero, como las revistas Guitar World, Metal Hammer, Total Guitar y Kerrang.

Quienes hayan seguido el panorama musical de la segunda mitad de los años 80 y tengan buena memoria, concordarán conmigo en que en esencia, la propuesta estilística de Avenged Sevenfold en torno a piezas enmarcadas en una suerte de metal desestabilizador, sugestivos riffs, cambios de estructura rítmica, solos de guitarra de gran efectividad melódica y un impecable trabajo vocal (en especial en las power ballads), fue desarrollada por numerosas bandas de aquella época, sobre todo entre exponentes del thrash y del speedd metal de por entonces.

Agrupados en 1999 en Huntington Beach, California, del momento de fundación solo permanecen en el ensamble el vocalista M. Shadows y el guitarra rítmica Zacky Vengeance. Junto a ellos figuran en la actualidad Synyster Gates, guitarrista líder del proyecto desde su incorporación al mismo en el 2000; el bajista Johnny Christ, miembro del colectivo a partir del 2002, y Arin Ilejay, baterista que se sumara a la banda en el 2011, en sustitución de Mike Portnoy, quien durante el 2010 ocupase el lugar dejado por Jimmy «The Rev» Sullivan (uno de los fundadores) al morir en diciembre de 2009.

La discografía oficial grabada en estudio por este grupo californiano la integran los álbumes Sounding the seventh trumpet (2001), Waking the fallen (2003), City of evil (2005), Avenged Sevenfold (2007) y el más reciente, Nightmare, publicado en 2010. Como se comprenderá, este último trabajo aparece asociado de un modo u otro al fallecimiento del otrora baterista de la agrupación, Jimmy «The Rev» Sullivan, a quien se le rinde tributo en la grabación.

El CD transita entre dos líneas estilísticas: una representada por piezas lentas, en la tradición de las baladas del rock y del metal, y otra en la que el componente adrenalínico de las composiciones resulta la tónica predominante. En esa cara explosiva encontramos el corte que le da nombre al fonograma, es decir, Nightmare, así como Welcome to the family, Danger lines, Natural born killer y la épica Save me.

Entre lo emocional y lo energizante hallaremos un tema como Buried alive, con un diseño de las guitarras que mucho le debe a lo llevado a cabo por Metallica, algo que se repetirá en otros instantes del álbum, como por ejemplo en God hates us, el track que personalmente más disfruto de todo el disco. En el caso de Buried alive, es oportuno señalar que dicha canción, así como la denominada Natural born killer, hacen evocar la segunda producción discográfica de Avenged Sevenfold, el CD Waking The Fallen.

En cuanto a las piezas sosegadas de Nightmare, puedo mencionar So far Hawai, Tonight the world dies, Fiction y Victim, en la línea clásica de las power ballads. Disco que refleja un saber hacer, aunque poco aporte a la evolución del rock y el metal contemporáneos, es de esos llamados a vender bien, con música para entretener.

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