Los que soñamos por la oreja

Descarga de ida y vuelta

Hay artistas que tienen la dicha de formarse en sitios donde todo se confunde y se hace mestizaje, mezcla, fusión de la de verdad y no de esa otra de la que hoy tanto se cacarea. Justo lo anterior es lo sucedido con el pinareño Luis Alberto Barbería y el gaditano Javier Ruibal, un par de pesos completos de la mejor canción de autor en nuestros días y que ahora, reunidos en la gira denominada Descarga de ida y vuelta, se presentan en un breve pero intenso recorrido por Cuba.

En la tarde del pasado martes 12, se inició este ciclo de presentaciones con un concierto llevado a cabo en el Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau, una de las instituciones que han mancomunado esfuerzos para poder acometer el proyecto. Los que estuvimos en el patio de Muralla 63 fuimos testigos de una función de esas que perdurarán en nuestro recuerdo por mucho tiempo, en virtud del elevado rigor de la propuesta artística de la que allí disfrutamos.

El concierto vino a corroborar la idea de que si bien Luis Alberto Barbería y Javier Ruibal pueden ser clasificados como cantautores al componer, en el momento en que ellos interpretan sus creaciones se proyectan desde una estética mucho más abierta que la concebida para dicha estirpe de hacedores de canciones, pues asumen la música como una totalidad integradora, en la que el significado de los procesos de hibridación que hoy se dan en el ámbito sonoro alcanza su máxima realización.

Conocido por el público en nuestro país a partir de su membresía en ese taller de la canción cubana contemporánea que resulta la cofradía de amigos nombrada Habana Abierta, Luis Alberto es alguien que como creador se encuentra muy influenciado por la música negra, ya sea norteamericana, cubana, brasileña o africana. A esto adiciona un peculiar timbre, signado por su tono grave y el dominio que él registra al reproducir con la voz diferentes instrumentos de percusión, instante donde hace gala de su pleno dominio de los patrones rítmicos de nuestra música.

Por su parte, Ruibal, quien con anterioridad a la actual gira por Cuba se había presentado en La Habana allá por los 90 en un concierto celebrado en la Casa de las Américas, no es lo que se dice un típico cantaor flamenco, sino que hace una atractiva «mezcla de cosas», donde ciertamente hay mucho de deuda con el flamenco, pero con un diapasón abierto a disímiles géneros y estilos de la música popular de nuestros días (jazz, rock, blues...), sin olvidar las influencias que procesa de otras sonoridades menos convencionales, como la música sefardí y la magrebí.

Este trovador portuense, como él gusta definirse y del cual me declaro un total admirador por su manera de componer e interpretar, ha escrito numerosas canciones inspiradas en los destinos de los emigrantes, sin lugar a dudas, uno de sus motivos recurrentes. En la función del pasado martes nos dejó escuchar varias de las piezas fundamentales en su repertorio, como Aurora, La reina de África, Un ave del paraíso, Isla Mujeres y Por tu amor me duele el aire. Son temas en los que el universo andaluz está presente en una y otra frase, y donde se aprecia nítidamente la vinculación del artista con lo mejor de la poesía española.

En Descarga de ida y vuelta, gira que ahora proseguirá por Santa Clara, Holguín, Pinar del Río, para concluir aquí en La Habana el día 29 de julio en la sala teatro de Bellas Artes, Luis Alberto Barbería y Javier Ruibal no están solos, sino que se hacen acompañar por las bailarinas Remedios Jover y Lucía Ruibal, y por el percusionista Javi Ruibal (estos dos últimos, hijos de Javier).

Función concebida a manera de descarga entre buenos amigos, a la que también fueron invitados Roly Berrío, Kelvis Ochoa, Santiago Feliú y el guitarrista Nan Sam, la maravilla del encuentro se vio afectada por una alarma instalada en la Casa de la Poesía (también ubicada en Muralla 63), que comenzó a sonar al rato de haberse iniciado el concierto y continuó haciéndolo cada pocos minutos ante la incapacidad de los encargados de resolver el problema, con lo cual se dañó la grabación de la presentación y fue una molestia para artistas y público.

Al margen de lo anterior, la vivificante energía transmitida en Descarga de ida y vuelta sirvió para corroborar la idea de que la música es el más perfecto idioma existente para la aspiración de unir culturas de todas partes.

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